El cambio climático es una 'caja de Pandora' para los patógenos: puede agravar el 58% de las enfermedades infecciosas

Inundaciones en Camboya.
Inundaciones en Camboya.

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  • Una nueva revisión advierte de que existen más de 1.000 formas diferentes en las que el cambio climático puede provocar brotes de enfermedades infecciosas en humanos.
  • Al analizar la literatura científica sobre 375 patógenos, se encontró que el 58% se agravaron por los peligros climáticos en algún momento de la historia. 
  • El equipo encontró 3.213 ejemplos empíricos en la historia humana en los que los peligros climáticos estuvieron implicados en brotes de enfermedades infecciosas.
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Más de la mitad de las enfermedades infecciosas que existen y que afectan al ser humano podrían agravarse por efecto del cambio climático, tal y como ha averiguado una reciente revisión publicada en Nature Climate Change y realizada por investigadores de la Universidad de Hawái en Manoa y la Universidad de Wisconsin-Madison en los EE. UU. 

Para llegar a esta conclusión se analizaron miles de artículos científicos en Google Scholar, donde encontraron 3.213 ejemplos empíricos en la historia humana en los que los peligros climáticos estuvieron implicados en brotes de enfermedades infecciosas como zika, malaria, dengue, influenza o ébola, entre muchas otras.

Al analizar la literatura sobre 375 patógenos humanos, se encontró que el 58% de estas enfermedades podrían agravarse por los peligros climáticos, un total de 277. Los autores también identificaron 1006 formas en que los peligros climáticos pueden provocar un brote de enfermedad.

El calentamiento global hace más sencilla la transmisión: las inundaciones, las sequías, los incendios forestales y las olas de calor propician que una amplia variedad de organismos pueda entrar en contacto con los seres humanos. Los animales salvajes buscan nuevos refugios ante los desastres, mientras que las tormentas e inundaciones pueden exacerbar la transmisión de patógenos como el cólera.

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Por su parte, las temperaturas más cálidas y las precipitaciones pueden ampliar el rango de un patógeno, lo que aumenta los riesgos de enfermedades transmitidas por insectos como la enfermedad de Lyme, el dengue o la malaria. Las olas de calor incrementan el contacto con el agua, y se han vinculado con una mayor incidencia de infecciones como la gastroenteritis.

En el océano, cada vez más ácido y caliente, son más comunes la proliferación de algas nocivas y la transmisión de enfermedades. Además, a medida que el permafrost se derrite, más probable resulta que se liberen antiguos microbios atrapados en el hielo durante decenas o incluso cientos de miles de años

Además, un planeta más cálido acelerará el ciclo de vida de las enfermedades infecciosas. Los veranos más largos que se expanden más allá de sus límites habituales elevan, por tanto, el riesgo de infección. 

No es ningún secreto que el cambio climático ya está enfermando a la humanidad: sequías, tormentas y olas de calor agravan la temporada de alergias, las enfermedades cutáneas, las hambrunas causadas por el desabastecimiento de alimentos, la deshidratación, los golpes de calor o las complicaciones del embarazo. 

La lista es más amplia: el cambio climático también está robando horas de sueño, causando ecoansiedad y afectando de forma negativa a la fertilidad, el estado anímico, el aparato respiratorio o el sistema renal. 

En el caso de los patógenos, las inundaciones pueden propagar la hepatitis; el aumento de las temperaturas puede prolongar la vida de los mosquitos que transmiten la malaria, y las sequías pueden traer roedores infectados con hantavirus a las comunidades mientras buscan comida. Son solo algunos ejemplos de los peligros que acechan. 

El mayor número de enfermedades agravadas por el cambio climático se produjo por transmisión vectorial

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Según concluye el estudio, la mayor cantidad de infecciones agravadas por el cambio climático se produjo por transmisión vectorial, como las que contagian mosquitos, murciélagos o roedores. En cuanto al tipo de amenaza climática, la mayoría estaba asociada con el calentamiento atmosférico (160 enfermedades), fuertes precipitaciones (122) e inundaciones (121).

Si el planeta sigue viendo alteradas sus temperaturas al alza o los patrones de precipitación, cambiará la distribución geográfica de los mosquitos, un fenómeno relacionado con brotes de dengue y malaria. 

Las olas de calor inauditas provocan que la gente pase más tiempo en el agua: en 2014, las infecciones asociadas con Vibrio aumentaron sustancialmente en Suecia y Finlandia tras una ola de calor en el norte de Escandinavia en 2014.

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Además, el agua estancada tras fuertes precipitaciones y las inundaciones puede ser un caldo de cultivo para los mosquitos, incrementando la transmisión de fiebre amarilla, el dengue, la malaria, la fiebre del Nilo Occidental y la leishmaniasis. Además, los patógenos fúngicos han desarrollado una mayor tolerancia al calor con el incremento global de las temperaturas. 

Por último, los desastres causan condiciones de hacinamiento e impiden un buen saneamiento, elevando la exposición a los patógenos. Mientras, la desnutrición y el estrés ?que genera una mayor producción de cortisol? deterioran la respuesta inmune y bajan las defensas ante posibles amenazas.

Los investigadores recalcan que esperar a que la sociedad se adapten a estas vías de transmisión de patógenos no es una opción realista. "El mundo deberá reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que están impulsando el cambio climático para reducir estos riesgos" concluyen los responsables. 

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