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Qué tienen en común Donald Trump y Elon Musk: guía de cómo no se deben hacer las cosas en Twitter

Donald Trump, presidente de Estados Unidos
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. REUTERS/Kevin Lamarque
Análisis Faldón
  • La inmediatez de Twitter ha democratizado la recepción de los mensajes. 
  • Sin embargo, políticos y empresarios tienen que cuidar lo que ponen en sus 280 caracteres para no dañar su reputación. 
  • Siempre están los casos como Donald Trump o Elon Musk que podrían rellenar un manual de qué cosas no se deben hacer. 

Twitter ha supuesto un cambio en la comunicación entre las personas con mayor poder y el ciudadano común. En épocas anteriores, todo tránsito de información pasaba por el filtro de los medios de comunicación; en cambio, ahora existe una democratización en la recepción del mensaje. Más allá de algoritmos, de cómo se posicione un tuit o de las visualizaciones que tenga, lo escrito es lo que llega a los seguidores que quieran leerlo, sin ninguna mediación.

Cuando alguien con poder habla tiene que medir muchas sus palabras, o esa idea tenemos en la cabeza, y al ver el uso de Twitter que hacen muchos políticos y empresarios puede quedar confirmado. Todos sabemos que en esta red social casi cada frase puede ser malinterpretada, pero si además se tienen miles o millones de seguidores, las posibilidades de que ocurra se multiplican.

Los políticos tienen el papel de representar a los ciudadanos cuando llegan al poder o, al menos, a sus votantes a través de las cuentas oficiales que manejan cuando están en la oposición. Se hace complicado pensar que un alcalde insulte a otro político a través de su cuenta oficial de Twitter, o que el presidente de un país utilice la red para sus discusiones personales. Sin embargo, como bien sabemos, todo esto ocurre.

En el caso de los empresarios se da una circunstancia distinta y en ocasiones más peligrosa para su bienestar económico. Es complicado no asociar sus opiniones personales con la empresa y un tuit fuera de lugar puede apartar a un buen número de clientes de su negocio. Aunque quizá sea más sensible medir hasta qué punto debe ejercer la autocensura una persona sin responsabilidades públicas.

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El Twitter del hombre más poderoso del mundo: Donald Trump

Donald Trump hace con Twitter todo lo que los manuales de buenas prácticas políticas prohíben. Usa su Twitter para lo primero que se le pasa por la cabeza y se podría formar un greatest hits con sus mejores momentos.

Cuando empezó su presidencia había periodistas que pensaban que Trump tuiteaba a primera hora de la mañana porque todavía no habían llegado sus asesores y nadie se lo impedía. Cierto o no, estos años han demostrado que es difícil coartar el ímpetu de Trump y que nada ha podido limitar sus comentarios a través de la red.

Quizá el mejor ejemplo de que sigue como siempre fue su tuit en referencia al desgraciado incidente de Notre Dame, cuando se le ocurrió compartir una solución irrealizable para apagar el incendio. Todo en su tono bronco habitual.

El Twitter de Trump se ha convertido en un arma política que ha usado para amenazar e intimidar a otros políticos. Sus opiniones sobre la trama rusa, comentarios sobre otros presidentes, amenazas, anuncios políticos oficiales... Todo ha tenido un espacio en su perfil. 

En ocasiones ha sido tomado como un medido transmisor de información. Sin embargo, las pruebas de que a veces no hay nadie al volante, o solo están los estados anímicos de Trump, ha quedado más que patente.

De entre los múltiples ejemplos que se pueden nombrar, la mejor manera para acabar es el ejemplo del tuit definitivo de Trump, el más ininteligible y en el que todavía muchos siguen pensando: covfefe.

covfefe

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El caso Elon Musk

Elon Musk

Otro caso muy particular en el uso de redes sociales es el de Elon Musk. Casi más conocido que la empresa que gestiona, Musk es todo un personaje, lo mismo aparece en la radio fumando marihuana como interpreta el papel de ingenioso estadista. Quizá es uno de los más claros ejemplos de empresario showman que se pueden encontrar a día de hoy.

