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El gas natural está a punto de convertirse en el nuevo carbón mientras Alemania decide si construir el gasoducto de conexión con Rusia, Nord Stream 2

Un técnico en una planta de gas natural
Reuters

  • El gas está a punto de correr la misma suerte que el carbón con el avance de las energías renovables, y se diluye su papel como backup de las renovables en la transición energética.
  • Los políticos europeos debaten ahora si el gasoducto que conectaría Alemania y Rusia, el Nord Stream 2, se pondrá en marcha.
  • Los motivos no son tan medioambientales como geopolíticos y sobre la mesa está abierto el debate de si el gasoducto habría seguido adelante si no se hubieran invertido ya tantos miles de millones. 
  • En los países desarrollados y también los que están en vías de desarrollo, las voces anticarbón ganan relevancia también con su postura contra el gas natural.
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El gas natural se articulaba, hasta hace bien poco, como un recurso indispensable en la transición en energética. Su papel, primordial, se basaba en hacer de backup de las energías renovables en los momentos en los que no haya viento o sol. Pues bien, esta concepción está cambiando y el gas está a punto de correr la misma suerte que el carbón.

Las señales están ahí, se canceló la construcción del enorme gasoducto de la Costa Atlántica en Estados Unidos y esto se unió a la decisión de Irlanda de limitar las importaciones de esta materia prima. Los políticos europeos debaten ahora si el gasoducto que conectaría Alemania y Rusia, el Nord Stream 2, se pondrá en marcha. En este caso, los motivos no son tan medioambientales como geopolíticos y sobre la mesa está abierto el debate de si el gasoducto habría seguido adelante si no se hubieran invertido ya tantos miles de millones. 

A medida que la transición energética avanza y las renovables ganan terreno, el gas natural corre el riesgo de quedar en un segundo plano en términos de iniciativas públicas y privadas. En los países desarrollados y también los que están en vías de desarrollo, las voces anti carbón ganan relevancia también con su postura contra el gas natural. 

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Las compañías del sector gasístico han pegado un giro ante el cambio de tendencia en la opinión pública hacia la sostenibilidad, que parte de la crisis del coronavirus. Hasta la fecha, más de 1.200 instituciones, que gestionan activos por valor de 14.000 millones de dólares, se han comprometido a desinvertir en combustibles fósiles, según el informe Fosil Free.

La demanda de gas aumentará en Asia, África y Oriente medio, en los próximos cinco años, mientras permanecerá estable en Europa, Eurasia y América del Norte, según la Agencia Internacional de la Energía. En Europa, concretamente, los gobiernos están apostando por la economía verde tras el coronavirus, con la aprobación de los planes climáticos más ambiciosos hasta la fecha.  

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