Las verdaderas razones por las que Elon Musk arremete contra el teletrabajo y advierte sobre el riesgo de recesión

Elon Musk ha despotricado sobre muchos temas: la recesión, el teletrabajo, el mercado laboral, los bots de Twitter, Joe Biden, Youtube, etc. Pero sus ataques encubren sus verdaderos problemas en Tesla.
Elon Musk ha despotricado sobre muchos temas: la recesión, el teletrabajo, el mercado laboral, los bots de Twitter, Joe Biden, Youtube, etc. Pero sus ataques encubren sus verdaderos problemas en Tesla.

Peter Parks/Getty Images; Jenny Chang-Rodriguez/Insider

No te dejes engañar por las polémicas declaraciones de Elon Musk. Su agresiva postura contra el teletrabajo, sus proclamas de que la economía estadounidense está en recesión o el drama de si quiere o no quiere adquirir Twitter, no son más que una estrategia de despiste.

Cuando Elon toma estas posturas, aparentemente tan ansiosas, es porque algo va mal en Tesla. 

Ya lo hizo en 2018, revolucionando Twitter cuando la empresa estaba al borde de la quiebra. Y, casi seguro, es lo mismo que está haciendo ahora, hablando sin parar sobre los bots de la red social mientras su competencia crece y el mercado de China (donde Tesla obtiene la mayor parte de sus beneficios) se desmorona. Si hay algo que verdaderamente preocupa ahora mismo al CEO, es que peligra su riqueza personal.

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Los persistentes problemas de Tesla vienen ya de largo. Ha incumplido sistemáticamente los plazos de producciones y entregas y ha sobrevalorado las capacidades de sus productos. De sus casi 2 décadas de existencia, solo ha sido rentable 2 años. Y hasta el propio Musk ha tenido que admitir que le ha tocado "apostar por la empresa" un par de veces. 

Una de esas veces fue a principios de 2018, cuando el magnate despilfarró miles de millones intentando automatizar la fábrica de Tesla de Fremont para producir coches sin apenas participación humana, algo que el mundo del automóvil le advirtió que no funcionaría. Y no lo hizo

Así que en la primavera de 2018, Tesla acabó teniendo que iniciar una oleada de contrataciones para recuperar el tiempo perdido, y algunos de esos nuevos empleados se encontraron construyendo coches a mano fuera de la fábrica de Fremont en una línea de montaje improvisada bajo una carpa. Desgraciadamente, toda esa prisa condujo a una repentina quiebra, y en junio la empresa intentó deshacerse discretamente del 9% de su plantilla.

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Mathias Döpfner habla con Elon Musk en la fábrica de Tesla en Fremont, California.

Durante ese tiempo, Musk mostró todo tipo de comportamientos fuera de lugar. Insultó a un analista de Wall Street en un evento de Tesla con los inversores, diciendo que hacía "preguntas estúpidas". Se ensañó en Twitter con varios periodistas (incluida yo) y con los inversores bajistas. Y, además de todo esto, desveló su proyecto del primer túnel de la Boring Company, destinado a que los propietarios de un Tesla evitaran el tráfico, permitiéndoles conducir bajo tierra. No fue más que otra de sus distracciones.

Todo esto viene a decir que cuando su compañía pasa por un mal momento, hay una prueba de ello, y esa prueba es un Elon Musk impulsivo y sombrío. 

Los problemas habituales de Tesla

¿Volvemos a estar en uno de los tiempos difíciles de Tesla? Tal vez. El comportamiento fuera de lugar de su CEO está claramente ahí. De hecho, Reuters tuvo acceso a un correo electrónico enviado a los ejecutivos de la compañía por parte de Musk, pidiendo una pausa en todas las contrataciones y hablando de la necesidad de reducir la plantilla en un 10%. Más tarde se retractó de esos comentarios en Twitter (¿dónde si no?), diciendo que el número total de empleados de Tesla aumentaría en los próximos 12 meses, aunque los puestos asalariados se mantendrían sin cambios.

Este año está siendo terrible para la empresa. En general, el mercado se ha vuelto en contra de las tecnológicas de rápido crecimiento, lo que ha hecho que las acciones de Tesla (un ejemplo de los últimos 15 años de exuberancia de Silicon Valley) hayan bajado un 40% desde el comienzo de 2022. La extraña cruzada de Musk para adquirir Twitter tampoco ha ayudado, ya que los inversores de Tesla se han dado cuenta de que el dinero y la atención de Musk se están desviando a otra parte. 

El precio de las acciones de la compañía de vehículos eléctricos también refleja el hecho de que ahora tiene una competencia real en el mercado estadounidense. La lista de reservas del F-150 Lightning de Ford dura ya 3 años. Las entregas acaban de empezar y van según lo previsto. 

En Europa, Tesla ha ido perdiendo cuota de mercado frente a los vehículos eléctricos de Renault, Hyundai y Volkswagen. Sus coches parecen estar quedándose anticuados y, dada la propensión de la empresa a incumplir los plazos de producción, no se sabe cuándo estará disponible el Cybertruck, cuya previsión era para el año pasado. Mientras tanto, el presidente Biden parece querer ayudar a los fabricantes de vehículos eléctricos, pero sólo a los que dirigen talleres sindicalizados (es decir, a Tesla no).

