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La guerra comercial entre China y Estados Unidos en cifras dentro de la industria tecnológica

Donald Trump y Xi Jinping
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos y Xi Jinping, presidente de China, durante la reunión del G20 en Osaka (Japón) celebrada en junio de 2019.. REUTERS/Kevin Lamarque
  • Trump se ha obsesionado notoriamente con el déficit comercial que EEUU arrastra con China, el cual llegó a alcanzar los 419.000 millones de dólares.
  • En juego hay una tasa a los productos importados desde aquellos lares por valor de 300.000 millones de dólares hasta una tarifa del 10%.
  • En este tablero de juego, Apple llegó a perder 44.000 millones de dólares en valoración en un día, Huawei está contras las cuerdas y 1.200 fabricantes estadounidenses se verían afectados por el veto a esta última.

Una de las enseñas de la política económica de Donald Trump ha sido, en este primer y controvertido mandato, la guerra comercial iniciada contra los que considera rivales ilegítimos en la arena internacional. Por un lado, contra la Unión Europea a la que acusa de perseguir a las empresas norteamericanas con medidas como la famosa 'tasa Google'. Por otro, y muy especialmente, contra China.

El Gigante Asiático es el principal objetivo de la ira del presidente estadounidense. Trump se ha obsesionado notoriamente con el déficit comercial que EEUU arrastra con China (que llegó a alcanzar los 419.000 millones de dólares) y con ello ha dado rienda suelta a un sinfín de medidas polémicas que han puesto en peligro el crecimiento industrial a ambos lados del Pacífico.

Leer más: Trump solo dice que China quiere volver a retomar las negociaciones y eso alivia a los mercados haciendo subir a las bolsas

En medio de esta espiral autodestructiva, Trump ha impuesto un sinfín de aranceles contra productos chinos en su territorio. De hecho, ha llegado incluso ha amenazar con una tasa a los productos importados desde aquellos lares por valor de 300.000 millones de dólares hasta una tarifa del 10%. 

Y aunque estas medidas proteccionistas tienen unas miras muy amplias, lo cierto es que una de las industrias más afectadas es la tecnológica. No en vano, muchos incluso apelan a que esto no se trata de una guerra comercial sino de una batalla por la supremacía en el mercado digital. 

Pero, ¿cuál es el impacto que esta guerra comercial está teniendo en el sector TIC? ¿Cómo se están viendo afectadas las empresas de este segmento de actividad? He aquí algunas de las cifras más contundentes sobre el rol de inusitado protagonista que está teniendo el mundo digital en esta guerra sin cuartel entre China y Estados Unidos.

El éxito (relativo) de Trump

Hay que admitir que, al menos desde una perspectiva cortoplacista y efectista, las propuestas económicas de Donald Trump están surtiendo efecto.

De hecho, EEUU vive actualmente la época de expansión más larga de su historia, ha conseguido reducir el déficit comercial con China a apenas 20.000 millones de dólares en lo que va de año y también ha promovido la repatriación de dos billones de dólares en capitales que las multinacionales norteamericanas guardaban en el exterior, la mayoría de ellas con actividad principal en el sector tecnológico.

Freno a las grandes inversiones chinas en EEUU

Eso sí, lo está logrando a base de tensar la cuerda con sus socios comerciales y, también, con sus enemigos en los mercados. De hecho, EEUU está enfrentándose a la oposición de la Unión Europea y de China a diario, con lo que ello puede suponer a medio y largo plazo para las inversiones extranjeras en suelo norteamericano.

Sin ir más lejos, y según datos de la consultora Rhodium Group, las empresas chinas han invertido en Estados Unidos unos 1.800 millones de dólares en lo que va de año, lo que supone un descenso de más del 90% respecto al curso anterior. Y huelga decir que gran parte de ese montante iba a ir destinado a empresas, startups y proyectos de innovación digital.

Locura en los parqués

Quizás el mejor reflejo de la guerra comercial lo encontramos en la locura que se está viviendo en los parqués al compás de los anuncios de nuevos aranceles por parte de Washington DC o Pekín.

En ese sentido, durante el pasado curso el índice Hang Seng de Hong Kong cayó más de un 13% y el Compuesto de Shanghai hizo lo propio en un 25%. Tampoco las bolsas norteamericanas se benefician de esta batalla: en 2018, el índice Dow Jones industrial cayó en casi un 6% en 2018.

Huawei como ejemplo paradigmático

Ren Zhengfei, fundador de Huawei
Ren Zhengfei, fundador de Huawei. REUTERS/Aly Song

Huawei ha sido el objeto de multitud de los ataques de Donald Trump contra China. Con la excusa de una falsa amenaza a la seguridad nacional, el presidente norteamericano ha iniciado investigaciones sin fundamento contra la firma asiática hasta el punto de incluir a esta compañía en una lista negra con la que las empresas norteamericanas no pueden comerciar de ninguna forma.

Una medida exagerada que obligó a grandes nombres como Google a romper lazos con Huawei. Nada menos que 1.200 empresas norteamericanas podrían verse afectadas por este veto a Huawei y otras compañías tecnológicas chinas. Y si bien la medida se ha paralizado y reactivado en función de las negociaciones entre ambos países por la guerra comercial, lo que está fuera de cualquier duda es que ninguno de los dos bandos se está beneficiando de esta incertidumbre y persecución política.

Apple perdió 44.000 millones en un solo día

Otro de los nombres a tener en cuenta en esta guerra comercial es el de Apple, compañía muy expuesta a las locuras de Trump en este terreno tanto a nivel comercial como de producción. Tanto es así que, hace apenas unas semanas, la firma de Tim Cook llegó a perder 44.000 millones de dólares en su valoración bursátil en tan solo un día debido a esta lucha sin cuartel.

No hay que olvidar que Trump ha invitado en numerosas ocasiones a las compañías patrias, como Apple, a buscar alternativas a la fabricación en masa en China. En el caso del productor del iPhone o el iPad, es un gigante chino -Foxconn- el que se encarga del ensamblaje de los dispositivos, con una capacidad de producción que hoy por hoy no podría ser reemplazada por Apple en ninguna otra planta del mundo.

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