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Estos son los trabajos que un robot nunca podrá quitarle a un humano

El robot constructor japonés.
El robot constructor del instituto tecnológico japonés. Business Insider España
  • En 2030, el 20% de la mano de obra de todo el planeta estará en manos de robots en lugar de humanos.
  • La mayoría de los empleos en riesgo de ser robotizados se encuentran en la industria, el telemarketing, la contabilidad y, sorprendentemente, en el ámbito de los árbitros deportivos.
  • Pero hay algunos tipos de trabajo que están a salvo de ser copados por robots. Al menos, de momento.

A medida que la tecnología inteligente desempeña un papel más importante cómo organizamos nuestras vidas, se ha convertido en un fenómeno común la difusión de la informatización y la digitalización en los centros de trabajo

Un estudio de McKinsey Global Institute de 2017 lanzó la hipótesis de que, en 2030, hasta 800 millones de puestos de trabajo en todo el mundo estarían en manos de robots en lugar de personas, lo que supone la quinta parte de toda la mano de obra mundial.

Industria, telemarketing, contabilidad y los árbitros deportivos, en riesgo

Las principales cadenas de comida rápida, con McDonald's a la cabeza, ya han reemplazado a los cajeros humanos por elegantes máquinas, a medida que los comensales prefieren cada vez más pedir su comida a través de un quiosco o una aplicación, en lugar de hablar con otra persona. 

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Entre otros empleos considerados en riesgo, encontramos a los teleoperadores, a los que cualquiera que haya sido puesto en espera durante una llamada podrá entender.

H&R Block está usando a Watson, un robot inteligente de alto rendimiento, para gran parte de sus tareas de contabilidad. Otros casos conocidos pueden encontrarse en los deportes, en los que los árbitros y jueces trabajan cada vez más de la mano de sistemas automatizados que habitualmente hacen su trabajo mejor que ellos mismos.

Algunos trabajos están a salvo de ser copados por robots, de momento

Los empleos en consultoría, política o en los niveles más altos del mundo de los negocios están entre los aquellos que se consideran más a salvo de la revolución robótica. Se trata de empleos que dependen de complejos procesos de pensamiento solo al alcance de los humanos, de la complejidad de nuestro cerebro y de la singularidad de nuestra personalidad.

De este modo, es poco probable que desaparezcan a corto plazo trabajos como el de terapeutas, enfermeros y cualquier tipo de cuidadores, ya que requieren de compasión, consideración, instinto y habilidades sociales. 

Otra fortaleza intrínsecamente humana es el pensamiento estratégico y crítico. Aunque los robots más avanzados ya han demostrado su talento para recordar datos o para realizar declaraciones de impuestos y hacer cálculos realmente complejos, sus habilidades se centran principalmente en el proceso de datos.

Aunque los teleoperadores menos agradables vayan a ser reemplazados, o en algunos casos ya lo estén siendo, la mayoría de los empleos de ventas no parece que vayan a sufrir muchos cambios. Especialmente, aquellos que se centran en vender productos únicos, caros o de lujo, y categorías desde la de gerente o agente de otra personas, como atletas o músicos.

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Todavía nos queda mucho para la digitalización de los tribunales de justicia y hay quien asegura que nunca sucederá. Concretamente, los abogados necesitan contar con un amplio conocimiento de la condición humana. Necesitan ser capaces de reaccionar bajo presión, de expresarse de forma convincente, desarrollar casos complejos, presentar pruebas y convencer a un jurado, asumiendo que los jurados sigan siendo completamente humanos.

Hay otros dos campos que todavía tienen menos posibilidades de ser copados por los robots, el deporte y las artes. Los atletas de élite no deberían sentirse amenazados por la automatización, ya que para ser atleta es necesario esencialmente ser humano. Es lo que hace divertido ver y practicar deportes. Se trata de lo que puede o no puede llegar a hacer el cuerpo humano.

Si añadimos a ese contexto un robot programado y diseñado para ganar y desaparecerá mucho de lo que hace interesantes los deportes. Los triunfos inesperados, las derrotas más dolorosas, el drama de la competición. Si los competidores son perfectos, todo sería predecible y nadie querría verlo.

Por eso, si eres un matemático, un ingeniero o un programador informático, muy pronto podrías considerarte a ti mismo un artista

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