En su Twitter siempre ha presumido de dar rienda suelta a sus pensamientos y anunciar novedades de la empresa u opiniones que no siempre han gustado a sus inversores. Tanto es así que en ocasiones se ha culpado a sus tuits de provocar caídas de Tesla en bolsa. La asociación de los comentarios de Musk al estado de Tesla parece inevitable.

En agosto de 2018 Musk tuvo la ocurrencia de anunciar en su Twitter personal que estaba considerando privatizar Tesla, lo que hizo removerse el mundo empresarial durante un par de días.

Pero cabe preguntarse si es desconocimiento del medio o simple uso excesivamente desenfadado de la red social. Al fin y al cabo, este CEO es el mismo que compartió un tuit con su teléfono personal que pudieron leer todos sus seguidores.

De todas formas, no todo han sido anécdotas económicas o detalles risibles. Recordemos el caso de los niños atrapados en una cueva en Tailandia y los intentos de Tesla por llevar un avance tecnológico que fue innecesario gracias a la rápida intervención de los buzos que se jugaron sus vidas. De algún modo, esto provocó un malentendido en el que Musk acabó por insinuar en su Twitter que el encargado de llevar el rescate era un pedófilo al añadir a un tuit de la discusión: "Lo siento chico ‘pedo’, realmente lo pediste”.

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Tantas han sido las polémicas que ha generado Musk en su Twitter que la empresa llegó a un acuerdo con él por el cual un abogado revisaría sus tuits antes de que fuesen publicados con el objetivo de evitar daños a Tesla. No ha durado ni un año el acuerdo y ahora Musk está en medio un enfrentamiento judicial en que una parte considera que Musk se ha saltado las condiciones y él cita el acuerdo como un acto inconstitucional.

De todas formas, las polémicas no han terminado. Hace unos días, Musk se burlaba del CEO de Amazon a través de su Twitter:

O tras la difusión de un vídeo porno rodado en un Tesla que funcionaba con Autopilot, no pudo evitar la broma y compartió el mensaje:

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No es un fenómeno puramente anglosajón

Entre los políticos latinoamericanos también han surgido multitud de polémicas en las redes sociales. Independientemente de la ideología que tengan, se puede dar un uso poco adecuado de la red social.

Quizá uno de los casos más sonados fue el de Bolsonaro el pasado marzo. El presidente de Brasil está llevando a cabo una guerra cultural contra el feminismo y el mundo homosexual y una de las ideas que se le ocurrieron fue la de mostrar un contenido polémico a través de su Twitter para denunciar la libertad sexual excesiva que él ve en su Carnaval de Río.

¿Qué contenido compartió? Adjuntó en un tono de denuncia el vídeo de una pareja homosexual realizando una lluvia dorada. Tras este vídeo, el 6 de marzo además puso otro con el texto “O que é golden shower?” que fue posteriormente borrado. Las consecuencias de este tuit fueron importantes, en su mismo partido causó desagrado la difusión de este tipo de imágenes, desde el Partido de los Trabajadores se puso en entredicho la salud mental del presidente y hubo una corriente de seguidores que lo apodó el pornógrafo.

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Más allá de un caso tan fragante, Twitter puede ser un caso de disputas políticas entre grandes personalidades de un país. En Ecuador su presidente, Lenin Moreno; y el expresidente, Rafael Correa, se han enzarzado en multitud de polémicas en los últimos tiempos. 

Rafael Correa acusó a través de su cuenta de Twitter a Moreno de estar espiando su teléfono móvil. 

A lo que Moreno respondió con un enigmático tuit:

Hasta la reciente detención de Julian Assange ha servido para que Correa critique al que en su día fue su delfín político. Calificó el acto de entrega del activista político en estos términos:

Panorama nacional

En nuestro país no solemos encontrar casos de la misma magnitud y, en general, las cuentas de Twitter suelen estar algo más controladas.

