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La excelencia de la supercomputación española se esconde en el interior de una capilla

  • El Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación, en la capilla Torre Girona de Barcelona, cuenta con el Marenostrum 4, el sexto superordenador de Europa y entre los veinticinco primeros del mundo. 
  • Está previsto que para el 2021 se instale la siguiente versión del superordenador, el MareNostrum 5. 

Que una capilla esconda en su interior el superordenador más potente de España y sexto de Europa responde, curiosamente, a casualidades del destino. En un espacio arbolado en el Campus Norte de la capital catalana una iglesia alberga el Centro Nacional de Supercomputación, Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS). 

Hasta 150.000 procesadores, 3.456 nodos de comunicación y una capacidad de almacenamiento de 14 petabytes recopilan, procesan y analizan datos y resuelven problemas entre sus muros de piedra. La capilla Torre Girona, que era propiedad de una familia de Barcelona hace más de cien años, fue cedida a la Universitat Politècnica de Catalunya en la década de los 70 y, tras haber pasado por varias vidas una vez fue desacralizada (como aula, sala de conferencias y biblioteca) ya desde 2004, acoge BSC-CNS y su superordenador Marenostrum.

Van ya cuatro versiones del Marenostrum y este último, compuesto en realidad por dos supercomputadores, se ha convertido en el más verde de Europa, según la lista Green 500.  Además, el director asociado del BSC, Pep Martorell, explica en declaraciones a Business Insider España que este supercomputador, que se encuentra en el Top 25 mundial, es uno de los más diversos del planeta: "buscando nuestro papel en el panorama de la supercomputación en el mundo trabajamos para conseguir uno de los más diversos, aquel en el que conviven distintas arquitecturas computacionales . Es extremadamente interesante para los ingenieros que utilizan este computador".

Biología, química, física...las aplicaciones de este supercomputador trascienden las fronteras entre disciplinas: "hay muchas áreas de conocimiento en las que la experimentación no da resultados por la dificultad del problema o es extremadamente compleja y cara de desarrollar, la supercomputación es una herramienta que ayuda a complementar todas estas áreas con simulaciones", expone Martorell. 

Leer más: La Comisión Europea quiere sus propios superordenadores en 2020

A lo que se refiere, y por poner un ejemplo práctico, es a los avances que permite la supercomputación a la hora de interpretar imágenes médicas, trabajar con información genómica o interpretar expedientes clínicos. También tiene especial relevancia en temas climatológicos, por ejemplo, para predecir la calidad del aire, y en campos como la astrofísica es permite simular la evolución de galaxias o cuerpos celestes. 

Además, el superordenador MareNostrum 4,que multiplicó su potencia con la incorporación de nuevos racks Power 9 de IBM, explora el potencial de la inteligencia artificial, una tecnología que supone un punto de inflexión para los próximos avances tecnológicos.

Pero aquí no se queda la cosa. El 2021 promete ser el año de la próxima evolución del Marenostrum 5 que, en su intención por acercarse a la hexaescala y realizar hasta 10 18 operaciones por segundo, multiplicará por diez la capacidad de almacenamiento de datos del actual MareNostrum. Y aunque no está claro qué tecnología incorporará, pues depende de concurso público, "será una máquina con un orden de magnitud superior que nos permitirá resolver problemas más complejos", aclara el director asociado del centro.

Será ésta una apuesta compartida no sólo por España sino con los demás Estados Miembros, en aras de batir a los grandes de la supercomputación: Estados Unidos, China y Japón. Por ello, se inscribe en el proyecto impulsado por la Comisión Europea, EuroHPC (high performance computing) y que quiere mantener al Viejo Continente a un nivel competitivo a escala global.

Con todo, cuenta Martorell: "el cuello de botella de la supercomputación es la inversión en energía". El MareNostrum 4 cuenta con una partida de medio millón de euros que gastamos en energía eléctrica". La cifra se inscribe entre los 4 o 5 millones de euros de inversión anual para el mantenimiento de una instalación que costó 34 millones de euros. 

Más allá de los ránkings, Martorell aclara que otra de las varas de medir se encuentra en los propios usuarios y la demanda que de uso del superordenador. Hoy en día dos de cada tres proyectos de investigación se quedan fuera para optar a utilizar los recursos computacionales del BSC-CNS: "el mejor examen que pasa nuestro supercomputador es el de no estar nunca vacío sino tener colas de investigadores que quieren usarlo". 

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