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Esta empresa incrusta microchips en sus empleados desde hace un año (y los trabajadores están encantados)

Three Square Market
Three Square Market

Para aquellos trabajadores que siempre olvidan las contraseñas de acceso o están perdiendo sus tarjetas, puede haber una eficaz alternativa: Implantarse un chip bajo la piel que recuerde contraseñas, tarjetas de crédito y cualquier otra información que le sea facilitada.

Puede parecer algo drástico pero en realidad ya se está produciendo. Three Square Market, un proveedor de software para máquinas expendedoras con sede en Wisconsin lleva un año injertando chips bajo la piel a todos los trabajadores que lo demandan voluntariamente según explica en un reportaje MIT Techology Review. Actualmente 80 de los 250 empleados de la compañía pueden acceder al edificio, encender su ordenador o comprar bebidas en la máquina de autoservicio con un simple movimiento de su mano.

El microchip es del tamaño de un grano de arroz y es colocado de manera subcutánea entre los dedos índice y pulgar. El dispositivo almacena la información necesaria relativa a su portador (como contraseñas, documentos de identificación o tarjetas bancarias) que es recuperada al escanear la zona por un sistema de de identificación por radiofrecuencia RFID.

Con un simple movimiento de mano se abre la puerta de control del edificio o se paga la bebida de la máquina expendedora. Ya no es necesario que el empleado con un chip teclee sus contraseñas de acceso, el ordenador las rastrea del dispositivo y accede a su sesión.

El uso de chips RFID en humanos fue aprobado en EE. UU. por la Food and Drug Administration (FDA) en 2004, pero la idea no llegaba a esta compañía hasta principios de 2017, inspirados por la empresa sueca Epicenter, pionera en Europa en introducir chips a sus trabajadores para su identificación. Ese mismo año, una compañía belga se sumaba "a la fiebre" de los chips laborales.

Leer más: La tecnología de vigilancia tipo 'Gran Hermano' de China no es tan potente como el gobierno quiere hacer creer

Este tipo de chips son pasivos, es decir no emite señales rastreables y no contienen batería, por lo que obtienen su energía del propio lector cuando este accede a la información contenida en el dispositivo. Tampoco disponen de GPS, de acuerdo a las informaciones facilitadas por los propios trabajadores a MIT Techology Review.

"Simplemente se ha convertido en parte de mi rutina", explica al citado medio medio Steve Kassekert, vicepresidente financiero, totalmente acostumbrado a acercar su mano a la máquina expendedora para abonar el precio del refresco en cuestión.

Pero todo ello no impide que se inicie el debate en torno a la falta de privacidad y libertad que ciertas tecnologías están promoviendo, y que podrían ser utilizadas por compañías o gobiernos para controlar a empleados y ciudadanos.

Actualmente cámaras de seguridad con inteligencia artificial, tecnología de reconocimiento facial o los diminutos sensores de señales conocidos como beacons, —más allá del propio GPS de nuestros inseparables smartphones— son ya formas de seguimiento de espacios, objetos e incluso personas, que se están dando en nuestros días y que parecen ser asumidas con más normalidad.

Si bien el microchip en humanos no deja de ser una opción llamativa que parece acercarnos a la figura del cíborg, dado el escaso éxito hasta ahora conseguido por los wearables parece poco probable que introducirse un dispositivo bajo la piel vaya a convertirse en una alterativa real por parte de empresas o trabajadores frente a la ya ventaja indiscutible de una cara escaneable que no hace falta fabricar. El tiempo lo dirá.

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