Vivir dentro de un castillo del siglo X y anunciarlo en Airbnb para que su historia perdure: el día a día de esta pareja de anfitriones que ingresa de 50.000 a 80.000 euros al año

Marc y Ginny, anfitriones del Castillo de Llaés.
Marc y Ginny, anfitriones del Castillo de Llaés.

BI España

  • El Castell de Llaés, en Girona, es un complejo del siglo X con capacidad para 16 personas y que ha sido declarado bien cultural de interés nacional. 
  • Marc y Ginny son los anfitriones de este alojamiento histórico: decidieron tomar las riendas y gestionarlo como un proyecto de vida.

En un pequeño pueblo gironés de la comarca del Ripollès, la Sierra de Milany-Santa Magdalena i Puigsacalm-Bellmunt, el castillo de Llaés adorna el paisaje prepirenaico.

Los frondosos árboles esconden la entidad de Llaés, de 11 habitantes, que alberga en una montaña a 909 metros de altitud un antiguo castillo de más de 1.100 años y que, para suerte de muchos, está abierto al público. 

"Los primeros documentos escritos datan del año 919", explica en una entrevista para Business Insider España Marc Guinjoan, que junto a su pareja Ginny llevan la gestión del alquiler de este edificio histórico que fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional en 1988.

Castell de Llaés

La fortaleza, que se construyó con la idea de ser la primera línea defensiva del Monasterio de Sant Joan de les Abadesses, mantiene la fisonomía original y cuenta con 2 edificios: la iglesia de San Bartolomé y el castillo en sí –la zona donde uno puede alojarse–, que se divide en las escuelas y la Torre del Homenaje. 

El castillo puede acoger a un máximo de 16 personas por alrededor de 500 euros la noche y cuenta con 8 habitaciones, 5 con cama de matrimonio y 3 con 2 camas individuales; sala de estar, comedor, cocina, 4 baños, jardín y terraza; además de un pequeño cementerio.  

Pero, aunque en apariencia uno imagine que puede dormir como un rey, a Marc y Ginny les preocupa las expectativas que puede tener la gente al llegar allí. "No es un castillo de confort. Estamos hablando de baños con ducha o de que, pese a tener calefacción, cuando hace frío, hace frío. Y no puedes venir aquí con un coche de alta gama", apunta esta pareja de Barcelona.

Los huéspedes, eso sí, salen de esta experiencia encantados. 

"El alojamiento tiene un encanto antiguo, pero a su vez tiene todas las comodidades para pasar una estancia muy agradable", señala uno de ellos en una reseña de Airbnb. "¡Ha sido mi mejor experiencia en Airbnb en los últimos 10 años usando la plataforma!", apunta otro usuario.

De rectoría a Airbnb

"El proyecto en sí del castillo lo cogimos ya avanzado", aclaran Marc y Ginny, que desde hace años viven en este lugar donde reina la más absoluta tranquilidad.

Durante mucho tiempo, el castillo fue propiedad de la Iglesia, ya que era una rectoría y también albergaba las escuelas de esta zona rural, explica el antiguo profesor de instituto. 

Durante los años 60 y hasta finales de los 90, el edificio quedó totalmente abandonado, por lo que sufrió mucho. Pero un día, los propietarios actuales del castillo lo descubrieron y se pusieron manos a la obra, literalmente.

"Vieron el castillo y se enamoraron. Lo compraron negociando el precio y consiguieron una oferta muy barata que el obispado aceptó porque se quitaba un problema de encima", relata Marc.

Los propietarios fueron poco a poco reformando el castillo, buscando materiales baratos y trabajándolo con sus propias manos, "como quien se construye una casa". 

Pero pasó el tiempo y, cuando ya casi lo tenían reformado, se dieron cuenta de que habían gastado, además de dinero, 25 años de su vida. La edad les dificultaba subir hasta la propiedad, por lo que decidieron ponerlo en venta a un precio muy elevado. 

"No querían desprenderse de él, pero les resultaba más costoso su mantenimiento", explica Marc, que cuenta que fue en ese momento, en 2013, cuando descubrió este edificio histórico del que quedó prendado.

"Me entró una locura, supongo que la misma que tuvieron los propietarios 25 años atrás, y les hice una oferta, no para comprarlo, sino para alquilarlo y hacer turismo rural mientras continuamos haciendo mejoras en el castillo reinvirtiendo los ingresos obtenidos", apunta.

El joven lanzó esta propuesta pensando que iba a obtener un no por respuesta, pero no fue así. 

Marc y Ginny, anfitriones del castillo.

"El papeleo fue duro, porque la legalización del castillo como turismo rural conllevaba muchos requerimientos y tardamos 15 meses en conseguir los permisos oficiales para su alquiler sin saber si lo lograríamos", asegura.

Ahora, la pareja tiene la gestión y administración de la parte del castillo, mientras que la otra parte continúa siendo de la Iglesia. 

Inversión de vida, no monetaria

"El Castillo de Llaés es un proyecto de reforma y mantenimiento de este bien cultural nacional que, a fuerza de espíritu y de los huéspedes de todo el mundo que nos vienen a visitar, puede continuar su singladura", señalan los anfitriones en el anuncio.

