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Estas son las tres teorías que explican por qué cae Wall Street y lo que significa para la economía

Dow Jones cae
El analista de la CNBC Jim Cramer cerca del final del cierre del mercado el pasado 5 de febrero de 2018. CNBC
  • El Dow Jones no ha dejado de caer bruscamente en los dos últimos días. ¿Por qué? Aquí tienes tres posibles explicaciones.
  • Una es una historia feliz: puede que el crecimiento del mercado y el aumento de la competencia por los trabajadores reduzca los beneficios de las empresas, pero también podría traducirse en mejores acuerdos para trabajadores y clientes.
  • Otra posibilidad es que los inversores estén preocupados porque los bancos centrales suban los tipos de interés. 
  • Lo que es más preocupante: es posible que un déficit presupuestario más elevado signifique que necesitemos tipos de interés más altos, independientemente de lo que piensen los bancos centrales.


Entonces, ¿por qué ha perdido Wall Street 1.700 puntos en dos días de operaciones? Nadie lo sabe en realidad, pero siempre es divertido intentar adivinarlo.

En mi opinión, veo tres grandes explicaciones posibles, cada una de ellas con implicaciones muy diferentes para la economía real. Estas son, de la más optimista a la más preocupante.

1. El mercado cae porque la expansión del negocio y el aumento de los salarios reducirá los márgenes de beneficio de las empresas.

Según esta teoría, las acciones en Wall Street caen porque la economía funciona, porque mejora. Esta es la explicación más optimista de todas y el editor de Bloomberg Joe Weisenthal sugiere que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, debería abrazarla.

Esta es la idea: como la economía mejora, las empresas van a crecer y aumentar su mercado. Esto, por tanto, significa que tendrán mayor capacidad de acción, lo que les obligará a bajar los precios para conseguir suficientes clientes. Asimismo, también tendrán que pagar mejores salarios para contratar los trabajadores que necesiten para satisfacer esa nueva demanda.

Toda esa competencia entre empresas por trabajadores y clientes significaría precios más bajos, salarios más altos y, también, menores márgenes de beneficio para las empresas. Ergo, las acciones caen.

Es una buena historia, positiva, sobre la economía en su conjunto. Pero, ¿es cierta?

De serlo, sería un cambio de rumbo de una parte clave de la historia económica de los últimos nueve años de recuperación tras la crisis de 2008: a medida que la economía se recuperaba, las empresas preferían ser conservadoras en cuanto a su expansión y privilegiaban mantener los márgenes de beneficios altos en lugar de expandirse en busca de más cuota de mercado.

Los datos más obvios a favor de esta teoría con los trabajadores arriba los empresarios abajo es el informe sobre el empleo en EE. UU. dado a conocer el viernes, justo antes de la masacre en el mercado de valores. Según ese informe, los salarios han crecido de media hasta un 2,9%, la subida más alta desde 2009. Quizá sea verdad que las empresas están ansiosas por expandirse y crecer que están dispuestas a pagar mejores salarios, quizá sea eso lo que aterra a los mercados.

Otra pista sobre esta teoría llegó hace un par de semanas: United Airlines anunció que ampliaría su mercado, lo que provocó que se hundieran las acciones de las diferentes aerolíneas por el miedo a una guerra de precios. Como clientes de una aerolínea, a todo el mundo le gustan las guerras de precios; como accionistas, no.

2. El mercado cae porque la mejora de los datos económicos provocará que los bancos centrales de todo el mundo aumenten los tipos de interés

Jerome Powell, nominación presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos
Jerome Powell testifica ante la Comisión de Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado sobre su nominación como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos en Washington, Estados Unidos, el 28 de noviembre de 2017. Joshua Roberts/Reuters

Si los salarios siguen subiendo y lo hacen cada vez más rápido, lo más probable es que los grandes bancos centrales empiecen a ponerse nerviosos por la inflación. O, quizá, sientan que es la oportunidad adecuada para "normalizar" los tipos, algo que les daría espacio para poder bajarlos de nuevo si la economía se ralentiza.

De un modo u otro, lo que está claro es que los bancos centrales reaccionan a las buenas noticias económicas con una subida de los tipos de interés.

