El CEO de Merck explica cómo la industria ha conseguido acelerar los procesos de la vacuna y asegura que la cultura de las alianzas ha llegado para quedarse

Miguel Fernández, CEO de Merck.
Miguel Fernández, CEO de Merck.
Business Insider España
  • La velocidad a la que se han desarrollado las vacunas constituye un récord para la ciencia, ya que normalmente es un proceso que puede llegar a tardar una década.
  • "Se han dado muchas circunstancias que han ayudado a que esto ocurra a esta velocidad", asegura Miguel Fernández, CEO de Merck en España, durante una entrevista con Business Insider España.
  • El CEO destaca que hay una parte muy relevante del desarrollo científico que ha contribuido a la solución a la pandemia, pero que ha sucedido al margen de ella. 
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Las primeras vacunas contra el coronavirus están siendo aprobadas menos de un año después de que la Organización Mundial de la Salud declarara la pandemia mundial. Pfizer y Moderna han sido las primeras compañías en obtener la autorización de emergencia y la inmunización ha comenzado ya en Reino Unido y Estados Unidos y empezará pronto en el resto de la Unión Europea. 

La velocidad a la que se han desarrollado las vacunas constituye un récord para la ciencia, ya que normalmente es un proceso que puede llegar a tardar una década

Precisamente esa aceleración ha despertado la suspicacia de muchas personas y ha alimentado a los movimientos antivacunas, mientras crece el rechazo entre la población a vacunarse o, al menos, a ser de los primeros. 

Por ejemplo, los españoles se muestran cada vez más reacios a vacunarsesegún los datos de la encuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) coordinada por el Instituto de Salud Carlos III que da seguimiento al comportamiento y las actitudes de la población relacionadas con el COVID-19 en nuestro país. 

Los datos referidos al mes de septiembre revelan que el número de personas dispuestas a ponerse una vacuna contra el COVID-19 es tan solo del 43% frente al 70% de encuestados que afirmaban lo mismo en junio. 

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Las principales razones por las que la población dice que no se pondría la vacuna son: “puede tener riesgos para mi salud” (59%); “me pondría una segunda o tercera, no la primera” (37%) y “creo que no será eficaz” (16%).

Los expertos y los directivos de la industria farmacéutica insisten en el mensaje de que el rigor científico no ha sido sacrificado en el proceso, sino que la situación excepcional ha atraído una gran inversión que ha permitido avanzar a esa velocidad. 

Miguel Fernández, CEO de Merck en España, compañía que colabora en la búsqueda de nuevos tratamientos y de maneras en las que facilitar la fabricación y distribución de vacunas, explica cómo se ha logrado este hito científico. 

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La facilidad para reclutar voluntarios y la inversión han sido claves para acelerar los procesos 

"Se han dado muchas circunstancias que han ayudado a que esto ocurra a esta velocidad", asegura el CEO de Merck. 

En primer lugar, el hecho de que sea una pandemia mundial hace que "el nivel de pacientes que puedes reclutar en ensayos es mucho más sencillo"

Además, la pandemia ha supuesto una crisis sanitaria sin precedentes a nivel global, por lo que las inversiones desde el ámbito privado y público tampoco se habían vivido antes, señala el CEO. 

"No habíamos vivido otro acontecimiento en la humanidad que haga que todos estemos focalizados en solventar el problema", reflexiona. 

Novavax, por ejemplo, ha recibido 1.600 millones de dólares de la Operación Warp Speed, la iniciativa estadounidense para acelerar la llegada de vacunas contra el COVID-19 y Johnson & Johnson también ha recibido 350 millones de dólares de la vacuna de la misma iniciativa. 

Sin embargo, el CEO destaca que hay una parte muy relevante del desarrollo científico que ha contribuido a la solución a la pandemia, pero que ha sucedido al margen de ella.

"Se lleva muchos años investigando en plataformas de vacunas y esa investigación se ha podido poner al servicio de la pandemia desde enero, pero no es que estemos empezando de cero", explica. 

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"Las compañías y los investigadores, tanto del ámbito público como del ámbito privado y de las universidades, ya teníamos una base bastante sólida con la que empezar a trabajar", asegura, señalando la importancia de las investigaciones sobre virus que causan patologías parecidas y que han permitido acortar tiempos. 

Merck, por ejemplo, ha puesto al servicio de la pandemia una tecnología que permite acortar uno de los procesos clave del desarrollo de vacunas de 12 meses a tan solo 2. 

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"Llevábamos 3 años trabajando con el Instituto Jenner y la Universidad de Oxford en cómo poder hacer que esto ocurriera para cualquier proceso de este tipo de vacunas", explica el CEO. "Ahora ha ocurrido esta pandemia y hemos sido capaces de finalizar este proceso, pero ya llevamos treinta y seis meses trabajando con ellos", sostiene. 

También la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y AstraZeneca ha avanzado a mucha velocidad en parte gracias a que la plataforma utilizada—un adenovirus del resfriado común inofensivo en humanos— ha probado su eficacia en ensayos anteriores y, en concreto, en las primeras fases de ensayos contra el MERS

"La casualidad no existe. La causalidad, sí", concluye el CEO de Merck. 

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La cultura de las alianzas ha venido para quedarse 

Otro de los grandes paradigmas de esta crisis ha sido la alianza entre compañías que normalmente son competidoras, así como una colaboración sin precedentes entre el sector público y privado para flexibilizar los procesos y hacer avanzar la investigación y la aprobación de vacunas y tratamientos. 

Además, los primeros éxitos de las compañías rivales han sido celebrados desde el primer momento por las demás farmacéuticas que veían confirmadas sus líneas de investigación. 

"Los resultados de Pfizer y Moderna son extremadamente positivos y esperanzadores para el resto de vacunas", aseguraba Joaquín Duato, vicepresidente del Comité Ejecutivo de Johnson & Johnson, en el Encuentro Sectorial del Sector Sanitario 2020 del IESE. 

"Es el momento de compartir y no de competir", resume Miguel Fernández. 

"De esta crisis es imposible que salgamos cada uno por nuestro lado, haciendo nuestra batalla individual", advierte.

"Las alianzas son fruto de que hemos entendido que no hay otra manera de hacerlo", asegura. Merck ha establecido alianzas con compañías privadas, así como con organismos públicos y organizaciones sin ánimo de lucro para hacer frente a la pandemia. 

La compañía, por ejemplo, fue una de las primeras en sumarse a la iniciativa llevada a cabo por  la Fundación Bill y Melinda Gates que busca crear un consorcio de empresas que permitiera que los medicamentos, tratamientos, vacunas desarrollados contra el coronavirus se distribuyan lo antes posible y lo más igualitariamente posible a todos. 

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Sin embargo, Fernández asegura que era una tendencia que ya se venía consolidando y que la crisis sanitaria ha acelerado. 

"Ya lo estábamos empezando a ver en el ámbito de la ciencia y, sobre todo, de la tecnología", explica el CEO. "Nosotros, por ejemplo, los dos próximos medicamentos que esperamos comercializar vienen de alianzas con compañías", adelanta. 

"Yo creo que el tema de las alianzas es algo que llevamos en nuestro ADN, porque llevamos toda la vida y sobre todo en los últimos años, pidiendo ayuda y ayudando a su vez. Es decir, gestionando proyectos comunes", asegura. 

"¿Qué es lo que ha hecho esta pandemia? Pues lo que hacen todas las crisis: acelerar y poner de manifiesto la necesidad de acelerar lo que creemos que ya estaba funcionando para que esto ocurriera de una manera más ágil", concluye Fernández. 

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