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Comienza el juicio entre Uber y Waymo sobre conducción autónoma que podría cambiar el Silicon Valley que conocemos

El anterior CEO y fundador de Uber, Travis Kalanick
El anterior CEO y fundador de Uber, Travis Kalanick. Windle/Getty Images for Vanity Fair
  • Uber y Waymo se enfrentan al fin en los tribunales por las acusaciones de que Uber robó "secretos industriales" relacionados con la tecnología de conducción autónoma.
  • El caso que enfrenta a las dos compañías pivota sobre la figura de Anthony Levandowski, un ingeniero estrella acusado de abandonar Google con información confidencial que luego aprovechó en Uber.
  • Google persigue una indemnización por daños y perjuicios de Uber, así como una orden judicial permanente que le impida utilizar la tecnología.
  • El caso, sin embargo, podría tener implicaciones más allá de las compañías enfrentadas sobre las políticas de contratación en Silicon Valley
  • Sea cual sea el resultado del juicio, el caso está lejos de ser el final de Uber, aunque sí que podría ser un gran revés.

Uber y Waymo se enfrentan al fin en los tribunales y nadie duda de que saltarán chispas en la sala.

Este lunes (en horario de la costa oeste de EE. UU.), comienza oficialmente la que promete ser una de las batallas legales más grandes de la historia de Silicon Valley para determinar si Uber robó secretos industriales de Waymo, la empresa propiedad de la matriz de Google, Alphabet, dedicada al desarrollo de vehículos autónomos.

La historia ha dado durante todo 2017 varios titulares incendiarios sobre la supuesta mala conducta de Uber y desatado el debate sobre lo apropiado o no de la filosofía de "muévete rápido y rompe cosas", tan popular en Silicon Valley y que la empresa de vehículos con conductor ha personificado (aunque no acuñado) más que ninguna otra compañía.

Un guión digno de cualquier éxito de Hollywood con dos gigantes tecnológicos enfrentados y el goteo de acusaciones y filtraciones hasta el día del juicio han creado tal revuelo que el juez federal responsable del caso en San Francisco (EE. UU.), William Alsup, ha tenido que reiterar en varias ocasiones que el caso sigue siendo lo que era en su origen: una disputa sobre propiedad intelectual.

"El principal tema sigue siendo si Uber usurpó o no los secretos industriales o comerciales [de Waymo], no si Uber es una empresa malvada", ha explicado.

Sea cual sea el resultado del juicio, es muy improbable que este pueda ser irremediable para Uber, ni siquiera para sus aspiraciones en el campo de la conducción autónoma. No obstante, en lo que a su reputación como empresa se refiere, puede que el daño ya esté hecho.

Más allá del amargo conflicto entre Uber y Waymo, el caso podría tener consecuencias mucho más amplias sobre las políticas y técnicas de contratación en la batalla eterna y ultracompetitiva por el talento que caracteriza la industria tecnológica.

Anthony Levandowski: el gran fichaje que se convirtió en un gran dolor de cabeza

En el origen del caso se encuentra la figura de Anthony Levandowski, un ingeniero estrella que trabajó en las primeras iniciativas de Google para coches autónomos (el proyecto que después se convertiría en Waymo) hasta formar parte del equipo inicial de la start up de camiones autónomos Otto, la cual fue comprada después por Uber.

Levandowski está acusado de haberse llevado consigo cantidades ingentes de documentos confidenciales de Google cuando abandonó la compañía. Esos secretos comerciales son los que supuestamente utilizó el ingeniero ya en Uber para desarrollar su propia versión de la tecnología líder, un tipo de sensor radar clave para los vehículos sin conductor.

Antes de fichar a Levandowski, Uber contrató un despacho de abogados para realizar las comprobaciones debidas necesarias al conocer que el ingeniero había manejado una gran cantidad de documentos confidenciales de Google. Levandowski, sin embargo, aseguró que los había destruido. Uber, por su parte, insiste en que esa información nunca llegó a los servidores de la compañía.

Kalanick y Anthony Levandowski
De izquierda a derecha, Kalanick y Anthony Levandowski. Associated Press

Durante el último año, con el avance del caso y a medida que se conocían más detalles, Uber ha salido cada vez peor parada, sobre todo después de la conocida como la "carta de Jacobs", un documento escrito por el abogado de un antiguo trabajador de Uber. Según Jacobs, un equipo especial dentro de Uber, que utilizaba servicios de mensajería con autodestrucción, se dedicaba a piratear los sistemas informáticos de la competencia, robar datos de otras empresas y grabar las conversaciones privadas de ejecutivos rivales en hoteles.

Las anécdotas y detalles más escabrosos han ensombrecido en más de una ocasión el verdadero tema de fondo, lo que explicaría el recordatorio del juez Alsup sobre una supuesta "empresa malvada".

"La insistencia de Waymo en dedicar tanto tiempo y esfuerzo a perseguir asuntos con tan poca conexión con el fondo [del caso] plantea la posibilidad de que Waymo no quiera o sea incapaz de presentar un caso sólido [...] y por eso busca incendiar al jurado contra Uber con una letanía de supuestos hechos negativos", ha explicado el juez.

Levandowski fue despedido de Uber en 2017 tras negarse a cooperar con el equipo legal de la compañía. Él no está acusado en el caso, pero probablemente sí que será llamado como testigo, aunque se espera que se acoja a la quinta enmienda [de la Constitución de los Estados Unidos] en vez de contestar a las preguntas.

