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Educar en programación: así se enseña tecnología digital en los colegios españoles

Niños estudiando programación
GettyImages

Está claro que el futuro pasa, sí o sí, por la economía digital y que en ese nuevo escenario serán los profesionales más habilidosos a la hora de entender y utilizar la tecnología los que triunfarán.

Si lo aterrizamos en el mercado laboral, contemplamos cómo la Unión Europea demanda casi un millón de perfiles digitales más de los que actualmente salen de las universidades porque no existe la cualificación necesaria para cubrir la exigencia de un mercado en plena ebullición. Y, mientras todo eso sucede, España sigue atesorando una de las tasas de paro juvenil más altas del Viejo Continente.

La razón de semejante dicotomía radica en la mala alfabetización digital de los jóvenes en nuestro país. No vale sólo con que tengamos una de las tasas de penetración de smartphones más alta de toda Europa (9 de cada 10 jóvenes de 16 años tiene un teléfono inteligente) si este interés por la tecnología no se extiende a capacidades más ligadas a profesiones o trabajos específicos. Así lo asegura la OCDE en uno de sus últimos informes (“Estudiantes, Ordenadores y Aprendizaje: Conectando”), según el cual los jóvenes españoles de menos de 29 años están por debajo de la media en habilidades informáticas e incluso un 12,6% es incapaz de determinar qué sitios de Internet puede consultar para informarse.

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Otro documento, “El nuevo paradigma de la educación digital” editado por Telefónica, coincide en esa línea e, incluso, va más allá al asegurar que el modelo educativo actual es el culpable de que los jóvenes no estén aptos para afrontar los desafíos y posiciones laborales que demanda la economía digital. Según el informe, el sistema educativo está "desfasado" y requiere de una "importante transformación".

Es en estas lides donde hemos de jugar la partida y donde nuestro país empieza a contar con algunas iniciativas destinadas a cubrir este 'gap' formativo. El problema, como suele suceder en cuanto tocamos políticas públicas en España, es que esta avanzadilla se está haciendo no sólo a destiempo, sino también de forma desigual, heterogénea y con velocidades que no siempre alcanzan la de crucero.

La visión 'transversal'

Nuestro país, tanto con la LOE como con la LOMCE, ha asumido que las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) no requieren de un enfoque específico y dedicado, sino que el alumnado ha de alcanzar las distintas competencias digitales a través del uso de las TIC desde otras materias, es decir, a través del tratamiento transversal de estas habilidades.

Esta premisa quizás sea válida cuando nos referimos a conocimientos básicos como utilizar un PC o encender un móvil, pero resulta difícil de entender cuando lo que se está demandando es formación en programación, robótica o contenidos digitales. 

Niños y portátil de Apple
Pixabay

¿Se va a enseñar programación en clase de Lengua y Literatura? ¿Se va a enseñar a montar un dron y sus distintos componentes en un aula de Historia? El uso de materiales didácticos de base digital -como pizarras electrónicas, ordenadores portátiles, campus virtuales o experiencias de realidad virtual- no son sino apoyos al estudiante en otras materias, en las que el niño no es más que sujeto pasivo de la tecnología.

Por el contrario, no se garantiza ninguna apuesta que ponga al estudiante en una posición proactiva de cara a la tecnología, usándola y experimentando con ella de manera natural. Como ejemplos escasos de esta aplicación real nos encontramos con el caso navarro, donde sus alumnos de Primaria incorporan algunos conceptos básicos de programación como parte del programa formativo de Matemáticas.

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Así lo han denunciado incluso algunos partidos políticos, como Unidos Podemos, que en su programa electoral critica duramente esta estrategia seguida en las leyes y programas educativos del PSOE y PP. Máxime cuando ni siquiera se cumple esa premisa de tratar las TIC de forma generalizada a lo largo del camino educativo. "La realidad nos muestra que los temas transversales una vez se realizan las programaciones didácticas y comienza la acción educativa centrada en la materia pasan a un segundo plano y son escasamente abordados.

Según el informe TALIS (2009) y la 'Encuesta europea a centros escolares sobre TIC en educación' (2013), en España es muy baja la proporción de alumnos y alumnas que tienen profesores que con frecuencia crean recursos digitales y participan en la página web del centro o en entornos virtuales de aprendizaje y medios sociales de colaboración profesional", afirma la formación morada.

La asignatura de 'Tecnología'

A escala nacional, la única asignatura existente que incluye de forma explícita la informática o las TIC de manera obligatoria en su currículo es la heterogénea materia de 'Tecnología'. Impartida en varios cursos de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), su profundidad en las habilidades exigidas por el mercado digital deja bastante que desear.

De hecho, esta visión se ha enfrentado a la cruda realidad de no conseguir elevar el nivel de habilidades digitales de los más pequeños, sino que también ha recibido la oposición de los profesionales del sector.

