Las dosis sobrantes de la vacuna del coronavirus plantean un desafío añadido para los médicos: qué hacer para evitar tirarlas a la basura

Dosis de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus

REUTERS/Stephane Mahe

  • La vacuna de Pifzer debe ser administrada poco tiempo después de haber sido preparada o se echarán a perder. 
  • La necesidad de aprovechar cada dosis al máximo está haciendo que los profesionales sanitarios tengan que elegir a quien vacunan cuando se encuentran con dosis sobrantes. 
  • Los trabajadores piden un protocolo para evitar que las vacunas tengan que tirarse y que su administración sea discrecional. 
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La logística que requiere la vacuna contra el coronavirus de Pfizer y BioNTech —la primera en lograr la autorización de comercialización— ha sido un quebradero de cabeza desde el principio. 

Al igual que la de Moderna, la vacuna ha sido desarrollada con la pionera plataforma de ARN mensajero y necesita ser almacenada a -80 °C y solo puede permanecer descongelada en una nevera durante 5 días. La de Moderna aguanta algo mejor, a temperaturas de -20 °C. 

Sin embargo, tiene un problema añadido que está suponiendo un desafío para los encargados de la campaña de vacunación. Las vacunas vienen en viales multidosis, lo que quiere decir que de un solo vial el equipo profesional puede sacar hasta 6 dosis en la primera y 10 en la segunda. 

Esto implica que, a veces, los profesionales se encuentran con dosis sobrantes y nadie a quien vacunar. Esto es un problema en el caso de la vacuna de Pfizer porque no se pueden devolver a la nevera y si no son utilizadas en un breve periodo de tiempo después ya no pueden administrarse y deben tirarse a la basura. 

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Aunque no hay un protocolo que establezca a quién deben ir las dosis en caso de que sobren, la consigna es que hay que aprovecharlas al máximo y evitar tirarlas sin haberlas inyectado. 

En principio, los equipos de vacunación están optando por inmunizar con las dosis que sobran en el día a más profesionales sanitarios, según informa eldiario.es. 

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En el caso de Cantabria, parece que la comunidad cuenta con una lista de personas a las que contactar para ofrecer la vacuna en caso de contar con excedente. 

Sin embargo, se han producido situaciones que han levantado indignación, como el caso en Asturias en el que los profesionales sanitarios que vacunaban en una residencia acabaron poniendo una vacuna a los padres de una de las trabajadoras. 

Los profesionales piden un protocolo claro que establezca qué se debe hacer con las dosis para evitar que se desperdicien, pero también que se administren de forma discrecional. 

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