Unos tipos de interés más altos encarecerán la inversión y la expansión de las empresas. Un interés más alto también puede reducir el atractivo de las acciones como activo si se valoran ajustado al riesgo. ¿Por qué mantener acciones con una rentabilidad anual prevista del 8% cuando el rendimiento de otros bonos más seguros ha subido del 4% al 6%?

Leer más: Así se compara el último batacazo del Dow Jones con sus mayores caídas

Para que los inversores sigan encontrando las acciones atractivas en un entorno de tipos de interés más altos, la relación precio-beneficio tiene que ser más baja; es decir, el precio de las acciones tendría que bajar.

Esta parece ser la explicación más compartida sobre lo que está pasando en los mercados. Es más, la rentabilidad a diez años de los bonos del Tesoro de estados Unidos no ha dejado de subir durante el último mes.

Sin embargo, existe al menos una pregunta obvia con este razonamiento: durante la mayor parte del último mes, a medida que esa rentabilidad subía también lo hacía el valor de las acciones. ¿Qué ha cambiado en los últimos días entonces?

Por otro lado, el debate sobre esta explicación muchas veces parece dar por sentado que las decisiones de los bancos centrales son arbitrarias. Pero, ¿qué pasa si existen buenas razones para subir los tipos de interés? Eso me lleva a la tercera teoría.

3. El mercado cae porque la escasez de capital provocará tasas de rentabilidad más altas.

La última reforma fiscal promovida por el Partido Republicano de Estados Unidos fue un extraño ejemplo de legislación económica procíclica: cerca del punto álgido del ciclo económico, el Gobierno de Estados Unidos aprueba un gran recorte de impuestos financiado por el déficit. Este año, el gobierno federal de Estados Unidos necesitará un billón de dólares para cumplir con sus obligaciones, y en gran parte se lo deberá a esta ley.

Hemos pasado por un extraño período de 20 años en el que en realidad ha importado muy poco cuánto dinero pide prestado el Gobierno de los Estados Unidos. La demanda de bonos del Estado no ha dejado de existir y tipos de interés muy bajos han convivido con déficits presupuestarios muy altos. Recientemente ha habido poco o ningún retroceso económico relacionado con los préstamos gubernamentales.

Pero en la época oscura, los políticos solían dedicar mucho tiempo a hablar y preocuparse por el vínculo entre los préstamos gubernamentales, los tipos de interés y la inversión privada.

Bill Clinton durante el debate presidencial de 1992
El déficit era algo de lo que los políticos se preocupaba constantemente. AP Photo/Marcy Nighswander

Si leemos la transcripción del primer debate presidencial de 1992, existía mucha preocupación y debate sobre la relación entre el déficit y los tipos de interés. Y tanto George H. W. Bush como Bill Clinton firmaron importantes paquetes presupuestarios con el objetivo clave de reducir el déficit presupuestario federal para bajar los tipos de interés a largo plazo. Y tuvieron parte de éxito.

Pero, ¿qué pasa si volvemos a ese mundo en el que el recorte de impuestos inyecta dinero a la economía pero también obliga al Gobierno a pedir prestados cientos de miles de millones de dólares adicionales, todo en paralelo a una mayor voluntad para invertir?

El Gobierno y las empresas que buscan expandirse están pujando entre sí por una cantidad limitada de capital. Esto debería hacer que los inversores se muestren exigentes y provocar el aumento de los tipos de interés y reducir la relación precio-beneficio.

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Dicho de otro modo: en ese contexto, las cotizaciones bursátiles deberían bajar, los rendimientos de los bonos subir y el coste del capital de inversión aumentar.

El aumento del coste del capital desalentará la inversión, al mismo tiempo que la reducción de los tipos impositivos y, quizás, la mejora de las perspectivas de crecimiento la está fomentando. Del mismo modo, la rebaja fiscal se saboteará a sí misma en tanto que el aumento del endeudamiento público aumentará los tipos de interés.

Los economistas habrían dicho que el efecto iba a aparecer a largo plazo, razón por la que los modelos económicos del proyecto de ley tributaria tendían a mostrar resultados más negativos a medida que el aumento de la deuda pública tenía un efecto negativo en la economía.

Sin embargo, a menos flexibilidad en la economía, más rápido deberían verse también los efectos del aumento del endeudamiento público.

Obviamente, esta es la teoría más pesimista de las tres.

Entonces, ¿cuál es la correcta? No lo sé. Probablemente las tres, si se combinan.

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