Los creadores famosos en redes sociales huyen a la Web3, donde los NFT quizás sean falsos, pero el dinero y la comunidad son reales, e Instagram y YouTube no pueden quitárselos

Una imagen de un NFT propiedad de Jessie Nickson-Lopez.
Una imagen de un NFT propiedad de Jessie Nickson-Lopez.

Jessie Nickson-Lopez.

Liam Baker se enorgullece de su NFT. Era una buena inversión, pensaba. Y como símbolo de su creencia en un nuevo ecosistema digital que crecía lejos de los centros de poder tradicionales, como la banca y las redes sociales, le abrió las puertas.

Al igual que otros millones de tokens no fungibles, el NFT de Baker utilizaba la tecnología blockchain para demostrar que era el legítimo propietario de un dibujo digital único de un mono. 

Este en particular, del Club Náutico de Monos Aburridos, le consiguió al estudiante de 21 años de la Universidad de Ohio unas prácticas en una empresa de inversiones de California. También se le invitó a unirse a un club de NFT en el que los miembros pueden subirse a un Porsche 911 real y conseguir que sus coches estén envueltos en una imagen de NFT de su elección.

Pero, sobre todo, el NFT le proporcionó una conexión con un grupo de personas que compartían sus intereses. 

"Nadie que conozca aquí está metido en esto", dice Baker de sus compañeros de la universidad de Ohio. "Me siento como un paria por estar metido en esto. Y no se trata sólo del dinero, que me interesa, sino también de la gente".

Una imagen de un NFT propiedad de Liam Baker.

Los NFT representan una de las partes más candentes de la locura por las criptomonedas y la Web3 que se ha apoderado de Silicon Valley, Wall Street, Hollywood e incluso Disney. Los fraudes y las estafas abundan. Se cuestiona la tecnología. Los creyentes son objeto de burla por adquirir productos digitales potencialmente sobrevalorados o incluso falsos. 

Sin embargo, más allá del auge, las pérdidas y las fanfarronadas, está ocurriendo algo real que sólo internet puede ofrecer: millones de personas se reúnen para discutir, debatir, bromear, entretenerse e intercambiar entre sí de nuevas maneras. 

Cuando los Beanie Babies (unos peluches que durante años causaron furor en Estados Unidos) cambiaban de manos por miles de dólares en eBay en los años 90, la gente se burlaba. Los precios se desplomaron, pero eBay y su división PayPal llegaron a valer más de 100.000 millones de dólares. Cuando los niños publicaban cosas constantemente en MySpace, los padres no entendían nada. Ahora los padres son adictos a Facebook, una empresa de 600.000 millones de dólares. 

¿Podría volver a ocurrir lo mismo, esta vez más allá del alcance de una internet centralizada y dominada por Facebook y el resto de las grandes empresas tecnológicas?

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Baker, el estudiante de Ohio, cree que sí, incluso después de que alguien le robara su mono. Una persona anónima le ofreció 29 éteres, unos 90.000 dólares, por el NFT. La persona envió a Baker lo que parecía ser un enlace de transferencia. Pero en realidad era una puerta trasera para colarse en la criptocartera de Baker. En un milisegundo criptográfico, el mono digital había desaparecido. 

Poco después, se vendió a otra persona por el equivalente en criptomonedas de unos 40.000 dólares. Baker se ha puesto en contacto con el FBI, pero no tiene forma de recuperar su simio.

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A pesar de esta costosa experiencia, Baker no tiene intención de dar marcha atrás en su aventura en la Web3. Todo forma parte de la idea de ser uno de los primeros en llegar a este espacio, y los beneficios en el mundo real son muchos, afirma. Los cientos de respuestas que recibió tras publicar en Twitter la noticia del robo significaron mucho para él y reforzaron su sensación de formar parte de una comunidad solidaria.

"Me anima", dice. "Tengo que seguir adelante. Si quiero ser mi propio banco, tengo que entender los riesgos inherentes".

"La gente puede salir perjudicada, pero las recompensas superan a los riesgos"

Los implicados en la Web3 -creadores, inversores, propietarios de negocios- son un grupo muy optimista. Según las personas con las que ha hablado Business Insider para este reportaje, la moneda, los bienes y el comercio digitales son el futuro, pero aún están en pañales. 

