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Este matrimonio se ríe de la obsolescencia programada

Sydney and Rachel Saunders
Sydney y Rachel Saunders con su secadora de 54 años Rom Preston-Ellis

La obsolescencia programada es el cáncer, la carcoma de la tecnología. Electrodomésticos y dispositivos electrónicos que dejan de funcionar misteriosamente a los dos o tres años, porque así lo han decidido sus fabricantes. Todo para que te deshagas de lo viejo, aunque esté nuevo, y vuelvas a pasar por caja.

Sydney y Rachel Saunders, dos pensionistas de 83 y 81 años que viven en Devon (Reino Unido), se ríen en la cara de la obsolescencia programada. Según cuentan en el medio Devonlive, aún utilizan la plancha eléctrica que les regalaron el día de su boda, en septiembre de 1956, hace 61 años. La secadora la compraron el mismo año que nació su hija mayor, hace 54 años, y aún sigue funcionando.

La lavadora tiene 62 años y aún lava la ropa como el primer día, pese a que pierde agua.

El horno eléctrico tiene los mismos años, 62, pero hace 28 años que no lo usan, aunque funcionaba la última vez que lo encendieron.

 horno eléctrico
Rom Preston-Ellis

Sus hijos al fin les han convencido de que es hora de que se deshagan de ellos, así que han decidido donarlos "para que otros puedan aprovecharlos". Hace tiempo que perdieron su valor como electrodomésticos, pero ahora son auténticas piezas de museo, y seguro que acaban en alguno de ellos, o en posesión de algún coleccionista.

Sydney y Rachel Saunders parecen haber vencido a la obsolescencia programada, al mantener funcionando electrodomésticos como la lavadora, la secadora o el horno durante más de 60 años. Pero esto es solo una curiosa excepción.

La realidad es que la obsolescencia programada es un grave problema económico y ecológico, ya sea porque los dispositivos electrónicos se programan para dejar de funcionar, o se abandonan sin miramientos cuando una determinada versión de Android no funciona con un móvil que salió hace tres años, o iOS 11 deja de ser compatible con los procesadores de 32 bitsanimando así a los usuarios a cambiar de móvil o tablet, aunque funcione perfectamente. Un problema que se agrava aún más cuando el dispositivo lleva batería, porque tienen un número de recargas finitas y se acaban agotando. Y luego descubres que la batería no es extraíble, o vale casi tanto como el propio dispositivo.

Afortunadamente, parece que la Unión Europea ha decidido tomar cartas en el asunto, aprobando una ley que exige a los fabricantes facilitar la reparación de los productos, en lugar de sustituirlos por uno nuevo.

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