El impacto menos visible de la pandemia: un “problema real” que es improbable que desaparezca pronto, según alertan los médicos

Brote del coronavirus en Pekín

REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

La tos, el dolor de cabeza y de garganta, la fiebre, escalofríos, la fatiga y dificultad para respirar, las hospitalizaciones y los fallecimientos son solo la parte más visible y directa del impacto que ha provocado el coronavirus en el ser humano.

La pandemia, que también ha golpeado con fuerza a la economía, ha dejado múltiples efectos indirectos en la salud: muchos se han ido observando en los últimos meses, pero otros podrían no ser detectados hasta dentro de unos años, prevén los expertos.

Por un lado, el estilo de vida sedentario causado por las restricciones ha provocado desplomes por agotamiento (grave carencia de vitamina D); por el otro, la eliminación de esas restricciones, como el fin de las mascarillas, podría dar lugar al síndrome de la cara vacía o a estrés, según estudios.

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A eso se le suman los estragos en la salud mental que han sufrido niños y adolescentes —incluso riesgo de violencia o suicidio en quienes han perdido a un progenitor—, así como la depresión y ansiedad que afectó a miles de profesionales sanitarios en España.

Así, en los últimos meses, expertos médicos de distintas especialidades han observado un aumento de los problemas de salud que no vienen por una infección por coronavirus, pero que están provocados por la pandemia, como estrés, retrasos en los tratamientos, trastornos del estado de ánimo, abuso de sustancias y formas más avanzadas de cáncer, diabetes y otras enfermedades crónicas por la paralización de exámenes, informa CNBC.

"Estamos viendo esto en un amplio espectro de edad. Estamos viendo adolescentes y niños impactados, y estamos viendo muchos adultos y adultos mayores impactados, también. Creo que es un problema real, y no es probable que desaparezca pronto", indica al medio la doctora Erica Johnson, presidenta de la junta de la especialidad de enfermedades infecciosas de la Junta Americana de Medicina Interna.

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Asimismo, figuran problemas de movilidad a largo plazo o permanentes, como el hundimiento del arco del pie y formas graves de tendinitis de Aquiles, ante las nuevas rutinas asumidas por factores como el confinamiento o el teletrabajo, o las consecuencias en la piel por el uso de la mascarilla o la constante desinfección de las manos.

"La gravedad [de las enfermedades cuando los pacientes acuden a la consulta] y la frecuencia están subiendo, lo que me hace pensar que se trata de personas que probablemente se están haciendo más daño por causas indirectas de la pandemia", aporta el Dr. Sean Peden, profesor adjunto de cirugía ortopédica en la Facultad de Medicina de Yale (EEUU), recoge CNBC Make It

A eso se suma lo que está por venir. "Si, de hecho, el covid provoca un aumento de la mortalidad por cáncer —y creo que probablemente lo hará— no es algo que podamos detectar estadísticamente hasta dentro de uno o 2 años", estima el Dr. Eric Winer, director del Centro Oncológico de Yale.

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No es un problema detectado en EEUU, sino también en España y en todo el mundo. Según una reciente estimación de la OMS, el COVID-19 ha provocado la muerte de 14,9 millones de personas a nivel global o, lo que es lo mismo, en torno a uno de cada 500 habitantes del planeta.

Esta cifra de fallecimientos por el coronavirus incluye tanto las consecuencias directas (por la enfermedad) como las indirectas (por su impacto en los sistemas sanitarios y la sociedad, como otras condiciones de salud que no pudieron prevenirse o tratarse ante la sobrecarga sanitaria), apunta la organización.

Ante esto, los expertos sugieren que, al igual que tocará aprender a convivir con el coronavirus, que probablemente no será erradicado, habrá que adaptarse a vivir con los efectos secundarios o no virales de la pandemia.

Esto puede incluir retomar las rutinas y crear nuevos hábitos (por ejemplo, realizar 5-10 minutos de estiramientos diarios), volver a realizar visitas periódicas a los diferentes especialistas médicos, considerar la evaluación de la salud mental de forma semirregular y prestar atención a las señales que emiten el cuerpo y la cabeza, recomiendan.

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