Engaños colectivos que traspasan generaciones: la madrastra nunca dijo "espejito, espejito"

Balloon Day Parade en Bruselas.
Balloon Day Parade en Bruselas.

Reuters/ Eric Vidal

  • No, aunque creas que sí, Darth Vader no dijo "Luke, yo soy tu padre". Y al igual que este, otros eventos se transmiten como hechos durante generaciones aunque no fueran exactos.
  • Se trata de un fenómeno conocido como 'Efecto Mandela', por el cual puedes estar muy seguro de haber visto o escuchado algo que, en realidad, nunca ocurrió.
  • Le debe el nombre a Nelson Mandela y al fenómeno que ocurre respecto a su fallecimiento: unos afirman que murió en la cárcel, otros en su casa... y todos convencidos de que su versión es la real.
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Si se tomara una muestra de personas al azar y les preguntaran dónde murió Nelson Mandela, buena parte de ellas diría que lo hizo en la cárcel. Otros señalarán que lo hizo en su casa, rodeado de sus familiares y, quizás, algunos se sorprenderían al saber que ha muerto.

Lo cierto es que falleció en diciembre de 2013, a los 95 años de edad, en su casa de Johannesburgo, efectivamente, en la compañía de su familia. Pero es cierto que mucha gente está segura de haber visto la noticia de su muerte mientras cumplía condena de prisión, en los años 80. Esta es una confusión tan común que al fenómeno que lleva hasta ella se le conoce comúnmente como “efecto Mandela”. 

Se debe a una modificación en la representación de los recuerdos. Al contrario de lo que muchas personas creen, estos no se reproducen, sino que se reconstruyen, por lo que no se perciben siempre igual y se pueden modificar a partir de otras vivencias o ideas. 

Por eso, la noticia de Mandela debilitado en la cárcel pudo hacer que alguien interpretara que había muerto hasta el punto de recordar vívidamente detalles que nunca existieron. Esto se va extendiendo de unos a otros y al final crees haber visto claramente el anuncio de su fallecimiento entre rejas. Y este no es el único ejemplo de este efecto.

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Son muchas las imágenes o frases que crees haber visto, a pesar de no haberlas presenciado nunca. Es común que se relacionen con momentos de tensión o ansiedad, pero también a situaciones tranquilas, que tuvieron lugar durante la infancia o la adolescencia. Este es un momento en el que las conexiones cerebrales asociadas a la memoria están en pleno proceso de corte y reasignación, por lo que es más común que se generen “interferencias” a la hora de reproducir recuerdos. ¿Pero cuáles son esos falsos recuerdos que tienes sin saberlo? Aquí van algunos ejemplos:

Yo soy tu padre

“Luke, yo soy tu padre”. Sin duda, esta frase, pronunciada en español por la inigualable y mítica voz del gran Constantino Romero, forma parte de uno de los diálogos más importantes de la historia del cine.

Quizás los más fanáticos de la saga Star Wars no caigan en la “trampa”, pero quienes solo hayan visto la película unas pocas veces a buen seguro recordarán haberla escuchado con claridad. Y, sin embargo, ni Constantino Romero ni nadie la dijo tal cual jamás. En realidad, lo que Darth Vader dice a Luke en esa famosa escena es “No, yo soy tu padre”. En ningún momento la inicia con su nombre. Ni siquiera ocurrió en su versión original, donde las palabras corresponden a su traducción literal al inglés: “No, I am your father”.

Espejito espejito

¿Quién no ha jugado alguna vez a ser la madrastra de Blancanieves diciendo la famosa fórmula frente al espejo? “Espejito, espejito, dime quién es la más bella del reino”. Si lo dices es porque lo has oído. Estás seguro, ¿no?

Pues, en realidad, si recuerdas esas palabras con seguridad, de nuevo estás siendo engañado. En ninguna de las traducciones del clásico de Disney se escuchan las palabras “espejito espejito”. Podemos escuchar “sabio espejo consejero” o “espejo mágico”, pero nada de esa famosa introducción.

¿Dónde te enteraste del 23F?

El 23 de febrero de 1981 fue en España uno de esos momentos que se quedan grabados en la memoria y por los que, pasen los años que pasen, siempre habrá alguien que pregunte dónde estabas cuando ocurrieron.

Muchos recuerdan haber seguido el golpe de estado en directo pegados a la televisión, presos de la incertidumbre y el miedo. Posiblemente sí estarían aterrados y confusos, pero no pegados a la televisión; ya que, si bien por aquel entonces esta ya se encontraba en muchos hogares españoles, la retransmisión en directo solo tuvo lugar a través de la radio.

Horas después, empezaron a emitirse programas televisivos sobre la noticia, pero no en directo. Posiblemente, la situación de ansiedad y estrés que vivían en aquel momento los españoles, viendo como la democracia volvía de nuevo a colgar de un hilo, hizo que ambos momentos se mezclaran y creyeran haber seguido el minuto a minuto con la vista fija en el televisor. Pero no, en realidad no fue así.

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Ser o no ser, esa es la cuestión

Efectivamente, esta es una de las frases más famosas de la literatura de Shakespeare y sí, Hamlet las pronuncia tal cual en la obra del mismo nombre. No obstante, no lleva ninguna calavera en la mano mientras tanto.

En realidad, este objeto aparece mucho después, en la primera escena del quinto acto, cuando el protagonista encuentra en un viejo cementerio los restos de uno de sus mejores amigos de la infancia.

Sí que es cierto que en representaciones teatrales posteriores se han mezclado ambas escenas, de ahí que puede que sí lo hayamos visto en realidad, sin que se trate de un efecto Mandela. Sin embargo, en su momento muchas personas creyeron haber presenciado o leído una escena que, en realidad, nunca ocurrió.

La cola de Pikachu

Si hay un dibujo con el que los niños de todo el mundo han estado familiarizados en las últimas dos décadas, ese es sin duda Pikachu. Quizás cualquier pokémon, pero pocos los hay más míticos que ese simpático roedor eléctrico de cuerpo amarillo, mejillas sonrosadas y cola en forma de rayo, cruzada por una banda marrón. ¿Hay algún fallo en la descripción? Quizás no lo veamos, pero lo cierto es que sí, pues en realidad su cola solo cuenta con una mancha oscura en la base. Nada de bandas.

Logos equivocados

En el tema de los logos de marcas también está muy presente el efecto Mandela. Si echas la vista atrás, es posible que recuerdes aquellas largas partidas de Monopoly con los amigos o la familia en las tardes de domingo. También te acordarás del logo, formado por un hombre con bigote puntiagudo, sombrero de copa y ¿monóculo? Puede que recordemos verlo con este último complemento; pero, en realidad, nunca formó parte del logo.

Como tampoco lo hizo la cesta de frutas de la marca de ropa Fruit of the Loom. Lo cierto es que el símbolo de la compañía es solo la fruta, una manzana y unas cuantas uvas rodeadas de hojas verdes, pero sin recipiente. Todo lo demás, es una mala pasada de tu memoria.

 Este artículo ha sido publicado originalmente en Hipertextual.

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