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Facebook, Amazon y Google asesorarán a Trump para regular la inteligencia artificial

Donald Trump, presidente de EE.UU.
Flickr / Matt Johnson

Algunas de las principales tecnológicas estadounidenses asesorarán a Donald Trump para crear una regulación específica para la inteligencia artificial, tal y como señalan varios medios del país. En la agenda del próximo jueves 10 de mayo, el presidente de Estados Unidos tiene una prevista una reunión con directivos de Facebook, Amazon, o Google, entre otras, para empezar a sentar las bases del futuro de los algoritmos y la robótica, así como sus aplicaciones sociales.

Se trata de un cónclave en el que la Administración pedirá información sobre la situación tecnológica actual a 34 de los principales desarrolladores de inteligencia artificial de EE.UU., con el objetivo de preparar una regulación adaptada a campos tan diversos como la agricultura, la atención médica o el transporte.

En este sentido, el Gobierno estadounidense también pretende potenciar su desarrollo financiando líneas de investigación como el aprendizaje de los robots.

Asimismo, se trata de un acercamiento formal a la industria de la inteligencia artificial para comprender mejor el impacto que tendrá en en los mercados en el futuro, especialmente en el ámbito laboral.

Un estudio de Oxford señala que las próximas dos décadas el 47% de los trabajos serán desempeñados por robots, mientras que un informe más reciente de la consultora McKinsey & Co asegura que toda la inversión que se realizará en tecnología, incluyendo inteligencia artificial y automatización, podría generar en todo el mundo entre 20 y 50 millones de empleos de cara a 2030. Lo malo es que, según ese mismo informe, se destruirán por la misma causa unos 375 millones de trabajos.

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"Seas un granjero de Iowa, una eléctrica de Texas o una farmacéutica de Boston, vas a tener que usar estas técnicas para hacer que tu negocio crezca", resumía en una reciente entrevista Michael Krastos, consejero de tecnología de la Casa Blanca. Porque las aplicaciones prácticas de la IA empiezan a ser tan palpables que las previsiones de la consultora Gartner apuntan a que el negocio de la inteligencia artificial mueva nada menos que 1,2 billones de dólares durante este año, lo que representa una subida del 70% respecto a 2017. De cara a 2022, se espera que esta cifra se dispare hasta los 3,9 billones de dólares.

Alianza con las tecnológicas para competir con China

Estas perspectivas de un crecimiento sin precedentes en la industria son uno de los principales motivos de este acercamiento de la Casa Blanca a las grandes tecnológicas, a pesar de que sus relaciones en la era Trump no siempre han sido idílicas: el pasado marzo, Trump atacaba a Amazon por destruir miles de empleos de comercios minoristas, mientras que Microsoft criticaba el mismo mes al Presidente de EE.UU. por poner en peligro el derecho a la privacidad en el mundo con sus intentos de acceder a datos almacenados en el extranjero.

Pero parece que las grandes tecnológicas y Trump están condenados a entenderse. La guerra comercial en ciernes entre EE.UU. y China amenaza con convertirse en una nueva Guerra Fría, pero con la tecnología por escenario. Y, en lo relativo a inteligencia artificial, el gobierno chino aplica técnicas de lo más soviéticas: ya está construyendo un parque tecnológico de investigación en IA por valor de más de 1.500 millones de euros, en el marco de su proyecto Made in China 2025 con el que pretende convertirse en el referente tecnológico mundial en siete años.

Leer más: China crea un parque de investigación de 2.000 millones para liderar la IA en el mundo

Pero eso no es todo. China también ha empezado a aplicar la inteligencia artificial para controlar a la población a través de un complejo sistema de reconocimiento facial e, incluso, está experimentando con IA en miles de millones de cucarachas. De ahí que hasta la UE ya se haya planteado un plan para equiparar el desarrollo de la IA en el viejo continente al de las dos grandes potencias mundiales, aunque de momento el debate se centra precisamente en crear una regulación específica para la IA y para otorgar derechos legales a los robots en el futuro.

En este escenario, Trump ha decidido dar un paso al frente y reunirse con algunos de los gigantes del sector y de otras áreas con lazos con la IA, como Microsoft, Oracle Intel, Mastercard, Pfizer, United Airlines o Ford. La idea es que todos ellos expongan su visión acerca del presente y el futuro de la inteligencia artificial para, en primer lugar, centrar el desarrollo de nuevos proyectos en las empresas a través de una financiación pública que, según la Administración, en 2017 alcanzó los 2.000 millones de dólares en este campo. Por supuesto, todo ello al margen de los proyectos paralelos que llevan a cabo el Pentágono y los servicios de inteligencia del país.

Agricultura, atención médica y transporte, sectores clave

Pero el objetivo último no es tanto militar como social. Al margen de que el departamento de Defensa continúe investigando en IA, con desarrollo de drones autónomos como uno de sus grandes objetivos para el futuro, las conversaciones con las tecnológicas van más orientadas a encontrar aplicaciones sociales a la inteligencia artificial.

La agricultura, en este sentido, es uno de los sectores que más preocupan, no sólo a EE.UU.: en un mundo superpoblado, el desarrollo de cultivos sostenibles ─por ejemplo, a través de granjas hidropónicas─ es uno de los grandes retos para la supervivencia de la Humanidad. Por eso, desde la eliminación de los pesticidas hasta la producción masiva de alimentos (sin acabar con los recursos del planeta) es una de las áreas en las que la IA podría ser determinante.

Exactamente igual que sucede con la medicina, ya que los expertos no sólo apuntan a que los robots llevarán a cabo hasta las cirugías más complejas en 2050, sino que actualmente existen varios proyectos que utilizan la IA para crear algoritmos capaces de descubrir nuevos fármacos y varias iniciativas para automatizar procesos de atención médica en centros sanitarios. Una vía de investigación que podría contribuir en un futuro no muy lejano a mejorar la calidad de vida de las personas y en la que las grandes tecnológicas tienen mucho que decir.

Por último, el sector del transporte es clave para las sociedades del futuro, especialmente a causa de la dependencia energética del petróleo en la actualidad y sus consecuencias para el medio ambiente, pero también por los problemas exponenciales que representan los actuales medios de transporte para la movilidad en las ciudades. Por eso, los coches autónomos representan una de las grandes esperanzas para el futuro. Y tanto Trump como las tecnológicas pretenden acelerar este proceso.

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