La estrategia de Finlandia para capear el coronavirus sin contagios y con una economía saneada

La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin durante la fiesta del partido socialdemócrata.
La primera ministra de Finlandia, Sanna Marin durante la fiesta del partido socialdemócrata.
Reuters
  • Finlandia no sólo es uno de los países que mejor se ha recuperado económicamente del coronavirus, sino uno de los referentes en la gestión de los contagios.
  • Aunque sus infecciones se han triplicado en la última quincena, la tasa de contagio del país es hasta 5 veces menos que la de sus vecinos.
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Aunque Suecia ha acaparado la gran mayoría de titulares cómo debe gestionarse la crisis del COVID-19, lo cierto es que su vecino nórdico no se queda atrás.

Finlandia ha tenido un 90% menos de muertes por coronavirus que Suecia y sus economías han evolucionado a la par durante la primera mitad de 2020, convirtiéndose en las más blindadas de Europa. Incluso ahora, mientras el resto del continente se preocupa por los rebrotes otoñales, Finlandia mantiene una de las tasas de infección más bajas de la comunidad.

Su enfoque, similar al de Dinamarca y Noruega, se centró en confinarse rápidamente —pero no al 100%— para mantener la pandemia bajo control; con el paso de los meses, las reaperturas graduales le han permitido volver prácticamente a la normalidad sin los estragos económicos causados en otros países.

"El cierre nunca fue absoluto y también abrimos relativamente rápido antes del verano; esto puede explicar que la economía no se resintiera", señala Mika Salminen, director de seguridad del Instituto Nacional de Salud y Bienestar finlandés, a Financial Times. Así, mientras que el enfoque de Suecia se centraba en la protección económica, Finlandia quiso "proteger la vida y la salud [de sus ciudadanos]", asegura.

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Otra gran distinción entre Finlandia y todos los demás países europeos es su enfoque en la cultura y la forma de actuar ante las emergencias nacionales. Su ley sobre preparación menciona explícitamente las pandemias y ya se puso en práctica por primera vez en la Segunda Guerra Mundial, donde convirtieron sus reservas de equipos médicos y de protección en la envidia del continente frente a la escasez de sus vecinos.

Anders Tegnell, epidemiólogo estatal de Suecia, afirma que "el nivel de preparación [de Finlandia] está más allá de lo que podríamos soñar". Pekka Nuorti, profesor de epidemiología de la Universidad de Tampere, complementa con que el país "tiene una larga tradición de respuesta a las crisis y la gente tiende a unirse cuando una nueva aparece", resaltando los cambios conductuales de la población ante la emergencia sanitaria.

Los finlandeses son cautelosos a la hora de declarar las bondades de su sistema, sobre todo mientras una segunda ola del virus asoma a la vuelta de la esquina. Sus casos totales están en su nivel más alto desde mediados de mayo y se han triplicado en las últimas 2 semanas, pero todavía se encuentran muy lejos de otros como Reino Unido y Dinamarca, con tasas hasta 5 veces mayores.

El Gobierno socialdemócrata de Sanna Marin, dicen los expertos, también ayudó no sólo en la gestión de la crisis, sino en su comunicación a la ciudadanía. "Transmitían tranquilidad, en el sentido de que podían aplicar medidas bastante drásticas sin que nadie los cuestionase", precisa Johan Strang, profesor asociado de estudios nórdicos en la Universidad de Helsinki.

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Una de estas medidas fue el confinamiento total del país, incluida la capital, Helsinki, para impedir que nadie entrara o saliera de sus fronteras durante varias semanas o los estrictos protocolos de cuarentena para extranjeros, entre otros. Por lo demás el cierre de Finlandia, al igual que el de Noruega y Dinamarca, fue menos severo que el de gran parte del continente, con tiendas y transporte público abiertos, y hasta parece que les ha ido mejor.

Claro que no todo depende de los humanos. La mera localización geográfica de Finlandia, en la periferia de Europa, también se ha convertido en una de las grandes defensas del país frente a la pandemia. Debido a este hecho, sus fronteras tardaron más en ser invadidas por el virus, por lo que cuando se confinaron a mediados de marzo, más o menos a la vez que España, poco tenía que ver su situación con cualquiera de la turística Península Ibérica.

Al igual que en otras partes de Europa, las infecciones han aumentado últimamente sobre todo en la población más joven, un hecho que algunos expertos clasifican como un arma de doble filo. Por un lado es bueno como buena noticia, ya que así pasan la enfermedad antes y, cuanta menos edad, menos grave es; pero mala porque estos grupos tienden a tener más contacto con el resto, por lo que existe el miedo a que se propague más que durante la primera ola.

De momento es sólo eso, un temor. Y si el Gobierno está tranquilo, parece que Finlandia también lo estará.

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