He perdido el olfato por culpa del coronavirus y estos alimentos que antes me encantaban ahora me saben fatal

Un hombre oliendo un plato de comida

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  • He dado positivo por coronavirus y aunque por suerte no he tenido ningún síntoma grave, he perdido por completo el sentido del olfato. 
  • Aunque es cierto que la comida no me sabe a nada, hay muchos alimentos que antes me encantaban y ahora no puedo llevarme a la boca porque me saben fatal. 
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Hace unas tres semanas tuve la mala suerte de dar positivo en coronavirus. Por suerte, no ha sido nada grave y lo único que he notado desde que tuve hacerme el test ha sido un cansancio desmesurado, que poco a poco ha ido desapareciendo, y lo peor: la pérdida total de olfato

Lo que más me molesta, sin duda alguna, es que ya llevo un tiempo con este pequeño inconveniente y no veo la luz al final del túnel y la gran mayoría de las cosas no me saben a absolutamente a nada. 

Voy a matizar, que creo que es conveniente: o todo me sabe a sal o todo me sabe amargo y no hay término medio.

Si esto fuese todo, simplemente me tocaría esperar a que la recuperación del olfato volviese de manera progresiva, pero hay algo que me ha molestado bastante: muchas de las cosas que comía y bebía y que me encantaban, ahora me saben a rayos y no puedo ni verlas, ya que me provocan sensaciones muy desagradables. 

Así puedes recuperar el sentido del olfato después de haber pasado el coronavirus

Hay que dejar claro que es un testimonio personal y puede que si te toque a ti vivirlo no te afecte de la misma manera, o que tal vez sean otros alimentos o bebidas las que no puedas aguantar o que simplemente todo lo que comas no te sepa a nada. 

He visto por navegando por Internet para ver si mi caso era similar al de otra gente. Por ejemplo ha habido casos como este que cuenta la BBC en donde una persona relata que la carne le sabe a gasolina o incluso casos más extremos como que el simple hecho de que comer de ganas de vomitar, un síntoma conocido como Parosmia.

En mi caso, por suerte, ha habido varias cosas que actualmente no soporto y la verdad es que tengo miedo de que, cuando recupere el olfato de manera definitiva, me sigan generando ese gusto asqueroso que me dejen sin uno de mis platos favoritos

El vino

Da igual si tinto o blanco y es algo que me duele en el alma. Tampoco es que sea una persona que se tome su copa de vino a diario, pero sí que de vez en cuando me apetece beber algo y las sensaciones han sido francamente horribles. 

Lo único que notas en el paladar es un sabor extremo a ácido que se te queda en la boca durante bastante tiempo y que no se va hagas lo que hagas. Como es lógico, si como algo mientras tengo ese sabor, esto hace que lo nuevo que me meto en la boca me sepa también fatal y alargue todavía más el sufrimiento. 

El jamón serrano

No hablo del jamón serrano de pata, sino cualquiera que sea vendido envasado y no sea uno de gran calidad. Tampoco es que me haya sabido a rayos, pero la sensación es como meterte una cucharada sopera de sal en la boca y dejártelo en la lengua hasta que se disuelva

En este sentido, sí que me ha servido camuflarlo con otros alimentos como pan o queso, pero tomarlo en lonchas sin acompañamiento ha sido un sufrimiento absoluto. 

Miedo me da que esto se traslade a uno de calidad y que no pueda aguantar su sabor...

El chocolate

En este sentido, me ha ocurrido algo muy parecido que con el jamón serrano, pero del otro lado de la balanza. En vez de sentir un extremo sabor a sal, la sensación ha sido justo la contraria: un regusto amargo demasiado fuerte que me hacía imposible identificar el dulzor clásico el chocolate y que, como es lógico, no quiero tener cerca. 

Determinados quesos

Esto ha sido bastante extraño. Mientras que quesos fuertes simplemente detectaba su presencia y perdían su fuerza característica, con quesos más suaves como el Havarti o el queso de Burgos, por poner un par de ejemplos, la sensación era todo lo contrario: una explosión de sabor pero nada agradable.

Además de sentirlos como si fuesen plástico, el sabor en la boca me dejaba un regusto metálico muy extraño. 

La cerveza

Parece que el coronavirus se la tiene jugada al alcohol, porque la cerveza ha sido otra de las cosas que no he podido aguantar desde que perdí el olfato. 

En este caso, su característico sabor amargo está elevado al máximo, tanto que un solo trago deja un regusto francamente desagradable que incluso perdura un buen rato en la lengua.

Las mandarinas y las naranjas

Mis dos frutas favoritas y ahora mismo mis dos peores pesadillas. Ese característico toque dulce que se mezcla de manera fantástica con un leve regusto ácido ha dado paso a eliminar por completo el primero de ellos y acrecentar de manera exagerada el segundo.

Llevarse a la boca un simple gajo deja una sensación de acidez extrema bastante desagradable. Tanto que incluso cuando recupere el olfato no sé si voy a volver a probar por miedo a experimentar de nuevo esa sensación. 

El agua con limón

Y viendo cómo se potencian los tonos amargos, salados o ácidos de los alimentos no sé qué me llevo a darle un sorbo al agua con limón. ¿La sensación? Acidez absoluta y al igual que con el vino y la cerveza, un regusto que se te queda durante bastante tiempo en la boca. 

Lo que sí que he notado tras perder el olfato es que mi insaciable apetito ha desaparecido casi por completo, dejando momentos en los que incluso no me apetece comer nada

Ha habido días concretos desde que comenzó todo en los que tan solo he sobrevivido con varias tazas de café y lo más curioso es que mi estómago no me ha lanzado ningún tipo de aviso sobre que debería ir a la nevera a picar algo.

Lo que espero es que esta sensación acabe cuanto antes, aunque no sé si volveré a darles una oportunidad a las cosas que he dejado por aquí reflejadas simplemente por el miedo a volver a vivir una experiencia tan desagradable

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