El caso también podría tener otras implicaciones mayores en la guerra por el talento que caracteriza la industria tecnológica, con muchos ingenieros de alto nivel saltando de empresa en empresa.

Gran parte del caso entre Uber y Waymo se basa en la definición exacta de qué es un secreto industrial o empresarial. En términos generales, se suele considerar como tal la información con valor económico que no es conocida por el público o personas que pudieran obtener un rédito de saberla. Sin embargo, esta definición no incluye los conocimientos y habilidades profesionales de las personas, algo que puede complicar mucho el asunto.

"Cuando [los ingenieros] cambian de trabajo con nuevos empleadores, no se puede esperar que borren de su memoria las lecciones y experiencias naturales del trabajo y queden libres de usarlas según la ley", escribió el juez Alsup en un borrador con información para los miembros del jurado. "Los ingenieros, no obstante, tampoco pueden buscar y asumir nuevos puestos con nuevos empleadores a fin de aprovechar y dar a conocer las soluciones específicas de ingeniería desarrolladas por sus empleadores anteriores".

Waymo defiende que Levandowski robó los secretos industriales de la compañía y los usó para impulsar el desarrollo de la tecnología lídar en Uber. Uber, por su parte, asegura que desarrolló toda su tecnología de forma independiente y adecuada, y que, en todo caso, los "secretos industriales" de Waymo ni siquiera deberían considerarse como tal.

Uno de los Chrysler Pacifica modificados por Waymo durante unas pruebas de la compañía.
Uno de los Chrysler Pacifica modificados por Waymo durante unas pruebas de la compañía en una antigua base militar de California (EE. UU.) en octubre de 2017. Waymo

Tradicionalmente, California nunca se ha mostrado preocupada por el tránsito continuo de talento entre empresas. La mayoría de las empresas de Silicon Valley han rechazado las cláusulas de no competencia en los contratos de sus trabajadores, las cuales podrían evitar que estos pudieran trabajar para la competencia tras abandonar una empresa. Un enfoque muy estricto de este punto podría dar la sensación de limitar a los ingenieros el saber y experiencia que pueden aportar a un puesto de trabajo, además de abrir la puerta a muchos más disputas sobre secretos industriales durante las contrataciones.

"Cada vez que se tiene un caso de alto perfil como este [...] con secretos comerciales en disputa y el demandante gana, pienso que probablemente acaba por tener un impacto mayor", explica a Business Insider la profesora de la facultad de derecho Fredric G. Levin de la Universidad de Florida (EE. UU.) Elizabeth Rowe. "Sospecho que si ganan ese sí, también podría causar que la gente se pare un momento y se lo piense dos veces [la cuestión de los secretos industriales]".

El juez Alsup ha intentado hasta ahora equilibrar la propiedad intelectual de las empresas con la libertad de los trabajadores para cambiar de empresa, tal y como hizo en una audiencia previa al juicio en noviembre de 2017. "¿Se supone que un ingeniero debe hacerse una lobotomía antes de pasar al siguiente trabajo? La respuesta tiene que ser no, pero dicen que conocen la receta de Coca-Cola. Tienen que olvidar eso antes de su próximo trabajo".

Pase lo que pase, no es una sentencia de muerte para Uber

Waymo busca dos cosas en el juicio: la compensación por daños y perjuicios y una orden judicial permanente que impida a Uber utilizar los supuestos secretos industriales de la empresa de Google. Si Waymo logra convencer al jurado de que sus secretos empresariales son de verdad secretos comerciales, este podrá determinar los daños y perjuicios correspondientes, pero será el juez Alsup quien decida sobre una posible orden judicial.

El anterior director ejecutivo y fundador de Uber, Travis Kalanick, ha declarado en más de una ocasión que el futuro de la empresa depende de la tecnología de conducción autónoma. Pese a ello, una orden judicial como la que sobrevuela el caso no sería ninguna catástrofe. Podría ser embarazosa, sí; pero no una catástrofe. Los vehículos autónomos que Uber tiene en las calles o cuenta con sacar no utilizan la tecnología en disputa, sino que se basan en la tecnología a la venta de una tercera empresa, Velodyne.

El actual consejero delegado de Uber,
El actual director ejecutivo de Uber, Dara Khosrowshahi. Kevork Djansezian / Staff

El coste real para Uber, sea cual sea el resultado del juicio, puede ser el ataque masivo a su reputación. Durante el último año, Uber ha sido golpeada por un escándalo tras otro, desde las acusaciones de discriminación sexual en la empresa, hasta el comportamiento horrible de sus ejecutivos; un proceso que tuvo su punto álgido en el despido del propio Kalanick. Perder el juicio contra Waymo podría ser visto por muchas personas como una suerte de justicia poética, el remate final a su sórdida historia.

"Uber ha permanecido a la defensiva durante todo el pleito, tanto dentro como fuera del juzgado. Si bien ha logrado algún progreso restringiendo el alcance del caso Waymo, la empresa no ha logrado deshacerse de las acusaciones principales ni mitigar la persistente sospecha de que hizo algo mal; una acusación que encajaría con otras metidas de pata destacadas de la empresa", explica por correo electrónico el profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad Santa Clara (EE. UU.) Eric Goldman.

"Además, el litigio ayudó a forzar a Uber a echar de la empresa a su experto en vehículos autónomos Levandowski, lo que convirtió la compra de su start up en una operación muy, muy costosa para Uber", añade.

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