La economía es una veleta en plena borrasca: estos son los indicadores que anticipan el fin del ciclo expansivo, según los expertos

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En los últimos meses, el rumbo de la economía recuerda al de una veleta en plena borrasca: la creación de empleo bate récords, pero el Producto Interior Bruto (PIB) pisa el freno; la confianza del consumidor marca mínimos no vistos desde el gran confinamiento, pero al mismo tiempo se prevé un verano histórico.

No está muy claro si la economía continúa en fase expansiva postCOVID o todo lo contrario, y esa confusión podría ser precisamente una señal de cambio de ciclo.

"Estamos en la típica situación de cambio de ciclo. Cuando los indicadores empiezan a enviar señales contradictorias, a marcar tendencias dispares, podemos empezar a pensar que estamos en un cambio en la curva económica", observa José García Montalvo, catedrático en Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra.

Por un lado, hay señales positivas, tanto estadísticas —como que España crea más empleo que nunca— como perceptivas—las previsiones de verano son espectaculares y los hoteleros auguran una temporada mejor incluso que en 2019—.

Por otro, tenemos un PIB que ha dado un frenazo en el primer trimestre, pasado de crecer un 2,2% a sólo un 0,3% en cuestión de 3 meses (y eso antes de que estallara la guerra), e indicadores de consumo como las ventas de coches o la confianza del consumidor que están en declive

Ello sin contar con el hachazo en las previsiones económicas que han anunciado todos los organismos, incluido el Gobierno, debido al impacto de la inflación y el conflicto bélico.

¿En qué indicadores podemos confiar? ¿La economía va como un tiro o se está frenando? "Claramente es un cambio de tendencia a peor", anticipa Montalvo. 

En 2022 dejamos atrás la pandemia, pero la recuperación económica ha sabido a poco; el Fondo Monetario Internacional ya ha avisado de que hay países europeos en riesgo de recesión y, otros, como España, que todavía no ha recuperado lo perdido por la crisis.

La guerra ha generado problemas, el COVID-19 también, y si las cadenas de suministro estaban tocadas, ahora están hundidas. "Hasta septiembre todo va a ir espectacular, pero luego ya veremos. Estamos entrando en una fase cuya duración dependerá de las políticas de los bancos centrales y de la capacidad fiscal que le quede a los países y, en nuestro caso, es limitada", avisa.

"Las crisis no son más que una característica de los ciclos económicos", dice el economista Wesley C.Mitchell, uno de los artífices de este concepto (junto a Burns) y del desarrollo de las herramientas estadísticas para medirlos. 

Según su teoría, la duración de los ciclos puede oscilar desde poco más de un año hasta 10 o incluso 12. En el escenario actual, un cóctel letal (inflación, guerra, crisis de suministros...) podría haber truncado el ciclo expansivo de la economía para dar paso a una fase de ralentización.

"Hay señales de que lo que viene es un poco peor que de donde venimos. La llama sigue viva por la inercia, pero el viento sopla en nuestra contra", coincide María Romero, socia directora de Economía de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

En cuanto a cuáles son esas señales, hay varios indicadores que pueden anticipar cambios de ciclo e incluso predecir crisis. 

"Hay numerosas formas de anticipar y captar la evolución de la economía", apunta Javier Ferri, profesor de Economía de la Universidad de Valencia e investigador de Fedea.

La Reserva Federal, por ejemplo, tiene un indicador económico de periodicidad semanal en el que incorpora variables como la afiliación, retenciones de impuestos (cuando los ingresos aumentan indican que la actividad está mas alta), índices de venta al por menor, confianza del consumidor, producción industrial o de cemento, tráfico de mercancías, venta de combustible...

"Entre los mejores indicadores para predecir las recesiones se encuentran los indicadores adelantados de tendencia del PIB y ventas de coches, y el paro registrado. La capacidad de anticipar recesiones aumenta cuando se añaden los indicadores de confianza, bursátiles y tipos de interés" explican Máximo Camacho y Salvador Ramallo en un informe de Funcas.

Durante la última Gran Recesión, ganaron protagonismo los indicadores de la construcción y algunos financieros relacionados con la tenencia de depósitos. Sin embargo, con la crisis del COVID-19, los indicadores de producción, desempleo y consumo vuelven a ser los más importantes.

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Una inversión de la curva de tipos 

Caída de los mercados y la bolsa

Montalvo comenta que, junto a las contradicciones observadas en los indicadores, la inversión en la curva de tipos se ha considerado históricamente como la clásica señal que avisa de que se avecina una recesión.

"Este indicador se utiliza mucho porque resume el sentimiento de los mercados financieros", apunta Raymond Torres, director de Coyuntura Económica de Funcas.

Lo normal es que el tipo de interés que ofrecen los bonos a largo plazo sea superior al de los de corto plazo (si prestas dinero, es lógico que esperes una rentabilidad mayor cuanto más vayan a tardar en devolvértelo, porque durante ese tiempo no dispones de ese capital). 

