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Estas dos empresas pretenden limpiar la basura espacial que rodea a la Tierra con nuevas tecnologías capaces de reparar satélites en órbita

Satélite en órbita
Shutterstock
  • Las compañías aeroespaciales Northrop Grumman y Astroscale están desarrollando nuevas misiones espaciales que permitan el acoplamiento entre satélites en órbita.
  • El éxito de estas misiones permitiría reparar los satélites dañados que se encuentran activos en el espacio e incluso aumentar la operatividad de aquellos que sufren falta de combustible.
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Las compañías aeroespaciales Northrop Grumman y Astroscale quieren enviar el próximo año sus propias naves espaciales que prueben si es posible que dos satélites se encuentren en el espacio sin riesgo. El éxito de ambas misiones podría contribuir a la limpieza de la órbita terrestre en un futuro, entre otras cosas.

Estas dos empresas quieren cubrir un problema que se da al lanzar un satélite al espacio. Y es que una vez en órbita, no hay forma de llegar hasta él de nuevo. Esto quiere decir que si el sistema sufre algún daño no puede ser reparado. El satélite, por tanto, queda a la deriva.

Ya no es solo el hecho de que se aumente la contaminación espacial sino que supone un peligro para los satélites que orbitan cerca de este así como para las naves espaciales que se lanzan desde la Tierra.

Llevar a cabo esta idea es algo complicado y son muchos los factores que han de tenerse en cuenta. En primer lugar, las naves que se envían al espacio se mueven a rápidas velocidades que dificultan el acoplamiento de unas con otras. Y, en segundo lugar, los satélites que ya orbitan la Tierra no disponen de los apéndices necesarios para ese acoplamiento.

Es por ello que estas dos empresas están tratando de buscar una forma eficaz que permita a las naves espaciales agarrarse a un satélite en órbita.

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A primeros de este mes, Northrop Grumman ya ha puesto en marcha su misión lanzando la nave MEV 1 para comprobar las posibilidades de que la idea se convierta en una realidad recurrida por las grandes agencias espaciales.

La nave espacial MEV 1 tiene el objetivo de acoplarse a un satélite ya en órbita, concretamente al Intelsat 901, que está orbitando la Tierra a 32.000 kilómetros. El Intelsat 901 se encuentra en un momento crítico debido a la falta de combustible después de años de funcionamiento. Esto significa que pronto los operadores terrestres dejarán de poder controlarlo.

Para evitar esto, a principios del año que viene, la compañía tiene previsto que el MEV 1 se acerque al Intelsat 901 hasta ser capaz de permitir un acoplamiento seguro. Será cuando la nave encienda su motor y emprenda una nueva órbita junto al satélite artificial alargando así su vida operativa.

La nave MEV 1 estará conectada al Intelsat 901 durante 5 años. "Tiene poco combustible; no está vacío pero tiene poco combustible", ha dicho Joseph Anderson, vicepresidente de desarrollo comercial y operaciones de Space Logistics, una división de Northrop Grumman, a The Verge.

Una vez pasado el tiempo establecido, el MEV 1 guiará al satélite anticuado hasta la órbita cementerio, una región del espacio donde se depositan los satélites artificiales cuando dejan de ser operativos.

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Astroscale, por su parte, está realizando estudios para descubrir la forma de eliminar los satélites que quedan obsoletos en órbita, ya sea por fallos internos o por falta de combustible. Esta alternativa pretende reducir la basura espacial o, más bien, evitar el seguir produciéndola.

"La compañía tiene la misión de hacer que el espacio sea sostenible", ha dicho Chris Blackerby, director de operaciones y director de grupo de Astroscale a The Verge. "Estamos trabajando en servicios para el final de la vida útil de los satélites que se envían y para la retirada de escombros que ya están en órbita".

A diferencia de Northrop Grumman, esta compañía quiere utilizar un sistema de acoplamiento entre satélites mediante imanes. La misión, programada para mediados de 2020, consiste en el lanzamiento de dos naves espaciales equipadas por una pieza magnética cada uno.

Estas dos naves se separarán y acoplarán a modo de ensayo uniendo sus placas para demostrar si este sistema es viable o no. En una misión real, se transportaría el satélite en desuso hacia la Tierra para que se terminara desintegrando.

Sin embargo, para que este sistema funcionase en plenitud, los satélites en órbita deberían portar una placa magnética que permitiera el acoplamiento. Es por ello que la compañía está dialogando con los organismos reguladores correspondientes para que estas placas sean estándar en todos los satélites que se envíen en el futuro.

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