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Estas fotos resultan tremendamente desagradables y la ciencia trata de descubrir por qué

Nelumbo, tripofobia
Wikimedia Commons
  • Agujeros geométricos, protuberancias y patrones similares resultan desagradables para mucha gente
  • Entre el 15 y el 17% de la población puede experimentar esta molestia llamada tripofobia
  • La tripofobia no se considerar una verdadera fobia, ni siquiera es muy conocida
  • Muchos investigadores creen que la tripobofia hunde sus raíces en el instinto humano, aunque no se ponen de acuerdo sobre si tiene que ver con miedos atávicos de hace miles de años

¿Ves la foto que adjuntamos más abajo y se te pone la carne de gallina?

Si aún no la has visto pero crees que te puede resultar desagradable, es el momento de dejar de hacer scroll en esta página.

Algunas investigaciones estiman que el 18% de los hombres y el 11% de las mujeres -un 15% de la población en general- se molestan y mucho al ver imágenes de agujeros distribuidos de forma irregular siguiendo un cierto patrón. Es lo que según un estudio se conoce con el nombre de tripofobia.

Estos agujeros agrupados siguiendo un patrón son comunes en la naturaleza. Van desde lo respulsivo, como la espalda de la el sapo hembra de Surinam, hasta lo más común, como los panales de abejas o las burbujas del jabón.

Un paper publicado en 2013 en la publicación especializada Psycological Science explica qué siente una persona con tripofobia al enfrentarse a una de estas imágenes: "No puede realmente enfrentarse a agujeros pequeños distribuidos de forma asimétrica e irregular, le hacen sentir fatigas, llorar un poco y agitarse muy fuertemente".

Flor de loto, una imagen que provoca tripofobia
Esta imagen de un semillero de Loto puede provocar incomodidad en las personas que dicen sufrir tripofobia. 3Point141/Wikipedia (CC BY-SA 4.0)

Aunque la tripofobia ha sido bautizada como "miedo a los agujeros", muchas investigaciones al respecto dicen que es mucho más: no es sólo medio y no sólo es a los agujeros.

Esta fobia no es muy conocida en la comunidad de psicólogos. Esto se debe a que no presenta los síntomas de una verdadera fobia, al menos no en cuanto a diagnóstico puro y duro.

"La tripofobia está más cerca del asco que del miedo, y el asco es una generalización apresurada de la reacción a estos elementos" confesó Arnold Wilkins, psicólogo de la Universidad de Essex a Business Insider en un correo electrónico.

Es un problema complejo. Científicos como Wilkins continúan estudiando la tripofobia, tratando de cuantificar y de explicar su origen en el cerebro humano.

¿Tiene esta repulsión su origen en el instinto de supervivencia?

Este panal de abejas puede provocar tripofobia.
¡Mmmm! Miel ¡Puagh! Agujeros

Wilkins y su colega de investigación, Geoff Cole, tienen la misma teoría: la repulsión que nos producen estas imágenes puede tener su origen en la biología evolutiva. Piensan que hemos evolucionado para temer a estas formaciones porque cuando las encontramos en la naturaleza suelen ser peligrosas.

Para identificar este efecto y su origen, los investigadores rastrearon webs de tripofobia con archivos de imágenes que provocan una reacción negativa. A continuación las compararon con otras que no lo hacen para establecer diferencias.

Entonces, durante una entrevista a una persona supuestamente tripofóbica, tuvieron un momento de revelación. El entrevistado confesó tener miedo al pulpo Hapalochlaena, momento en el que se dieron cuenta de que quizás hay una razón evolutiva a este miedo por los agujeros agrupados de forma irregular, una asociación con un animal potencialmente venenoso o peligroso.

Aquí está el pulpo Hapalochlaena de anillas azules, cuyo veneno es lo suficientemente peligroso para matar a un humano:

Esta imágen de un pulpo puede provocar tripofobia
El venenoso pulpo de anillas azules

Para probar la certeza de su teoría, que dice que el miedo a estar formaciones tiene que ver con la percepción de peligro, los investigadores tomaron 10 imágenes de 10 especies venenosas. Estas especies seleccionadas son, por ejemplo, la cubozoa, la araña errante brasileña, el escorpión amarillo, la serpiente taipán del interior, la cobra real o el pez piedra, entre otros que mostramos más abajo.

Mostraron una imagen del pez erizo, cuyo hígado y piel contienen veneno. Es el segundo vertebrado más venenoso del mundo:

Este pez erizo puede provocar tripofobia
El pez erizo venenoso

Y también mostraron a la rana venenosa de dardo (que como su propio nombre indica, es venenosa):

La rana venenosa de dardo puede provocar tripofia
Rana venenosa de dardo.

Por último, la caracola marmórea cónica, cuyo aguijón puede ser mortal para los humanos:

Caracola cónica venenosa que puede provocar tripofobia
Caracola cónica venenosa.