Por ejemplo, la Asociación Andaluza de Profesores de Informática (AAPRI) ha criticado esta ocurrencia que entienden que los docentes de esta heterogénea materia no están capacitados para enseñar los conocimientos que se les suponen. "Lo único que garantiza los conocimientos necesarios para impartir cualquiera las áreas adscritas a las distintas especialidades, es aprobar las correspondientes oposiciones, con su temario específico.

En el caso de Tecnología, el temario incluye un único tema sobre ordenadores, mientras que el de la especialidad de Informática está formado en su totalidad por 74 temas de informática", denuncia la organización.

Un simple vistazo al temario real de esta asignatura nos devuelve a la triste realidad. Como puede comprobarse en este enlace, sobre los contenidos de Tecnología de 2º de la ESO, existen seis bloques principales de enseñanza bajo este paraguas: dibujo (con escuadra y cartabón), madera (incluyendo cómo unir distintas piezas entre sí), metales, estructuras (tipos de vigas), electricidad (donde se enseña a hacer circuitos en serie y en paralelo) e informática. Solo en este último apartado encontraríamos alguna referencia a lo que nos ocupa en este artículo, pero el contenido también deja mucho que desear: "Componentes básicos del ordenador. tarjetas, periféricos, el microprocesador...". Ni una sola referencia a programación, desarrollo de código, web o contenidos digitales.

La optativa de 'TIC'

Con el objetivo de suplir esta carencia manifiesta y de paliar el fracaso de los dos modelos empleados hasta ahora (transversal e integración en la asignatura de 'Tecnología'), desde 2014 se oferta a escala nacional una asignatura optativa en cuarto de la ESO que recibe el nombre de 'Tecnologías de la Información y las Comunicaciones' (TIC).

Por lo pronto, no deja de ser reseñable su carácter optativo y el nivel de importancia al que se somete esta asignatura si la comparamos con las alternativas de que disponen los alumnos para evitar pasar por este camino: Artes Escénicas y Danza, Cultura Científica, Cultura Clásica, Educación Plástica, Visual y Audiovisual, Filosofía, Música, Segunda Lengua Extranjera y Religión o Valores Éticos.

Dicho de otro modo, se obliga al alumno a escoger entre estudiar un segundo idioma, aprobar fácil con alguna de las conocidas como 'Marías' (asignaturas de baja carga académica, como Plástica o Música) u optar por el camino teóricamente más complicado de la ciencia y la tecnología digital. 

Todavía peor: muchos estudiantes ni siquiera reciben la opción de cursar esta asignatura. Como denuncia Unidos Podemos y varios colectivos de padres y madres de alumnos, "muchos no cursan esta asignatura por falta de plazas o por abandono de la secundaria antes del cuarto curso de la ESO. A ello hemos de añadir la falta de garantías de que esta materia sea impartida por un profesor experto". También se suceden en la Red lo casos de padres que denuncian que los colegios e institutos de sus hijos directamente no dan la posibilidad de apuntarse a esta asignatura, al carecer de profesores suficientes para impartirla, con lo que reorientan a los que así lo desean a otras materias para evitar cubrir el mínimo de alumnos necesarios para dotarse de un nuevo profesor.

El modelo madrileño

Universitarios en la biblioteca
Pixabay

Desde todos estos colectivos críticos con el modelo educativo actual en materia digital lo que se demanda es "establecer una materia troncal sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación en cuarto de la ESO y primero de Bachillerato" e incluso "ofertar una optativa específica en cada curso de Secundaria". Algo que parece, hoy por hoy, muy alejado de la convulsa agenda política.

Lo más parecido a eso que podemos encontrar en el horizont e patrio es el modelo madrileño, en donde -desde la época de Ignacio González al frente de la Comunidad- se imparte una asignatura obligatoria que versa sobre 'Tecnología, Programación y Robótica' en todos los cursos de la ESO (comenzó su implantación en 1º y 3º  de Secundaria pero se está extendiendo a los dos restantes cursos).

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En esta materia se trabaja desde el desarrollo de software y el aprendizaje de algunos lenguajes de programación sencillos (apoyados en herramientas como Scratch) hasta el diseño y puesta en funcionamiento de robots (empleando Arduino como base en la mayoría de los casos), pasando por impresión 3D y principios de diseño web o de aplicaciones. 

Pese al éxito de la iniciativa en la Comunidad de Madrid (donde cuenta con el apoyo del sector privado, en especial de empresas como BQ), ninguna otra CCAA ha decidido seguir los pasos para incluir esta asignatura en su currículo educativo obligatorio. Eso incluso a pesar de que, en otros países, materias como ésta son la norma: en Estonia, existen programas específicos para enseñar a todos los niños entre siete y diecinueve años a escribir código.

En Reino Unido, por señalar otro caso internacional, se enseñan fundamentos de programación desde los cinco años.

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