La cuenta de Pedro Sánchez es batería continua de burlas desde que dio el salto a la alta política y decidió no borrar sus mensajes antiguos. Muchos de ellos se han transformado en parte muy conocida del pasado del presidente. Como estos dos ejemplos.

Desde que está en la Moncloa ha medido mucho más sus comunicaciones vía Twitter y se ha restringido a mensajes oficiales.

El caso de Mariano Rajoy en el uso de la cuenta fue particular al permitir que se distinguiese cuando tuiteaba él o lo hacía su equipo: si acababa en MR el mensaje era suyo.

Pero no hay que pensar que esta es la tónica general de los políticos en Twitter. Es conocido el uso que hace Gabriel Rufián de la red en cualquier momento, lo mismo da que esté en el Palacio de Congresos o en su día libre. Conocido por su estilo provocador, ha sabido utilizar las redes sociales para difundir sus mensajes y crear memes. Aunque también para ganarse la enemistad de muchos ciudadanos que no comparten su mensaje y que se han dedicado a burlarse de él vía Twitter a la más mínima oportunidad.

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Otro caso muy particular es el de Rafael Hernando. El político ha sido conocido en algunas épocas por añadir una foto suya en todos los tuits que compartía. Lo mismo daba que fuese un tuit sobre una rueda de prensa suya que sobre un acto de cooperación que nada tuviese que ver con él, a todos los tuits añadía su fotografía. Llegó a publicar más de una veintena de tuits con sus fotografías en el mismo día. Brillante autopromoción o exceso ególatra, depende del prisma en el que se mire.

No merece la pena entrar en el juego político de las discusiones que se han visto en redes sociales entre representantes de todos los partidos, pero ha quedado claro que entre los políticos de los últimos años las cuentas de Twitter han cogido una gran importancia y muchos se han negado a ceder su control a los encargados de comunicación para ser ellos mismos quienes se han dedicado a gestionarlas.

A nivel empresarial, fue sonada la polémica creada alrededor del tuit escrito por el fundador de Idealista en el que arremetía contra los hábitos de consumo de algunas personas: 

Este comentario personal fue muy discutido por toda clase de personas, tuitstars e incluso algún político como Íñigo Errejón llegó a intervenir.

Pero la verdad es que es complicado encontrar casos de grandes empresarios nacionales que se hayan visto envueltos en polémicas a través de Twitter. Uno de los principales motivos es el bajo número de ellos que tienen cuenta en Twitter, solo un 14% de los CEO de compañías del Ibex 35 es activo en la red, y de ahí habría que descontar los que lo hacen directamente o tienen un equipo encargado de hacerlo, como puede ser el caso de Ana Botín.

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Cargos y administraciones públicas que te bloquean

Pero en muchas ocasiones los debates de los políticos no se cierran a su burbuja, sino que discuten con la población o responden a estos de distintos modos. 

No merece la pena centrarse en el tema de los enfrentamientos, pero sí en los bloqueos. Como la mayoría sabrán, un bloqueo significa que un usuario no puede ver tus tuits ni contestarlos.

La pregunta que nos puede surgir es si puede bloquearte un cargo público, como tu presidente o alcalde. La respuesta es que sí, aunque todo esto debería ser observado con las particularidades que conlleva.

Un suceso muy conocido fue el del político Alberto Garzón cuando denunció que había sido bloqueado por la cuenta de Ejército de Tierra español. El caso acabó con su desbloqueo tras confusas explicaciones sobre quién gestionaba la cuenta pública o los motivos por los que se le bloqueó. 

Pero lo cierto es que muchos ciudadanos han sido bloqueados no solo por políticos de primera fila, sino por ayuntamientos, policía o administraciones públicas.

Esto no está legislado, pero en algún momento deberá serlo al ser considerado Twitter una forma de difusión de comunicados públicos. Como en otros tantos casos sobre temas digitales, existe falta de legislación y la política con la que se administra cada cuenta de Twitter vence a unas particularidades propias. No existe una norma a seguir.

Y además