La realidad es que la rentabilidad de la empresa sigue generando ciertas reservas, según Vicki Bryan, fundadora de la empresa de investigación Bond Angle. Según su lectura de los archivos financieros de Tesla, su negocio en Estados Unidos se encuentra en una situación muy complicada. Sin la ayuda de los créditos para vehículos eléctricos, y sin los ingresos de sus operaciones en China, Bryan calcula que sus actividades en EEUU habrían perdido 2.400 millones de dólares el año pasado. Sobre el papel, su posición de tesorería también se ve favorecida por los 2.100 millones de dólares que se añaden a sus beneficios por pagar a sus empleados (especialmente a Musk) en acciones.

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Ilustración que muestra a Elon Musk en un Tesla con el color de la bandera de China.

La compensación basada en acciones es un truco ingenioso que permite a las empresas añadir las acciones de sus empleados a su balance en lugar de tener que pagar a esos empleados en efectivo, lo que se contabilizaría como un gasto. Esto hace que las cuentas parezcan más saneadas, siempre que sus acciones suban. Si estas bajan, la historia es diferente. Adivina cuál de las 2 es la situación de Tesla. 

La compañía también se enfrenta al declive de su lucrativo negocio de créditos fiscales. Diversas entidades gubernamentales exigen a los fabricantes de automóviles que alcancen un nivel de producción de vehículos eléctricos. Si una empresa supera ese nivel de referencia, el gobierno le concede créditos por el "exceso" de vehículos eléctricos que haya producido; estos créditos pueden venderse a otros fabricantes que no hayan alcanzado el objetivo reglamentario. Dado que Tesla solo fabrica coches eléctricos, ha ganado mucho dinero a lo largo de los años vendiendo estos créditos a otros fabricantes

Pero a medida que el mercado de los vehículos eléctricos siga creciendo, estos ingresos disminuirán mientras las empresas superen los puntos de referencia y vaya dejando de necesitar los créditos de Tesla. 

Los problemas existenciales de Tesla

Si ha sido un mal año para Tesla, peor lo ha sido para China. La política de cero COVID ha obligado a cerrar 31 ciudades esta primavera y ha asolado la economía de una forma que Musk no podía prever. El mes pasado, el primer ministro chino, Li Keqiang, la segunda persona más poderosa del Partido Comunista, advirtió a los miembros del partido que no hay forma de que el país cumpla su objetivo de crecimiento del 5,5% del PIB para el año, y que es posible que no experimente ningún crecimiento en el segundo trimestre. 

Si hay algo que debería preocupar a Musk es una recesión en China. El país ya se estaba desacelerando por la burbuja inmobiliaria y a los intentos del presidente Xi Jinping de remodelar la economía. Pero ahora tiene que lidiar con una tasa de desempleo del 18,2% entre los ciudadanos de entre 16 y 24 años y una creciente crisis de desempleo entre los inmigrantes, todo ello mientras mantiene su estrategia de cero COVID.

Todo esto ha sido terrible para Tesla. La fábrica de Musk en Shanghái se vio obligada a cerrar en marzo, luego se reabrió, se volvió a cerrar, y después se abrió con limitaciones. Finalmente, volvió a la producción total el 26 de mayo, tras haber perdido la producción de 50.000 coches mientras estaba parada en el montaje. En abril, Tesla vendió únicamente 1.512 coches fabricados en China, un 98% menos que el mes anterior. Esto es malo, pero el único problema no es la oferta. También lo hay con la demanda.

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Pekín está haciendo todo lo posible para estimular el gasto en la economía china, incluso dando una exención de impuestos a las personas que compran vehículos eléctricos con un precio inferior a 45.000 dólares (unos 42.500 euros). La cuestión es que el vehículo más popular de Tesla, el SUV Model Y, cuesta casi 50.000 dólares en China (unos 47.000 euros). Su modelo 3 Sedan está disponible por 39.700 euros, pero sus ventas en el mercado chino han caído en masa. Mientras tanto, los fabricantes chinos de vehículos eléctricos con coches mucho más baratos —como BYD, por ejemplo— tienen previsión de que sus ventas se disparen.

"Creo que China ha estado cubriendo los problemas persistentes de las operaciones de Musk en Estados Unidos", explica Bryan, "y está perdiendo el amparo de China".

Volviendo a Elon Musk, es curioso que nunca se queje de las políticas chinas sobre el COVID, y, sin embargo, sí lo hiciese cuando se ordenó cerrar sus fábricas de California y Nevada. Esto se debe a que es plenamente consciente de las condiciones de su presencia en Shanghái. El Partido Comunista Chino es el propietario de los terrenos en los que se encuentra su fábrica, y el partido ha dejado muy claro que recuperará esos terrenos y todo lo que hay en ellos si Musk mueve ficha. A principios de 2021, los medios de comunicación controlados por el Gobierno criticaron a Tesla por los problemas de calidad de sus coches. Las ventas se desplomaron casi inmediatamente, y la empresa se vio obligada a pedir perdón.

Has leído bien, Tesla emitió una disculpa.

Todo esto quiere decir que si la compañía tiene problema en China, no nos enteraremos por boca de Musk. Lo veremos en su comportamiento. Veremos declaraciones polémicas sobre la economía, negativas petulantes a cumplir los contratos y ataques a sus enemigos (en este caso, el consejo de administración de Twitter): así son las crisis de Musk. 

Y la razón es solo una: Tesla, su máquina de hacer dinero, está en peligro.

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