No se puede negar el fraude, las estafas y el charlatanismo, pero las oportunidades y el floreciente sentido de comunidad mantienen a los verdaderos creyentes entusiasmados frente a las dudas y las críticas. 

"Es el Salvaje Oeste, y todo el mundo viene a por la fiebre del oro", afirma Pascal Gauthier, director general de Ledger, una criptocartera segura. "La gente puede salir perjudicada, pero las recompensas superan a los riesgos. Y con el tiempo, con la llegada de la tecnología y la maduración del mercado, las estafas desaparecerán".

Pascal Gauthier, director general de Ledger.

Uno de los principales atractivos de Web3 es, por supuesto, el dinero. Incluso en el ámbito de la creación, los partidarios dicen que el valor puede fluir más directamente entre los usuarios y los artistas, sin que las grandes empresas tecnológicas o financieras se interpongan y se lleven su parte. 

Un creador, un influencer o una celebridad pueden acuñar sus propios NFT o un token para venderlo a los fans que pagan en criptomonedas. Los creadores obtienen la mayor parte del precio de venta inicial de un NFT y una parte de las futuras comisiones de comercialización de los tokens que crean. 

Los fans reciben, con suerte, un bien digital novedoso que tendrá más ventajas en el futuro. Incluso podría aumentar su valor, y pueden venderlo para obtener un beneficio o simplemente mantener el derecho a presumir online.

"El mayor valor de Web3 es la posibilidad de que tu comunidad se apropie de una parte de tu éxito y te ayude a crecer mucho más rápido", afirma Jon Youshaei, creador y asesor que solía trabajar para Instagram y YouTube. 

"Los incentivos están más alineados. Con suerte, la persona que compra tu NFT está impulsando el engagement y el tiempo de visionado, que es lo mismo que haría subir el precio del NFT".

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Se calcula que sólo el año pasado se negociaron 36.000 millones de euros en NFT. Se dice que Bored Ape Yacht Club, lanzado por Yuga Labs el año pasado, ya ha obtenido unos 61,5 millones de euros en ventas secundarias, tras unas ventas iniciales de 2,2 millones de euros. 

"En cierto sentido, os NFT representan una propiedad fraccionada en una empresa o un creador", dice Mike Knittel, un asesor financiero que pronto lanzará un fondo de NFT. "La forma antigua es vender acciones en una salida a bolsa. Por lo general, no se entra en ella antes de tiempo, a menos que se invierta más de 88 millones de euros. Con esto, es una subida democratizada y todos tenemos acceso".

Las acciones son una forma de considerar a los creadores y a Web3. Los creadores son las entidades. Su oferta de NFT y tokens son las acciones. Cómo se valoran esas acciones depende en gran medida del bombo y platillo o del valor artístico inherente que un coleccionista ve en la obra digital de alguien. 

"Me quedé con la boca abierta, y no fue por el dinero"

Quinn Slocum, fotógrafo y cofundador de la startup metav3rse.io, afirma que llegó a Web3 inicialmente por la frustración que le producían los métodos tradicionales de venta de su obra. "Nunca había vendido una impresión antes de entrar en este espacio", afirma Slocum.

Entonces empezó a oír hablar de compañeros que acuñaban NFT y recibían ofertas de hasta 20 ETH, o unos 52.700 euros, así que lo intentó. Tardó unos meses, pero después de que un amigo publicara su trabajo en Foundation, vendió todos sus NFT, con un precio de 1 ETH cada uno, en 24 horas.

"Lloré a mares, y no fue por el dinero", dice Slocum. "Fue saber que alguien creía en mi trabajo. Puedes hacer valer tu condición de artista en el mundo digital".

Imagen de un NFT propiedad de Quinn Slocum.

Foundation, un servicio que utiliza el blockchain de ethereum para conectar a artistas y coleccionistas, dice que ha hecho ganar a los creadores el equivalente en a 148,7 millones de euros desde su lanzamiento en febrero de 2021. 

Y eso es solo en las ventas iniciales. Los creadores son dueños de sus "contratos inteligentes", un acuerdo de venta escrito en líneas de código almacenadas en blockchain. Estos contratos incluyen pagos garantizados por las ventas sucesivas que se hagan de sus creaciones digitales.

