Gatos que solo bostezaban, olas, ciudades y montañas silenciosas: así imaginaba los sonidos una persona sorda y así los está descubriendo con su implante coclear

Elena Gómez.
Elena Gómez.

BI España

  • A sus 46 años, desde hace 3 la madrileña Elena Gómez está redescubriendo los sonidos del mundo gracias a su implante coclear.
  • La voz de su madre, el piar de los pájaros, los maullidos de los gatos, los ladridos de los perros y el ruido de las olas, la montaña y la ciudad forman parte de su gran catálogo de recientes hallazgos.
  • "Es como pasar de un mundo en blanco y negro a verlo en color", cuenta.
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Algo suena. No sabe qué es, pero algo suena. En mitad de una comida de empresa, la madrileña Elena Gómez, como ha hecho tantas veces desde que se sometió a la cirugía necesaria para recibir su implante coclear, pide a quienes la rodean que guarden silencio un momento. 

No sabe qué es, pero algo suena, está segura, y tiene que descubrir lo que es, necesita hacerlo.

Es un sonido metálico que se repite una y otra vez y que se reproduce a un ritmo constante. Quienes están con ella se miran unos a otros extrañados.

No suena nada. Mejor dicho, no perciben nada especial, porque sonar, lo que se dice sonar, suenan muchas cosas.

Gómez lo sabe mejor que nadie. Lleva 3 años catalogando todo sonido. Lo hace incluso con elementos que pasan desapercibidos muchas veces para quienes han crecido familiarizados con ellos. Lleva 3 años descubriendo cómo suena el mundo.

De repente, alguien se da cuenta: ¡las campanas! En efecto, al restaurante llega como un rumor el tañido de las campanas de una iglesia que queda más o menos cerca. Nadie ha reparado en ellas, solo Gómez, que aprovecha la ocasión para quedarse para siempre con ese sonido.

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Uno más para la colección. 

"El tañido de las campanas —se dice—, lo que sonaba era el tañido de las campanas".

"Es como pasar de ver el mundo en blanco y negro a verlo en color", resume en conversación telefónica con Business Insider España sobre lo que ha supuesto para ella pasar de los audífonos al implante coclear.

Una nueva relación con la música

Elena Gómez, informática, jefa de proyectos del Banco Santander, escritora con 2 obras publicadas (Amándome y El diario de María Magdalena) y rockera, tomó hace 3 años una decisión que cambiaría para siempre su vida. 

A sus 43 años (hoy tiene 46), tras toda una vida manejándose con el limitado rango de tonos que ofrecen los audífonos, decidió someterse a la cirugía de implante coclear tras darse cuenta de que, aunque su falta de oído nunca le había impedido hacer nada, la limitaba por ejemplo en el trabajo, donde tenía dificultades para seguir las reuniones de equipo.

Fue el principio un viaje sonoro que encuentra en el tañido de las campanas su penúltimo capítulo y que le ha dado grandes alegrías y alguna que otra desilusión.

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"Desde que me puse el implante, he llorado un montón de veces", cuenta Gómez.

Uno de los sonidos que más la han emocionado, recuerda, es la voz de su madre.

"La de mi padre, que es más grave, la tenía más controlada, pero la de mi madre me suena muy dulce. Es la voz que siempre ha estado ahí, que me ha acompañado siempre, y no la distinguía. También me suena muy dulce la voz de mi sobrino. Es algo muy especial. En general, me ha gustado mucho descubrir que cada persona tiene su propio tono de voz", explica Gómez.

Por esto, pocas cosas le gustan más que llamar por teléfono: "Antes, mi madre llamaba, yo le contaba, y ella para contarme a mí me tenía que escribir por whatsapp. Ahora hablamos todos los días. De mis amigos, soy la única que llama en los cumpleaños en vez de mandar un mensaje, me encanta hablar por teléfono".

Pero no todas las voces le han resultado igual de agradables. 

El ídolo musical de Gómez, su mito adolescente, casi hasta su modelo de hombre, es Axl Rose, cantante de Guns N' Roses.

Elena Gómez en 2018 antes de entrar al concierto de Guns N' Roses.
Elena Gómez en 2018 antes de entrar al concierto de Guns N' Roses.

Elena Gómez

Bueno, lo era.

Una vez recibido su implante coclear, una de las cosas que Gómez quería hacer sí o sí era escuchar al fin la voz de su cantante favorito. Lo logró en 2018 en un concierto que la banda dio en Madrid. 

Pero cuando Axl Rose, su Axl Rose de siempre, salió al escenario y gritó el primer "¡Yeeeeeei!" de la noche, lo único que pudo hacer Gómez fue girarse y decirle a su pareja:

—¡Pero si tiene voz de rata!

Y se le vino abajo el mito. Algo parecido le sucedió con Joaquín Sabina: "Me siguen encantando las letras, pero tiene una voz rarísima", explica. Se ha salvado de la quema Slash.

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Aunque intenso, el vínculo de Gómez con la música se reducía hasta entonces a aprenderse las letras de las canciones que le escribía su hermana y a disfrutar del ambiente en los conciertos: "Sí, iba, estaba con los amigos y me tomaba algo, pero ahora es distinto". 

Con los audífonos, cuenta, no era raro por ejemplo que se pusiera a cantar la canción que no era.

Otro hallazgo descorazonador: "He descubierto que canto fatal. Mis amigos me decían que cantaba muy mal, pero como me gustaba mucho hacerlo y no me oía, pues me daba igual. ¡Pero es que ahora he descubierto que es verdad que canto fatal!".

