Qué hace falta para que el mundo entero pueda vacunarse contra el COVID-19

Un sanitario prepara una dosis de la vacuna de AstraZeneca y Oxford.

REUTERS/Nyimas Laula

  • La campaña de vacunación avanza en todo el mundo enfrentándose a numerosos desafíos. 
  • Las crecientes tensiones políticas y la necesidad de aumentar el suministro amenazan el éxito de la inmunización. 
  • Por otro lado, la distribución igualitaria y la capacidad de adelantarse a las variantes serán cruciales para conseguir la inmunidad de rebaño. 
  • Estos son todos los factores de los que depende la vacunación. 
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Conseguir la inmunidad de rebaño en todo el mundo es el objetivo de la campaña de vacunación que se está llevando a cabo contra el coronavirus. 

España, como la UE, espera poder alcanzarla en verano para empezar a reactivar los sectores económicos que llevan más tiempo paralizados por la crisis sanitaria. 

Sin embargo, los expertos llevan tiempo advirtiendo de que una pandemia de alcance mundial no llegará a su fin hasta que la inmunización sea completa en todos los países para así poder evitar nuevos brotes. 

En ese sentido, la industria ha creado alianzas sin precedentes y los países son dependientes unos de otros en la distribución y la logística de las vacunas. 

Sin embargo, los desafíos cada vez más crecientes y alimentados por las tensiones políticas podrían ralentizar la campaña y poner en peligro la inmunidad de rebaño. 

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Estos son todos los factores que influirán en el éxito de la campaña de vacunación mundial, según informa Nature. 

La capacidad de fabricación de vacunas... si la tensión entre los países no rompe las cadenas de suministro 

En primer lugar, la capacidad de fabricar vacunas y de distribuirlas marcará el ritmo de la inmunización en todo el mundo. 

Ahora mismo, por ejemplo, la principal preocupación de la Unión Europea es escalar la capacidad de producción dentro del continente. 

Ya en septiembre de 2020, el CEO de Merck España, Miguel Fernández, señalaba que "el reto no es descubrir una vacuna que funcione, sino escalarla a nivel industrial con una capacidad lo suficientemente rápida para que llegue a la población". 

La industria farmacéutica, al igual que muchos sectores industriales, no revela su capacidad de producción, explica Rasmus Bech Hansen, director general de Airfinity, una empresa de análisis con sede en Londres que recopila datos sobre el sector. Pero el crecimiento de las vacunas será probablemente "exponencial" en los próximos meses, predice a Nature.

Según los datos de Airfinity, a principios de marzo se habían producido unas 413 millones de dosis de la vacuna COVID-19 y la compañía estima que la cifra llegue a 9.500 millones de dosis a finales de 2021. 

El Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke, en Durham (Carolina del Norte, EEUU), eleva la cifra a 12.000 millones de dosis para finales de año.

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Sin embargo, Andrea Taylor, que dirige la investigación en la Universidad de Duke, afirma que es más probable que estas cifras se alcancen a finales de 2022 porque la tensión entre los países podría comprometer la fabricación y la distribución. 

"Las cadenas de suministro podrían romperse y los países podrían amenazar con bloquear las exportaciones de vacunas", afirma. 

Este escenario está produciéndose ya en la UE. Los Estados miembros se han reunido esta semana para debatir la decisión de prohibir las exportaciones de las dosis de las vacunas debido a los retrasos en los suministros que han limitado la inmunización europea y han enfrentado a Bruselas con Reino Unido. 

Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha señalado de forma directa a Reino Unido, asegurando que quiere ver "reciprocidad y proporcionalidad en las exportaciones" y que "estamos dispuestos a utilizar cualquier herramienta que necesitemos para conseguirlo".

Por su parte, el ministro de Sanidad británico, Matt Hancock, ha rechazado el posible veto advirtiendo de que Reino Unido sí contemplaría una cláusula de "exclusividad" para la entrega de dosis, por lo que tendría prioridad sobre los contratos que la compañía ha firmado con la UE.

La diplomacia está en marcha para evitar el veto y la Comisión Europea y el Gobierno británico emitieron el miércoles un comunicado conjunto en el que aseguraron estar trabajando para encontrar una "relación beneficiosa" para las dos partes. 

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Sin embargo, el presidente del Parlamento europeo, David Sassoli, pidió el jueves a los líderes europeos no ser "ingenuos" y bloquear las exportaciones a los países que no permiten la entrada en la UE de dosis y componentes. 

Los expertos advierten de que las restricciones podrían comprometer el suministro mundial. La producción de vacunas puede requerir más de 200 componentes individuales, que a menudo se fabrican en diferentes países y, "si cualquier elemento crítico falla, puede interrumpir todo el proceso", explicó Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición para la Preparación ante las Epidemias. 

Las alianzas en la industria son clave para garantizar la fabricación 

Para garantizar que la fabricación está a la altura de las necesidades mundiales, la industria está sellando alianzas sin precedentes en un sector tradicionalmente muy competitivo. 

"Es el momento de compartir y no de competir", resumía Miguel Fernández. "De esta crisis es imposible que salgamos cada uno por nuestro lado, haciendo nuestra batalla individual", advertía.

"Las alianzas son fruto de que hemos entendido que no hay otra manera de hacerlo", aseguraba.

En Estados Unidos, MSD fabrica vacunas para su rival Johnson & Johnson en New Brunswick. GSK, con sede en Londres, y Novartis, con sede en Basilea (Suiza), están fabricando 100 y 250 millones de dosis, respectivamente, de una vacuna para Curevac, con sede en Tübingen (Alemania). 

