He estado en 110 cruceros: estas son las 8 lecciones más importantes que he aprendido

Robert L. Willet, experto crucerista.
Robert L. Willet, experto crucerista.

Robert. L. Willet

  • He navegado en 110 cruceros y hacerlo me ha ayudado a aprender sobre mí mismo y sobre cómo me gusta viajar.
  • Ojalá hubiera fiel a una sola compañía de cruceros para obtener recompensas y hubiera asistido a más conferencias en los barcos. 

He estado en 110 cruceros a lo largo de mi vida y he tenido experiencias de todo tipo: salvajes y maravillosas.

Aquí están las principales conclusiones y lecciones que he aprendido y que espero puedan ayudar a otros futuros cruceristas o que les hagan reflexionar antes de su próxima salida. 

Un solo crucero borró mis malas experiencias en alta mar

Cuando mi difunta esposa, Donna, me convenció hace años de hacer un crucero corto, estaba dispuesto a enfrentarme a algunos malos recuerdos.

Mi experiencia anterior en alta mar fue cuando estaba en el ejército y estuvo llena de malos ratos en los barcos: múltiples travesías tormentosas y navegaciones aburridas habían convertido los océanos en algo francamente agrio para mí.

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Sin embargo, esas semanas de miseria náutica quedaron anuladas en solo 3 días con mi primer crucero. Incluso en los años 70, un crucero me parecía lujoso y sorprendentemente asequible. Me enganché. 

Primer crucero de Robert Willett y su esposa, Donna Willett.

Ojalá hubiésemos sido fieles a una sola compañía de cruceros para obtener más beneficios

Al principio, decidimos que no nos esforzaríamos mucho por llevarnos los beneficios que conlleva ser fiel a una compañía de cruceros. Por aquel entonces, era una elección fácil porque estos eran escasos. 

Pero, a medida que las ventajas mejoraban, nos sentimos atraídos por una línea concreta. Hoy en día, nos inclinamos por Royal Caribbean. Como viajero fiel, me da 3 bebidas gratis al día. Además, opera desde Puerto Cañaveral, a solo 20 minutos de mi casa.

No puedo ni imaginar cuántas ventajas tendría ahora si hubiera reservado más cruceros con ellos. Con todo y con eso, reconozco que sigo haciendo uso de mi libertad para navegar con otras marcas si me gustan sus puertos y ofertas. 

Las cenas de asiento libre no son para mí

Algunos cruceros ofrecen cenas de asiento libre, lo que quiere decir que los viajeros pueden sentarse donde quieran cada día y cambiar regularmente de ubicación. Pero yo prefiero tener una mesa con las mismas 2, 4 o 6 personas cada noche.

Es una forma estupenda de hacer contactos y, además, el camarero conoce mis necesidades y no necesita recordatorios. Al final del crucero, tus compañeros de mesa pueden haberse convertido en tus amigos.

Mirando hacia atrás, lamento haberme perdido muchas de las conferencias que se ofrecían a bordo  

Algunos cruceros ofrecen la oportunidad de escuchar a oradores invitados y asistir a sus conferencias. En retrospectiva, me gustaría haber ido a más.

Una de las más destacadas que vi fue en un crucero especial que nos llevó a Arcángel y Murmansk, en Rusia. 

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Nuestro conferenciante fue el antiguo embajador en la Unión Soviética, Jack Matlock, que habló de sus conversaciones con Mijaíl Gorbachov, antiguo presidente de la Unión Soviética, y de sus conocimientos sobre la desintegración de la URSS.

Estuvo extraordinario y lo que aprendí me abrió los ojos. Además, llegué a conocerlo un poco, ya que ambos éramos de la misma estatura y a veces me confundían con él en el barco. 

En cada crucero, me enamoré un poco más de mi mujer

En los cruceros se pueden vivir muchos momentos especiales con las personas que quieres, aunque sea alguien a quien ves todos los días.   

En casa, compartíamos la misma casa, el mismo dormitorio y la misma cama, pero las tareas diarias o las obligaciones nos separaban a menudo. En el barco, sin embargo, empezábamos cada día juntos con el programa del crucero, eligiendo las cosas que nos interesaban antes de emprender nuestra jornada.

Casi siempre desayunábamos y almorzábamos juntos y, en esos momentos, podíamos hablar y escucharnos de verdad

Willet y su difunta esposa, Donna Willet, en Alaska.

Hoy en día, los cruceros requieren más conocimientos tecnológicos, lo que puede ser difícil de manejar a medida que uno envejece 

Por desgracia, mi edad y mi capacidad para utilizar la tecnología tienen una relación inversa. Cuanto más mayor me hago, más me confunde la tecnología, sobre todo a la hora de hacer reservas online y navegar por las aplicaciones de las compañías de cruceros.

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Esto me ha llevado a la conclusión de que probablemente no debería hacer cruceros solo, pero tengo la suerte de tener 3 hijos a los que les encantan también y que me acompañan. Además, no dudo en avisar a mis compañeros de viaje cuando necesito ayuda.

Los cruceros me han hecho más capaz de manejar situaciones de emergencia

Me he encontrado con algunos problemas a lo largo de mis viajes, pero creo que he salido bien parado de la mayoría. 

Por ejemplo, durante una parada en Ocho Ríos (Jamaica), Donna fue rociada con gas pimienta por un agente de policía mientras visitaba una joyería. Inmediatamente, conseguí una escolta policial de vuelta al barco y ayuda médica. 

Desde que perdí a Donna, en 2021, mi nivel de confianza en el manejo de esas situaciones ha disminuido, pero procuro seguir adelante.

Ya no me agobio con vencer al sistema y ser el primero en la cola, encontrar el mejor precio y conseguir el mejor asiento

A medida que he ido envejeciendo, me he relajado más y he sido capaz de aceptar lo que me resulta más fácil.

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Antes estudiaba los planos de cubierta en busca del camarote más insólito y raro, pero ahora me conformo con conseguir lo mejor que pueda sin grandes esfuerzos.

En realidad, se trata de aprender a relajarse y acordarse de disfrutar. Esa es la mejor lección que se puede sacar y también la de no preguntar nunca a los demás pasajeros lo que han pagado por su camarote: solo conseguirás enfadarte.

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