Los artistas que venden a través de las galerías tradicionales suelen tener que pagar el 50% de las comisiones, y sólo cobran por la venta inicial. El estándar para un NFT suele ser una comisión del 2,5% cobrada por una plataforma como OpenSea. Además, los creadores obtienen una parte de todas las ventas secundarias, llevándose entre el 5% y el 10% de esas transacciones posteriores. 

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web3

Y nada de este dinero va a parar a las plataformas de redes sociales tradicionales como Instagram, YouTube, TikTok o Snapchat. Para ganar dinero en Instagram, por ejemplo, un creador da a la empresa su contenido de forma gratuita, a menudo para ganar suficientes seguidores para hacer anuncios de pago para marcas y otros vendedores. 

En YouTube, si eres uno de los pocos afortunados que consiguen una audiencia lo suficientemente grande como para publicar anuncios, la empresa suele quedarse con el 30% de los ingresos.

"Somos sus constructores y su producto", dice Jessie Nickson-Lopez, guionista y productora de televisión y recién convertida a Web3. "Tomamos prestadas sus plataformas y nos esforzamos mucho en crear para ellos, y, sin embargo, no cosechamos ninguna de esas recompensas".

Marcado sentimiento de comunidad

Lo que sí tienen los gigantes de las redes sociales es la capacidad de entretener a miles de millones de personas con un flujo constante de contenidos y conexión. Pero, incluso ahí, la Web3 está haciendo sus primeras incursiones. 

Los drops de los nuevos NFT pueden ser en sí mismos acontecimientos sociales absorbentes. A finales de enero, un proyecto de NFT llamado Cool Cats lanzó Cool Pets, una nueva versión de sus animales digitales de dibujos animados. 

El proyecto anunció su lanzamiento en Twitter y en Discord y esa noche un grupo de unos 600 entusiastas se reunió en Twitter Spaces cuando comenzó la acuñación.

El grupo, formado en su mayoría por hombres jóvenes, charlaba sobre el proyecto. Se inició un animado debate sobre el valor de los Cool Cats y las nuevas mascotas. Algunos se preguntaban si los contratos inteligentes ya estaban abiertos. 

¿Podrían comprarlos en el mercado secundario? ¿Eran ya demasiado caros? Charlaban como amigos, aunque probablemente ninguno se había conocido, ni siquiera sabían cómo eran los demás, teniendo en cuenta que el avatar de cada uno era una especie de NFT.

"Vale, me voy a Chick-fil-A [una cadena de comida rápida en EEUU] pero me llevo el teléfono", dijo un interlocutor. "Espero que no se me haga difícil". "Rugged" (que puede entenderse en español como algo duro, accidentado) es la palabra de moda en la Web3 para referirse a ser estafado. 

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Este viaje de comida rápida inició una conversación sobre las salsas de las cadenas de comida rápida. ¿Era mejor la variedad ofrecida por McDonald's? Antes de que se resolviera la cuestión, los Cool Pets empezaron a acuñar moneda, y el contador de NFT en el sitio web de los Cool Cats llegó lentamente a los 10.000. 

"¡Se acabó la espera!", gritó alguien. El tipo de Chick-fil-A se rio a carcajadas. Se apresuró a volver a su casa con su ordenador antes de recoger su comida.

Los NFT de Cool Pets tenían un precio de 0,5 ETH cada uno, lo que equivale a unos 1.098 euros según los precios de Ethereum de ese día. En el evento de Twitter Spaces, los que firmaron con éxito un contrato inteligente para poseer uno de ellos pronto empezaron a ayudar a otros que estaban luchando por conseguirlo, yendo paso a paso y aconsejándoles cómo no ser estafados. 

Esa misma noche se agotaron las existencias, lo que supuso para Cool Cats la friolera de casi 11 millones de euros en las ventas iniciales. 

Sin embargo, en cuestión de segundos, las mascotas aparecieron para su reventa en OpenSea a un precio de 3 ETH, que equivale a unos 6.500 euros. Era difícil distinguir entre las mascotas reales vendidas por alguien que intentaba "sacar tajada", es decir, obtener rápidamente un NFT de gran demanda, y las falsas.

"Si no sabes lo que haces, no lo hagas", dijo al público de Twitter Spaces, repentinamente exaltado, un interlocutor llamado Snipe, que ya había cambiado su avatar por el de un Cool Pet. "No quiero que ninguno de vosotros tire su dinero".

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