La realidad es que los castillos son muy caros de mantener y uno no comienza este proyecto teniendo como objetivo un beneficio económico, según la pareja.

"Venir aquí es un modo de vida. Puedes perseguir sacar un beneficio, pero es algo que casi no nos lo planteamos porque estás dando vida a un edificio que no la tendría si no tuviera gente", asegura Marc. 

"Nosotros tenemos que vivir dentro porque es inviable vivir fuera sosteniendo otro alquiler. Además, como estamos en una zona rural, cuando vienen los huéspedes necesitan de algún apoyo en la casa, porque estamos apartados de todo. Los mantenimientos son diarios, la caldera hay que ajustarla cada día porque es 'viejuna' para la bestia que es este castillo", señala.

Marc y Ginny pagan un alquiler a los propietarios —una cantidad prefieren no desvelar— y se hacen cargo de los costes del mantenimiento diario, mientras que las inversiones en reformas o mejoras se comparten, como la que acaban de hacer en los baños.

"La última inversión que hicimos fue de unos 3.000 euros para tener un depósito de agua porque entre varios vecinos nos encargamos de proveernos agua del torrente que está a 8 kilómetros. Son servicios básicos que en ciudad son casi obvios, pero que aquí los tienes que crear", explican.

"Estas cosas que lo hacen bonito en apariencia, lo hacen un poco más complicado de gestionar. Por ejemplo, tenemos un pequeño elevador en forma de tirolina con el cual podemos subir las cosas hasta aquí arriba", comentan.

 

Sobre si un proyecto así sale a cuenta, Ginny revela que empieza a salir "después de 10 años", ya que requiere muchos gastos y al principio los clientes llegaban "poco a poco, de forma gradual".

En la actualidad, el alquiler turístico les aporta unos ingresos de entre 50.000 y 80.000 euros al año, dependiendo del grado de ocupación. Es decir, entre 4.160 y 6.660 euros al mes sin descontar gastos.

Pero, subrayan, el proyecto no se centra en el rédito económico. "Para nosotros es como un modo de vida; vivimos con poco, pero tenemos el privilegio de estar donde estamos", afirma Ginny.

Castell de Llaés

Sobre si se plantean comprarlo, la pareja tiene claro que no, ya que el precio de venta era de 1,5 millones de euros, aunque los propietarios nunca les han desvelado cuánto pagaron en origen. 

"Hemos hecho ahora un contrato bien largo para asegurarnos que podamos seguir aquí, porque es un proyecto de vida y como te quedes sin él...", señala Ginny.

Un público curioso y en armonía con sus valores

La plataforma Airbnb, de la que ellos obtienen el 80% de su facturación junto a su web directa, ha lanzado una nueva iniciativa llamada Casas históricas, con la que busca acercar a los usuarios a alojamientos históricos para que puedan disfrutar de una experiencia única. 

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Una iniciativa que se acerca a la filosofía de estos anfitriones, que buscan crear un lugar que promueva la cultura, la historia, el paisaje y el territorio.

Castell de Llaés

"La gente que viene aquí busca el lugar, pero sobre todo reconocer el contexto donde están. Es un perfil de público que le gusta mucho la cultura, la historia y la naturaleza", apuntan. "Preferimos tener menos reservas, pero que sean de un perfil de público que realmente encaje con el lugar".

Del medio millar de personas que suelen visitarles cada año, el 50% es extranjero de corta estancia y, de estos, más de 2 tercios son americanos que llegan buscando conocer más de la historia del lugar y que "reclaman compartir momentos y conocimiento". 

Una carrera de fondo y nuevos planes en mente

Marc admite que los primeros años fueron muy complicados, llegando a plantearse al cabo de unos 2 o 3 años si continuar o no, ya que trabajan fuera para poder sostener el proyecto. 

"Ha sido una maratón y hemos empezado a hacer el proyecto sostenible y que se aguante por sí mismo desde 2018", afirma.

Castell de Llaés

Una de las grandes complicaciones es la relacionada con las limitaciones que se encuentran a nivel urbanístico. Para reformar una casa en el medio rural, explican, hay que mantener ciertas directrices en términos de estética, dimensiones o altura, lo que dificulta cualquier cambio.

El castillo cuenta con 250 metros cuadrados de superficie habitable, además de un patio de unos 300 metros cuadrados distribuidos en diferentes niveles —es una construcción que se ha ido añadiendo por etapas a lo largo de la historia—.

Uno de los proyectos que tienen en mente es la consolidación del entorno montañoso del castillo.

"Con eso buscamos dejar algo de nosotros aquí, a base de mucho esfuerzo, ayudas y papeleos. Pero este proyecto —de 120.000 euros— se va a quedar aquí siglos y siglos. Y no es para tener más confort en el castillo, sino más bien para alargar su vida", sostiene Marc.

En definitiva, afirman, su objetivo es abrir al público una experiencia "totalmente vivencial", dando un poco de vida al castillo dentro de esta gran historia para que así se mantenga en el tiempo.

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