Lorena Sánchez-Felipe, la investigadora española que persigue una vacuna monodosis que proteja contra el coronavirus a largo plazo

Lorena Sánchez Felipe
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  • Lorena Sánchez-Felipe es una investigadora española en Bélgica que está desarrollando una vacuna contra el COVID-19 que podría proteger a largo plazo. 
  • La investigadora advierte de que no sabemos cuánto durará la inmunidad de las vacunas actuales y señala que se necesitará combatir también las variantes. 
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Lorena Sánchez Felipe es uno de esos talentos investigadores españoles que se marcharon jóvenes del país. La investigadora, que estudió en la Universidad de Salamanca, trabajó durante el doctorado en la misma universidad en el estudio de los receptores y mecanismos de entrada del virus de la enfermedad de Newcastle (NDV).

Su siguiente paso fue un posdoc de tres años en Estados Unidos, estudiando la replicación y el ensamblaje del virus de la hepatitis C. 

Sin volver a pasar en ningún momento por su tierra natal, Sánchez-Felipe recibió una oferta del Instituto Rega en Lovaina (Bélgica) para trabajar en el laboratorio dirigido por el profesor Johan Neyts y el líder del grupo de vacunas, Dr. Kai Dallmeier. 

Aunque su trabajo en Bélgica está orientado a la vacuna de la rabia y de la fiebre amarilla, cuando el coronavirus apareció, lo natural para alguien como la investigadora, acostumbrada a estudiar los mecanismos de los virus, fue dirigir su atención hacia allí. 

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Ahora, su grupo está desarrollando una vacuna contra el coronavirus que podría ofrecer protección a largo plazo: así está siendo la investigación, según explica Lorena Sánchez-Felipe en una entrevista con Business Insider España. 

Una vacuna que protegería también contra la fiebre amarilla 

"Nuestro planteamiento era utilizar una vacuna que ya existe: la de la fiebre amarilla", explica la investigadora. 

"Y estábamos trabajando en vacunas duales que pudiera proteger tanto de la fiebre amarilla como de otra enfermedad", revela, por lo que el coronavirus les dio la oportunidad de probar su plataforma. 

La vacuna de la fiebre amarilla actúa como un vector de virus atenuado que lleva un antígeno del coronavirus para entrenar al sistema inmune a reconocerlo. Como la mayoría de compañías en la carrera por la vacuna, el grupo de Bélgica ha optado por la proteína S. 

El grupo publicó los resultados de los ensayos preclínicos en la revista Nature y Sánchez-Felipe asegura que son esperanzadores. 

El laboratorio se ha asociado ahora con una compañía holandesa para poder escalar la producción. "Nosotros no tenemos suficiente capacidad de fabricación para producir las dosis necesarias para un ensayo clínico", explica. 

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La investigadora señala que la vacuna no llegará antes de 2022 y recalca que su pequeño grupo de investigación no cuenta con los mismos recursos con los que cuentan las grandes farmacéuticas. 

Aunque ya hay vacunas en el mercado y varias que obtendrán la aprobación en los próximos meses, Sánchez-Felipe no teme la competencia porque, recuerda, no se sabe cuánto durará la inmunidad. 

"Lo que esperamos, basándonos en los resultados anteriores con este tipo de vacuna, es una inmunidad a largo plazo", asegura. 

Además, señala, si no podría funcionar como un refuerzo o como una opción muy atractiva para los países en los que la fiebre amarilla es una enfermedad endémica. 

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Una sola dosis, segura y una plataforma que se puede adaptar a las nuevas variantes: la ventaja de la vacuna

"Al usar una vacuna que ya existe, sabemos que es segura", explica la investigadora, que recuerda que se lleva más de 80 años vacunando contra la fiebre amarilla. 

Además, el candidato del grupo belga es monodosis, lo que facilita la inmunización y la logística y reduce costes. Ahora mismo, solo la vacuna de Johnson & Johnson, cuya aprobación se espera en pocas semanas, ofrece protección completa con una sola dosis.

Además, "lo bueno que tiene nuestra plataforma es que es fácil de adaptar y eso tiene mucho interés porque se puede responder rápidamente a una variante".

La capacidad de las vacunas para adaptarse con rapidez a nuevas cepas ha cobrado un gran atractivo a medida que han ido surgiendo nuevas variantes con mutaciones que las hacen más contagiosas y que, en algunos casos, disminuyen la eficacia de las vacunas existentes.  

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Por todo ello, Sánchez-Felipe asegura que su opinión personal es que el coronavirus se va a quedar entre nosotros y no se erradicará del todo

Por eso, la investigadora advierte de la necesidad de investigar en desarrollar también medicamentos, algo en lo que otra división de su laboratorio también trabaja. 

"Si ya hubiéramos tenido medicamentos para grupos de coronavirus más generales, habríamos tenido una primera arma contra el COVID-19", reflexiona la investigadora. 

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