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¡Frena! Trucos para dejar fuera el consumismo en la carta a los Reyes (y disfrutar con los regalos)

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Un regalo de Navidad PEXELS

No hay quien lidie con ellos. Y, en estas fechas, menos. Cuando llega noviembre la Navidad, los niños tienden a descontrolarse, y la culpa no es suya (¡pobres!). Los estímulos de anuncios, catálogos, escaparates, de otros niños y de sus mayores son incesantes, y el bombardeo en torno al consumismo, especialmente de juguetes, es masivo.

De ahí que la Navidad sea un buen momento para parar y pensar, más en los mayores que en los niños. "Vivimos en una sociedad de consumo y los niños no se escapan a ella", reflexiona Imma Marín, especialista en juego y educación y miembro del comité de expertos de la firma de juguetes Imaginarium. "Pero a los niños se les inculca unos límites: no bajarse de la acera, saber cuándo encender la tele, decidir si se cena en familia o no… Hay mil decisiones que tienen que ver con la educación que marcan límites y reglas de vida". Y esas decisiones también son válidas (y fundamentales) en tiempos de regalos.

De ahí que los caprichos y los excesos de los pedidos a Papá Noel y a los Reyes Magos también sea algo que se pare (o se incentive) desde la infancia. Es cierto que es un momento para darse permisos, los propios adultos lo hacemos, pero porque de base hay unas normas que se han enseñado desde el primer momento. Justo eso es lo que tiene que pasar con los niños. "Tras privarnos durante el año nos damos esos lujos, esos permisos. Eso es bueno siempre que tenga sentido, con límites, sin pedir créditos para una cena de Navidad o para comprar regalos. Forma parte de la ilusión: romper la rutina y darnos un capricho", explica Marín.

Con los juguetes ocurre igual: son recompensas, ilusiones, romperutinas. Y, sobre todo, son medios para conseguir fines. "El juguete es un disparador: lo que tiene que conseguir es tiempo de juego. Por eso el consumo de juguetes no es sólo durante la Navidad, sino todo el año, para poder lograr un mayor tiempo de ocio con los niños", explica María Nalda, responsable de marketing de Europa Sur para Imaginarium.

Aún así, es inevitable que surjan dudas y problemas a la hora de pedir y seleccionar los ansiados deseos de la lista de regalos navideños. ¿Cómo se pueden atajar estos problemas y evitar frustraciones de niños, padres y Reyes Magos? Imma Marín comparte unos cuantos trucos para lograr la carta a los Reyes perfecta (o, al menos, en perfecta armonía).

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Un niño colorea dibujos navideños PEXELS

- Los Reyes (o Papá Noel) lo tienen muy fácil… (y los padres, muy difícil): hay que dejarles claro a los niños que a Sus Majestades se les puede pedir lo que se quiera… pero que ellos son autónomos y pueden decidir qué traer. Entonces habrá que darles razones. "Vosotros pedís, pero ellos eligen. No te puedes enfadar", recomienda negociar Marín.

- Escribir la carta jugando y explicando: decidir entre todos cuándo hacerlo, que el momento sea especial. Así, es importante contarles a los Reyes por qué queremos ese juguete, qué hace que sea especial, qué hemos hecho nosotros para merecerlo… Argumentar y pensar hará que, cuando lleven 5 o 6 líneas, probablemente estén cansados.

- Mejor en persona: es bueno acudir a las tiendas a ver los juguetes en sí. Primero, porque es una actividad especial en un día de Navidad (que además ayuda a los niños a aprender a esperar, a ser pacientes). Segundo, porque ahí descubren otros juguetes que no han sido publicitados o en los que no han reparado: "Hay muchas cosas preciosas que pueden desear". Y tercero porque se ahorran muchas decepciones, porque lo que se ve por la tele no es siempre lo que se descubre en el paquete la mañana del 6 de enero.

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La carta a los Reyes Magos PEXELS

- La carta no es una lista: sobre todo, no es un listado de cosas: "Hay que pararse a pensar qué me gusta de verdad. Va más allá de un objeto. Por ejemplo, que la abuela me deje cocinar con ella los buñuelos". 

- Saber priorizar: es importante en la vida, y si descubren de forma práctica que es importante en la carta a los Reyes, será un avance. "Hay que pedir de lo que más a lo que menos nos gusta. Eso ayuda a pensar… y también a cansarse".

- Pensar en los demás: el hecho de no pedir cosas exclusivamente para uno mismo hará que decidamos qué nos gusta más, que aprendemos a pensar en el otro… y que la lista sea también más reducida. "Si hay varios hermanos hay que asesorarles: si piden algo entre todos juntos es más probable que se lo traigan, tienen muchos puntos", recomienda Marín.

Y cuando llegue el día D y la hora H y se encuentre el salón lleno de paquetes, también hay un par de consejos para no volvernos locos.

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Un árbol cargado de regalos de Navidad PEXELS

- Crear un ritual: hay que abrir los regalos de uno en uno, despacio. "No puede ser que a la voz de ¡ya! todo el mundo corra a coger paquetes. Hay que disfrutarlos, saborearlos, mirarlos, aplaudirlos", recomienda Marín. 

- Establecer un orden: como el de empezar con los hermanos pequeños, seguir por los mayores, luego los de los padres… 

- Los regalos de casa de abuelos y tíos ¿juntos o separados?: ayuda a dividir y a parar, a dar "espacio a cada juguete". "Todos a la vez les empacha, les crea estrés. "El sentido común dice que no es lo mejor tenerlos todos juntos. Si abrimos uno, paramos un rato, estrenamos los patines para ir a casa de los abuelos, respiramos, allí tenemos otro… Ayuda a hacer la digestión".

- ¿Y el carbón?: "Mientras sea dulce, significa que siempre hay una oportunidad de mejora", reflexiona Marín.

Si, finalmente, no nos libramos y llega la rabieta (porque, como afirma Marín, "es un día de mucha tensión, en un momento dado puede explotar"), solo hay que respirar hondo y dejar que pase. Hay que evitar los chantajes y tomárselo con humor, no con ironía ni burla, pero sí con calma: "Hay que tener una actitud lúdica. Lo mejor es desarmarles".

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