Sin embargo, ha habido momentos en la historia en los que el tipo de interés de los bonos a largo plazo se ha acercado mucho al de los de corto plazo, e incluso que éstos han llegado a superarlo. "Cuando esto ocurre, significa que el mercado anticipa una fuerte recesión porque, en épocas de recesión, los bancos centrales reducen los tipos de interés", añade Torres.

En diferentes momentos de la historia se ha visto que cuando los tipos de corto y largo plazo son similares (la curva se aplana) o incluso los de largo plazo son más bajos que los de corto, se acerca una recesión.

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Por el momento, esto no ha ocurrido en la curva de tipos en Europa. En cambio, en EEUU sí que ha habido un aplanamiento: los tipos a largo se han reducido algo respecto a los tipos corto. Esto, sin embargo, también podría deberse a otros factores, como una inflación descontrolada, que ha alterado las políticas monetarias de los bancos centrales.

Caída de la confianza del consumidor

Otro indicador que sirve para tomarle la temperatura a la economía es el índice de confianza del consumidor. Su resultado permite intuir cuáles son las intenciones de gasto de los hogares, al preguntarles cuál es su percepción actual y expectativas de futuro para la economía. Cuando la percepción es negativa, cabe esperar una ralentización.

En las últimas semanas de mayo, la confianza de los consumidores de la zona euro ha caído a umbrales no vistos desde abril de 2020, cuando irrumpió la pandemia y Europa (y medio mundo) se confinó a cal y canto.

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Aunque en España los datos no son tan negativos, es la incertidumbre sembrada por la guerra y la escalada de precios, después de 2 años de pandemia, lo que arrasa el optimismo de los ciudadanos del euro. 

"Como son encuestas, puede ocurrir que la sociedad sobrerreaccione en momentos de elevada incertidumbre. Sin embargo, estos indicadores sí son capaces de marcar un cambio de rumbo", aclara Romero.

"Los consumidores ya trasladan que su intención de gastar se ha contenido, pero sus expectativas a 12 meses se van a contener mucho más", añade.

Comportamiento de la actividad manufacturera

Operarios fabricando un coche eléctrico de Volkswagen

"Hay toda una serie de factores que apuntan a que, si estuviéramos ante un punto de cambio en el ciclo, muy probablemente lo veríamos en la industria y la actividad de manufacturas", apunta Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research.

La actividad manufacturera puede medirse casi en tiempo real (mensualmente) con los índices PMI, que son encuestas a las empresas industriales sobre las previsiones que tienen de actividad y compras en los próximos meses. 

Cardoso explica que, además, en esta ocasión, fijarse en este índice tiene todavía más sentido: "Esta no es una desaceleración al uso. Normalmente, éstas vienen provocadas por subidas de tipos de los bancos centrales, que reducen la demanda interna. Aquí estamos ante el riesgo de recesión por una cuestión de oferta, no de demanda".

Por el momento, la actividad manufacturera de la zona euro no muestra un comportamiento excesivamente negativo. Sobre todo teniendo en cuenta que las empresas están descontando el efecto de la interrupción de las cadenas mundiales de suministro, el aumento del coste de la energía, la desaceleración china y su impacto en la industria.

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"Es sorprendente la fortaleza que muestran los PMI. Cómo todos estos obstáculos no han minado la actividad. Esto apunta a que, al menos por el momento, la recuperación sigue", añade Cardoso.

Desde BBVA Research, cuenta Cardoso, la estimación de crecimiento del PIB de España para el segundo trimestre es del 0,8%. 

"Desde que comenzaron las consecuencias de la invasión existía el temor a una recesión, pero parece que no estamos ahí. Si vemos algo negativo, lo veremos en la industria, pero esperamos que el consumo y los servicios vayan muy bien", añade.

"Comparado con lo que se pensaba hace unos meses, podemos estar hablando de desaceleración, pero no de estancamiento, porque sigue habiendo crecimiento", coincide Ferri. 

Sin embargo, matiza Ferri, "venimos de caídas enormes. España es una de las economías a las que más les está costando recuperar niveles de PIB prepandemia. Otros países hace ya mucho tiempo que lo hicieron. Crecer un 4% no esta mal, peor sería no crecer, pero es que otros países ya han recuperado el crecimiento hace tiempo, nosotros no".

La incertidumbre es elevada pero, a pesar de las numerosas amenazas, no parece que haya un cambio de ciclo hacia la recesión. A lo que sí apuntan los indicadores es a una desaceleración, algo que no deja de ser peligroso meses antes de la subida de tipos anunciada por el BCE y con el escaso margen fiscal que tiene España.

"El último tirón lo veremos estos meses, pero a partir del final del verano los vientos no soplan a favor de una aceleración. Tendrían que empeorar mucho las cosas para una recesión, pero sí nos adentramos en una desaceleración", vaticina Romero.

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