Las series ya no son lo que eran: por qué Netflix, Amazon o HBO potencian formatos cortos que enganchen rápido y cuál es el riesgo para el espectador

Gambito de Dama

KEN WORONER/NETFLIX

  • Las plataformas de streaming iniciaron hace tiempo un viraje hacia un nuevo modelo de consumo en el que proliferan las miniseries.
  • El potencial comercial de una miniserie se asienta en la convicción de que tienen más capacidad para seducir a los espectadores potenciales exigiéndoles un compromiso menor.
  • Invirtiendo en estos formatos las plataformas consiguen, en definitiva, una mayor eficiencia. Todo parecen ventajas para la plataforma pero, ¿y para el espectador?
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La maduración del negocio del streaming, la multiplicación de los servicios disponibles y la apuesta generalizada por la producción de contenido original ha acelerado la transición hacia un nuevo modelo de consumo. Entre sus múltiples manifestaciones se encuentra una que en el último año se ha hecho particularmente evidente: el acortamiento en la duración de los formatos seriados y, muy especialmente, la proliferación de miniseries, un contenido cada vez más presente en las plataformas. 

Así como en el pasado el triunfo de un programa de televisión estaba asociado a su longevidad, el éxito y la eficiencia parecen ir ahora de la mano de una narración más concentrada y autoconclusiva. El espectador con su consumo, monitorizado al detalle por los servicios, está inclinando la balanza hacia las series que enganchan rápido y que no imponen una relación excesivamente larga. 

Esta compresión del entretenimiento encuentra en el triunfo de las series limitadas su manifestación más visible. Su proliferación es una tendencia que comparten la práctica totalidad de las plataformas, que apuestan por un formato que busca amoldarse a esta nueva realidad: usuarios sobreestimulados de recomendaciones y referencias, con interminables listas de cosas pendientes por ver, con pánico a quedarse fuera de la conversación y un tiempo cada vez más limitado. Las películas son más cortas, desde luego, pero la miniserie se traduce en más horas de consumo (y, por tanto, más engagement con la plataforma). Los mecanismos de la narración serial y los respiros entre capítulos impulsan el consumo y permiten "soportar" las horas de contenido con más facilidad. 

Gambito de Dama, Unorthodox, Patria, Antidisturbios, Veneno, DEVS, Historias del bucle, Normal People, Tiger King, I May Destroy You… 

El potencial comercial de una miniserie se asienta en la convicción de que tienen más capacidad para seducir a los espectadores potenciales exigiéndoles un compromiso menor. La vía de entrada es mucho más fácil, ya que es posible establecer un punto de inicio y un punto final para esa experiencia. Sobre todo en un entorno en el que la cadencia de estrenos está alcanzando un ritmo frenético y han aumentado el número de servicios contratados en el hogar. 

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La miniserie permite compartimentar mejor el tiempo, complementar el uso de las plataformas que se utilizan y diversificar las historias que se ven. También que no requiera un esfuerzo extraordinario ponerse al día para formar parte de la conversación en el momento en que eclosiona, y que duela un poco menos perder el tiempo en el caso de que el producto no cumpla nuestras expectativas. La miniserie aspira a alargar la vida comercial con un producto más corto usando la brevedad de la relación que implica como argumento, con la convicción de que el espectador del futuro será más proclive a aceptar un contenido más corto. Esto es lo que, en última instancia, confiere al producto mayor potencial en el long tail

El preludio de este triunfo de las miniseries tiene su antecedente inmediato en el notable acortamiento en la duración de las temporadas y en el número de capítulos por temporada de la producción original de plataforma. Con la generalización de estrenos para ser consumidos en streaming, se comprobó que estirar al máximo la relación que los protagonistas de un contenido establecen con el espectador,  recurso idóneo para concentrar una proporción estable de audiencia semana a semana en el ámbito de la televisión comercial, no era óptimo en este ámbito. 

La estabilidad en las cifras de consumo no ofrecía un gran impacto financiero, ya que el programa acababa por satisfacer a una masa de audiencia que llegado un determinado momento dejaba de crecer y, por tanto, no cumplía la finalidad que persigue toda plataforma: captar nuevos suscriptores. A excepción de la sitcom, la ficción con muchas temporadas y muchos episodios por temporada presenta un ratio de consumo menor en el ámbito OTT. Que a mayor recorrido de la serie cueste más incorporar nuevos grupos de espectadores al producto y se produzca el temido fenómeno de la estabilización de la audiencia, explica por qué la longevidad de estos productos está cada vez más vinculado a series fenómeno, con grandes cifras de partida, y que cada miniserie se convierta en una apuesta que se lo juega todo a una única carta. Un hit&run en toda regla. 

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Invirtiendo en estos formatos las plataformas consiguen, en definitiva, una mayor eficiencia. El dinero que se podría emplear en darle continuidad a una serie de audiencia estabilizada se prefiere invertir en un programa nuevo, que ofrece la posibilidad de llegar a un nuevo nicho de audiencia precisamente porque parte de cero. La miniserie, además, puede demostrar su eficacia (o su fracaso) más rápido. Y son, por último, proyectos en los que la vinculación del talento es mucho más viable que con un producto seriado. Es más fácil encajarlo en la agenda del talento artístico y facilita la combinación de proyectos. 

Todo parecen ventajas para la plataforma pero, ¿y para el espectador? De entrada, si la continuidad se ve cada vez más marginada por la novedad y la novedad no para de crecer, se avecinan tiempos en los que la fatiga de decisión será el gran problema del primer mundo. 

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