Los investigadores analizaron su aspecto y encontraron que estas especies venenosas algunas veces lucen en su piel un patrón similar al que provoca la tripofobia. Creen que la selección atávica provoca que los humanos traten de evitar los patrones estéticos parecidos a aquellos que son comunes en plantas y animales venenosos, selección que podría haber evolucionado en la tripofobia de hoy día.

"Puede que haya una parte no evolucionada de nuestro cerebro diciéndonos que estamos mirando a un animal venenoso", dijo Cole en una nota de prensa en 2013. Dicho de otro modo: la repulsión que muchas personas sienten puede ser una ventaja evolutiva, pues incluso de forma inconsciente, las personas con tripofobia quieren alejarse todo lo posible de las imágenes que lucen estos patrones.

"Creemos que todo el mundo tiene tendencias tripofóbicas, incluso si no somos conscientes de ello", explica Cole en dicho comunicado. "Incluso las personas que no tienen la fobia clasifican las imágenes como más incómodas que otras".

En cualquier caso, un estudio publicado en abril de 2017 en Psychological Reports pone en duda que haya conexión alguna entre la tripofobia y la forma de la piel de los animales venenosos.

Los investigadores que lo firman, de origen chino, mostraron fotos de animales venenosos a 94 niños de presscolar, probando que no hay relación alguna entre ambas cosas.

"La incomodidad al ver imágenes tripofóbicas puede tener más que ver con sus características puramente visuales que con la asociación no consciente con animales venenosos" afirmaron.

En su lugar, estos científicos chinos creen que puede tratarse de una característica mental aún más primitiva que no tiene explicación aparente, como el desagrado ante el sonido de unas uñas arañando una pizarra.

Desarrollando una escala tripofóbica

El profesor en prácticas An Trong Dinh Le, quien se define a sí mismo como tripofóbico, ha trabajado con Wilkins y Cole en su investigación sobre esta fobia.

El equipo publicó en 2014 una secuela al paper anterior en The Quarterly Journal of Experimental Psycology, en el cual desarrollan una escala para medir la reacción de los sujetos ante estas imágenes tripofóbicas. Los investigadores también analizan las imágenes que inducen a la fobia para entender exactamente qué es lo que causa la reacción.

El hallazgo fue que las imágenes que inducen a la tripofobia tienen algunas características que las hacen diferentes de otras que se pueden encontrar en la naturaleza, y son normalmente grandes diferencias de contraste (mucho diferencia de luminosidad entre distintas partes). Cuando los imágenes no tienen estas características, son más soportables, opina Wilkins.

Por ejemplo, la imagen inferior se ha aumentado el contraste para utilizarla como ejemplo. A la izquierda ha sido filtrada y a la derecha no, por lo que se puede observar que es la diestra la que provoca tripofobia:

Esta imagen compara una imagen de tripofobia con otra que no lo es
Imagen filtrada a la izquierda, imagen tripofóbica a la derecha An Le/Tech Insider

Sin embargo, hay imágenes parecidas y con características muy similares que misteriosamente no provocan una respuesta tripofóbica.

Un ejemplo es el patrón de líneas en una escalera automática. No es natural. Es incómodo mirar a ella y desenfocar la visión, pero no es tripofóbica, según Wilkins.

También han descubierto que las personas que sufren tripofobia no sólo muestran repulsa ante agujeros en forma de racimo, también ante racimos de protuberancias.

"Dada la gran cantidad de imágenes asociadas con tripofobia, algunas de las cuales no contienen patrones hechos con agujeros sino con otros objetos, sugerimos que los agujeros por sí solos no son la causa de este problema" escriben los investigadores en su publicación. "Consideramos que el miedo a los agujeros no refleja correctamente a qué nos enfrentamos".

Otro grupo de investigadores diferente, esta vez en Colorado (EEUU), ha probado a cuantificar la reacción a imágenes de este tipo según las respuestas corporales, mayormente involuntarias. Cuando alguien con tripofobia mira una de estas fotografías, su ritmo cardíaco aumenta y sus dedos comienzan a sudar, según una publicación de abril de 2017 en Personality and Individual Differences.

Aunque sólo se tomó una muestra de 37 alumnos universitarios, sobre un 17% de ellos (aproximadamente la misma cantidad que en el estudio de Wilkins en 2013) mostraron indicios de tripofobia.

"Aunque la tripofobia puede parecer irracional a primera vista, estas imágenes pueden desencadenar un sistema de alarma primitivo" escriben sus autores.

Sin embargo, ¿qué hecho de nuestro pasado lejano puede haber conducido al desarrollo de un sistema tripofóbico? La pregunta es todavía esta, incluyendo si dicho sistema existe por completo y si juega algún papel en nuestra supervivencia.

Jennifer Welsh ha escrito versiones de este post con anterioridad, las cuales hemos actualizado para incluir nuevas investigaciones sobre la tripofobia.

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