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Este grado de colaboración entre empresas multinacionales no tiene precedentes, subraya Nature. 

Además, hay muchos acuerdos de relleno y acabado. De hecho, muchas vacunas van a completar sus procesos de fabricación en plantas españolas.  

La industria tiene que conseguir escalar la fabricación de vacunas de ARN mensajero 

Hay 3 tipos principales de vacunas contra el COVID-19: las que usan un vector viral, las que utilizan el virus completo y las de ARN mensajero (ARNm).

Las vacunas de ARN mensajero son las primeras de este tipo de ser aprobadas para uso humano y su fabricación es sencilla, pero su ampliación es complicada, afirma Zoltán Kis, ingeniero químico del Future Vaccine Manufacturing Hub del Imperial College de Londres, a Nature.

Al ser una tecnología nueva, no abunda la infraestructura y el personal aptos para escalar la producción. "Es muy difícil encontrar a personas que están capacitadas y que además son buenas en esto", dice Kis.

Lo mismo ocurre con los componentes de la vacuna que, aunque no son complejos  —especialmente nucleótidos, enzimas y lípidos—, no son producidos a nivel suficiente para el suministro mundial y las compañías que sí los fabrican son lentas a la hora de conceder licencias de fabricación para que otros puedan hacerlo. 

En esto juega un papel fundamental la propiedad intelectual, que será otro de los grandes obstáculos a superar en la campaña de vacunación. 

Por ejemplo, cada cadena de ARN requiere un "apón que impide que el cuerpo humano lo rechace como material extraño. 

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Los derechos de propiedad intelectual de un popular diseño de este componente pertenecen a una empresa: TriLink Biotechnologies, con sede en San Diego (California). Del mismo modo, un pequeño número de empresas posee los derechos de propiedad intelectual de una de las cuatro nanopartículas lipídicas que forman la jaula alrededor del ARN, añade Kis.

La protección intelectual también será fundamental para la distribución igualitaria entre países 

India y Sudáfrica son algunos de los países que están empujando para que las compañías renuncien (aunque sea temporalmente) a sus derechos de propiedad intelectual para facilitar la producción de las vacunas de forma masiva en otros países. 

Una propuesta de un centenar de países y organizaciones agrupada en la People's Vaccine Alliance ha solicitado a la Organización Mundial del Comercio (OMC) la suspensión temporal de ciertos derechos de propiedad intelectual sobre las herramientas y tecnologías médicas del COVID-19 hasta que se alcance la inmunidad de rebaño. 

Se necesitan unos 11.000 millones de dosis para vacunar al 70% de la población mundial, suponiendo que se administren 2 dosis por persona, ya que la mayoría de vacunas aprobadas hasta ahora requieren 2 inyecciones para la protección completa. 

La propuesta cuenta con el rechazo de la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido y la mayoría de las grandes empresas farmacéuticas.

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Jerome Kim, director general del Instituto Internacional de Vacunas de Seúl, afirma a Nature: "Lo que ocurre con las vacunas es que, a diferencia de un medicamento, no puedes simplemente [seguir las instrucciones] y dar por hecho que tienes una vacuna. Es un proceso biológico complejo que tiene múltiples controles de calidad". En el caso de la tecnología del ARN, dice, "todavía no es tan sólida".

En su lugar, Kim propone que las empresas cedan sus derechos de propiedad intelectual a terceros. Esta "transferencia de tecnología" acelerará el proceso de fabricación porque habrá más empresas que fabriquen cosas. Esto ya está ocurriendo, señala. "La transferencia de tecnología ha sido una de las características más notables, creo, de esta pandemia en particular", dice Kim.

Aunque estos acuerdos de transferencia se están dando, la OMS reivindica que no están favoreciendo la distribución igualitaria. 

La OMS aboga por lo que denomina "transferencia coordinada de tecnología", en la que las universidades y los fabricantes conceden licencias de sus vacunas a otras empresas a través de un mecanismo mundial coordinado por la OMS, que también facilitaría la formación del personal de las empresas receptoras y coordinaría las inversiones en infraestructuras, explica Nature. 

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Un estudio citado durante el Consejo Ejecutivo de la OMS, avala que el reparto igualitario de las candidatas disponibles supondría beneficios económicos de 153.000 millones de dólares (más de 126.000 millones de euros) en 2021 —más 380.000 millones de euros en 2025—. 

Adelantarse a las variantes marcará la diferencia 

"Estamos en una carrera con las nuevas variantes", afirma Sara Del Valle, epidemióloga matemática y computacional del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, a Nature. Cuanto más se tarde en frenar la transmisión del virus, más tiempo tendrán estas variantes para surgir y propagarse, afirma. 

"¿Es posible que alguna de esas mutaciones pueda escaparse a la inmunidad generada por una respuesta inmune natural y que una persona que ya ha pasado el COVID se pueda reinfectar con una cepa de esa? Es posible. ¿Es posible que esa cepa sea resistente a las vacunas? También es posible. No lo sabemos", explicaba José María García Ruiz de Morales, jefe de Inmunología del Hospital de León en una entrevista con Business Insider España.

Algunas de las variantes, especialmente la sudafricana, están ya demostrando su capacidad para reducir la eficacia de las vacunas existentes y las farmacéuticas ya están trabajando en dosis de refuerzo u otras vacunas para hacer frente a esta situación. 

La capacidad de identificar y adelantarse a las variantes será fundamental incluso cuando se haya alcanzado una alta inmunización en la población, ya que tasas más altas de inmunidad pueden crear una presión selectiva que favorezca las variantes capaces de infectar a las personas inmunizadas.

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