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Se publican los sorprendentes resultados de la sonda Voyager 2 de la NASA: revelan que hay una capa misteriosa que envuelve el Sistema Solar

Ilustración de la sonda Voyager
  • La sonda Voyager 2 de la NASA envió datos excepcionales mientras cruzaba al espacio interestelar hace casi un año. Los científicos acaban de publicar sus descubrimientos.
  • Los datos sugieren la existencia de capas límite previamente desconocidas más allá del borde de nuestro sistema solar en un área conocida como heliopausa.
  • Los científicos esperan lanzar nuevas misiones al espacio interestelar para poder estudiar este rompecabezas y otros misterios de la misión Voyager.
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La sonda Voyager 2 de la NASA salió de nuestro sistema hace aproximadamente un año. De esta forma se convirtió en la segunda nave espacial en entrar en el espacio interestelar.

Durante seis años siguió a su nave hermana, la Voyager 1, que alcanzó los límites del Sistema Solar en 2012. Sin embargo, uno de los instrumentos de medición de plasma de la Voyager 1 se había dañado por lo que la sonda no pudo recoger datos cruciales sobre la transición de nuestro sistema con el espacio interestelar.

La Voyager 2, que dejó el Sistema Solar sin tener ningún instrumento dañado, completó el grupo de datos que faltaban. Los científicos compartieron sus hallazgos por primera vez el lunes a través de cinco artículos publicados en la revista Nature Astronomy.

Los análisis indican que hay misteriosas capas adicionales entre la burbuja que forma nuestro sistema y el espacio interestelar. El Voyager 2 detectó vientos solares, flujos de partículas de gas cargadas que vienen del sol, filtrándose desde el Sistema Solar. Poco más allá del borde de nuestro sistema, estos vientos solares interactúan con los vientos interestelares: gas, polvo y partículas cargadas que fluyen a través del espacio debido a explosiones de supernovas de hace millones de años.

"El material de la burbuja solar se filtraba hacia fuera directo a la galaxia a distancias de hasta mil millones de kilómetros", dijo Tom Krimigis, un físico autor de uno de los documentos, en una conferencia con periodistas.

Las nuevas capas límite sugieren que hay etapas en la transición de nuestra burbuja solar al espacio y que van más allá de lo que los científicos no conocían previamente.

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El lugar donde los vientos solares e interestelares actúan

Fotografía de Urano tomada por la Voyager 2
Fotografía de Urano tomada por la Voyager 2 el 14 de enero de 1986 a una distancia de 13 millones de kilómetros. NASA/JPL

NASA/JPL

El 5 de noviembre de 2018, la Voyager 2 dejó lo que se conoce como "heliosfera", una burbuja gigante de partículas que fluyen desde el sol y que envuelve nuestro sistema. Al hacerlo, la sonda cruzó un área límite llamada "heliopausa". En ese área, en el borde de la burbuja de nuestro sistema, los vientos solares se encuentran con un flujo de viento interestelar y se repliegan sobre sí mismos.

Ambas naves tardaron menos de un día en atravesar la heliopausa. Las sondas gemelas están ahora acelerando a través de una región conocida como "arco de choque", donde el plasma del espacio interestelar fluye alrededor de la heliosfera, como el agua que lo hace alrededor de la proa de un barco en movimiento.

Ilustración de la heliosfera
La ilustración muestra la posición de la Voyager 1 y la Voyager 2 de la NASA fuera de la heliosfera. NASA/JPL-Caltech

NASA/JPL-Caltech

Ambas sondas Voyager midieron los cambios en la intensidad de los rayos cósmicos a medida que cruzaban la heliopausa así como la transición entre los campos magnéticos dentro y fuera de la burbuja.

Pero debido a que gran parte de la transición entre nuestro sistema al espacio exterior está marcada por cambios en el plasma (un gas ionizado caliente cuyo estado es el más abundante de la materia en el universo), el instrumento dañado de la Voyager 1 tuvo dificultades para medirlo.

Ahora las mediciones de la Voyager 2 indican que los límites entre nuestro sistema solar y el espacio interestelar quizás no sean tan simples como los científicos pensaban. 

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Los datos indican que hay una capa límite previamente desconocida justo más allá de la heliopausa. En esa zona, los vientos solares se filtran hacia el espacio e interactúan con los vientos interestelares.

"Parece que hay una región justo fuera de la heliopausa a la que aún estamos conectados —todavía hay alguna conexión hacia el exterior", dijo Edward Stone, un físico que ha trabajado en las misiones del Voyager desde 1972.

Ilustración del Sistema Solar y la Voyager

Otros resultados obtenidos de los nuevos análisis también muestran una complicada relación entre el espacio interestelar y nuestro sistema solar en sus fronteras.

Los científicos encontraron que más allá de la misteriosa capa recién descubierta, hay otra capa límite mucho más gruesa donde el plasma interestelar fluye sobre la heliopausa. Allí, la densidad del plasma se multiplica por 20 o más en una región que abarca miles de millones de kilómetros. Esto sugiere que algo está comprimiendo el plasma fuera de la heliosfera. Sin embargo, los científicos no saben qué es. 

"Eso actualmente representa un rompecabezas", dijo Don Gurnett, un astrofísico autor de uno de los cinco artículos publicados en Nature.

Es más, los nuevos resultados también mostraron que en comparación con la Voyager 1, la Voyager 2 experimentó una transición mucho más suave desde la heliopausa a un nuevo y fuerte campo magnético más allá del Sistema Solar.

"Sigue siendo un rompecabezas", dijo Krimigis.

Los científicos esperan continuar estudiando estos límites durante los próximos cinco años antes de que las sondas de la Voyager se queden sin combustible.

"La heliopausa es un obstáculo para el flujo interestelar", agregó Stone. "Queremos entender esa compleja interacción a la mayor escala posible".

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5 años más de datos de la Voyager

Lanzamiento de la sonda Voyager 2
La nave espacial Voyager 2 se lanzó desde el Kennedy Space Center el 20 de agosto de 1977. NASA/JPL

NASA/JPL

La NASA lanzó las sondas Voyager en 1977. La Voyager 2 se lanzó dos semanas antes que la Voyager 1 en una misión especial que consistía en explorar Urano y Neptuno. Actualmente sigue siendo la única nave espacial que ha visitado esos planetas.

El desvío significó que la Voyager 2 alcanzaría el espacio interestelar seis años después que su nave hermana. En estos momentos es la misión más larga de la NASA.

"Cuando se lanzaron las dos Voyagers, la Era Espacial tenía solo 20 años, así que era difícil saber en ese momento que cualquier cosa podría durar más de 40 años", dijo Krimigis.

Ahora los científicos prevén obtener cinco años más de datos de las sondas a medida que avanzan hacia el espacio interestelar. El equipo espera que las dos Voyager alcancen el punto donde el espacio no es perturbado por la heliosfera antes de que se queden sin combustible.

Las dos naves quedarán a la deriva por el espacio una vez que estas dejen de funcionar. En caso de que los extraterrestres las encuentren, cada sonda Voyager contiene un registro codificado con sonidos, imágenes y otra información sobre la vida en la Tierra.

En el futuro, los investigadores quieren enviar más sondas en diferentes direcciones hacia los bordes de nuestro sistema para estudiar estas capas límite con más detalle.

"Necesitamos más datos. Aquí hay toda una burbuja y solo cruzamos en dos puntos", dijo Krimigis. "Dos ejemplos no son suficientes".

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