Una enfermera voluntaria en el ensayo de la vacuna de Pfizer reconoce que los efectos secundarios fueron horribles, pero asegura que mereció la pena participar

Vincent Kalut / Photonews via Getty Images

  • Kristen Choi, una enfermera que participó en los ensayos de la vacuna de Pfizer y BioNTech contra el COVID-19, informó de fiebres alta, náuseas y fatiga después de la segunda dosis, pero que mereció la pena a pesar de los efectos secundarios.
  • Los sistemas sanitarios y los gobiernos deberían apoyar a la gente a lo largo del proceso de vacunación, defienden los expertos.
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Un par de horas después de recibir la segunda dosis de la vacuna de Pfizer y BioNTech contra el coronavirus en septiembre, Kristen Choi tuvo frío, náuseas y mareos

Choi no había experimentado ningún efecto secundario más allá de dolor en el brazo en el que recibió la primera inyección el mes anterior. Como enfermera e investigadora, sabía que su reacción a la segunda dosis se debía a que esta había activado su sistema inmunológico y estaba haciendo su trabajo.

Pero cuando la fiebre siguió subiendo durante la noche hasta alcanzar los 40,5 grados la mañana siguiente, empezó a asustarse, según escribió en JAMA Perspective.

"Después de meses de observarnos constantemente la fiebre como un signo de COVID-19, creo que estaba un poco alarmada al tener la temperatura tan alta", explica Choi a Insider. "Una vez mejoré y pensé en ello, unos minutos más tarde, se me ocurrió que puede ser algo que pase con frecuencia con las vacunas".

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Choi no está segura de haber recibido la vacuna de COVID-19 y no el placebo, pero escribe que basándose en su reacción, tuvo un "fuerte presentimiento" de que le inyectaron la primera.

Llamó a la oficina de investigación en cuanto abrió y la enfermera que contestó le dijo que sus reacciones después de la segunda inyección eran muy comunes. La fiebre de Choi bajó después de tomar Tylenol y beber mucha agua y todos los efectos secundarios desaparecieron la mañana siguiente.

Incluso después de vivir lo que podría ser el peor escenario de reacción a la vacuna contra el COVID-19, Choi incide en que merece la pena por la posibilidad de desarrollar inmunidad contra el coronavirus.

"Creo absolutamente que todo el mundo debería vacunarse", defiende Choi. "Lo que he vivido no fue muy placentero, pero es efímero. No fue una emergencia, desapareció en solo un día y si tuviera que haberlo hecho de nuevo, lo haría sin dudar".

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A pesar de que Choi pensó que podría haberse contagiado del COVID-19 cuando empezó a tener fiebre, sabía que no era posible que eso hubiese pasado debido a la vacuna

Las vacunas contra el COVID-19 contienen pequeñas cantidades de material genético, no el coronavirus en sí. Esa es suficiente información para mostrar al sistema inmunológico cómo responder al virus pero no como para contagiarse de este.

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"Nuestros cuerpos tienen que activar los sistemas inmunológicos para aprender cómo luchar contra el virus, que es el objetivo por el que nos vacunamos", cuenta Choi. "Una parte de esa activación puede hacer que se tenga fiebre, náuseas o mareos, que es lo que me pasó a mí".

En los ensayos de la vacuna de Pfizer, la mayor parte de los voluntarios experimentaron efectos secundarios. Los más comunes fueron dolor en el lugar de la infección (84%), fatiga (63%) y dolor de cabeza (55%).

La fiebre es menos común y solo un 14% de los voluntarios informaron de temperaturas más altas de lo normal. Afortunadamente, no se suelen tener todos los efectos secundarios a la vez, según Choi.

Aun así, tener incluso uno de estos puede asustar al paciente si no sabe qué esperar. Choi recomienda que los sistemas de salud sean honestos y preparen a la gente para las reacciones que pudiesen tener cuando se vacunen.

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Historias como la de Choi podrían provocar que alguna gente no se pusiese la vacuna contra el COVID-19, especialmente en el actual contexto de desconfianza con los gobiernos y la ciencia, explica Bernice Hausman, autor de Antivacunas: Replanteando la controversia de la vacunación.

"No es solo un problema de la interpretación de la gente", cuenta Hausman, el profesor que dirige el departamento de humanidades del Colegio de Medicina de Penn State, a Insider. "Es cuestión de reparar la falta de confianza en los gobiernos, en compañías farmacéuticas y en el sistema de salud público".

Lo más importante que estos últimos pueden hacer es contar a la gente que van a cuidar de ella, dice Hausman. Esto podría ser en forma de apoyo económico para aquellos que falten al trabajo si se encuentran mal, y Choi sugiere abrir líneas de teléfono para atender a la gente preocupada por los efectos secundarios.

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El hecho de que la vacuna pueda distribuirse lentamente, con los sanitarios accediendo a ella antes, también podría ayudar a mejorar la confianza de la población. Los gobiernos federales y locales tienen tiempo así de crear la infraestructura necesaria para ayudar a la gente en el proceso, insiste Hausman, y los profesionales médicos pueden compartir su propia confianza en la vacuna.

"Creo que podemos tardar en ver a los pacientes decir: 'Me he vacunado. Es algo en lo que confío para mí y mi familia y creo que deberías vacunarte tú también", incide Choi. "No tienes que tener miedo por los efectos secundarios. Son una señal de que la vacuna está funcionando y de que tu cuerpo está preparado para luchar contra el virus".

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