Un implante que cambia la vida

El nuevo vínculo de Gómez con la música no se limita al rock: "En un viaje a Florencia, nos metimos en una iglesia donde estaban ensayando una representación de ópera. Yo nunca había escuchado ópera, claro. Me tuve que echar a llorar. Ahora quiero ir a conciertos de rock, pero también escuchar ópera, escucharlo todo".

La manera de percibir la música tras un implante coclear depende mucho de cómo se lleve a cabo la rehabilitación, explica el doctor Luis Lassaletta, otorrinolaringólogo del Hospital Universitario de La Paz, en Madrid.

Este subraya la importancia de un diagnóstico temprano que permita hacer el implante antes de los 2 años de edad para que el niño afectado por la sordera pueda desarrollar bien el lenguaje: "Si se diagnostica a tiempo, como sucede hoy en día en la mayoría de los casos, el lenguaje articulado se desarrolla sin ningún problema".

Salvo casos excepcionales como aquellos en los que hay infecciones de la coclea o malformaciones de la misma, Lassaletta explica que el implante coclear es una intervención que dura de hora y media a 2 horas y que se lleva a cabo con normalidad en pacientes de edades comprendidas entre los 8 o 9 meses y los 90 años. 

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Sí que advierte que se trata de una intervención que se desaconseja muchas veces en adultos con sordera profunda que no han podido desarrollar lenguaje. El implante amplifica para ellos los sonidos a unos niveles que pueden llegar a resultar molestos.

Fue el caso, recuerda Lassaletta, de lo que ocurrió con muchos pacientes con sordera profunda que recibieron su implante en los años 90, cuando la tecnología estaba empezando a desarrollarse. 

Muchos de los que recibieron el implante terminaron renunciando a él porque no podían gestionar el nivel de ruido que supone, por ejemplo, el tráfico de una ciudad grande.

Elena Gómez en el hospital antes de someterse a la cirugía de implante coclear.
Elena Gómez en el hospital antes de someterse a la cirugía de implante coclear.

Elena Gómez

No es el caso de Gómez, que, con ayuda de sus audífonos, desarrolló lenguaje y, ya siendo adulta, decidió que quería dar un paso más.

"A mí me daba miedo porque un primo mío tuvo una mala experiencia con el implante, y no deja de ser una operación en la que te abren la cabeza. Pero lo recomiendo a todo el mundo, a mí me ha cambiado la vida. De hecho, creo que deberíamos concienciar más sobre la importancia que tiene someterse a la operación", explica Gómez.

Es la misma opinión que sostiene la Confederación Española de Familias de Personas Sordas (Fiapas), que en 2020 premió un estudio en el que intervino el propio doctor Lassaletta que evidenció que el implante mejora el estado cognitivo incluso de personas mayores de 55 años.

El implante, relata Gómez, en efecto lleva aparejados beneficios que van más allá de la mejora de la audición. En su caso, este se ha dejado notar ya en un mayor equilibrio corporal.

"Antes, cuando hacía snowboard, me quedaba siempre la última del grupo de amigos. Ahora los adelanto a todos. Al surfear me tengo que quitar el implante para que no se me moje y lo noto mucho".

Elena Gómez con su tabla de snowboard.
Elena Gómez con su tabla de snowboard.

Elena Gómez

Perros, gatos, pájaros, montañas y olas: así se imagina el sonido y así se descubre

La adaptación al implante es progresiva. Este empieza funcionando al 50% para que la persona que lo recibe se empiece a acostumbrar a los sonidos: "Al principio oyes todo como si fueran cristales", recuerda Gómez. 

A partir de ahí, poco a poco, el porcentaje se va incrementando hasta que, por ejemplo, se empieza a percibir el característico click de los interruptores.

"El primer día que oí las teclas de mi ordenador llegué tarde a una reunión porque me flipó el sonido. Abrí un Word y me puse a escribir palabras al azar durante 10 minutos", cuenta Gómez.

No ha sido su único comportamiento extraño en la oficina desde que recibió el implante.

"Otra vez llegábamos tarde una compañera y yo a una reunión y me dijo que fuésemos al baño juntas. No pude. ¡Resulta que, cuando vas al baño, la gente te puede oír! Yo no lo sabía. ¡Me da mucha vergüenza!".

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Para que la rehabilitación sea lo más exitosa posible, es importante que la persona con el implante se acostumbre a identificar absolutamente cada sonido que percibe. Alguien con un implante coclear, explica Gómez, no puede quedarse nunca con la duda de qué es lo que ha sonado. 

Por eso el día del restaurante hubo que parar la conversación para descubrir las campanas y por eso ha declarado la guerra al piar de los pájaros.

"No puedo con ellos, lo siento. ¡Suenan todo el rato!", explica Gómez, que ha tenido algún que otro desencuentro más con el mundo animal.

En su afán por no quedarse con ninguna duda, ha vivido episodios de todo tipo, desde el día en el que se acercó inocentemente a una valla pensando que se encontraría un pájaro o un gato cuando lo que había era un perro de importantes dimensiones hasta descubrir no es que los gatos bostecen todo el rato, como ella había creído toda su vida, sino que maúllan y emiten su propio sonido.

Elena Gómez escucha el sonido de las olas en Asturias.
Elena Gómez escucha el sonido de las olas en Asturias.

Elena Gómez

Pero si algo ha sorprendido a la madrileña en este tiempo ha sido los pulmones que tienen los bebés recién nacidos cuando lloran: "¡Cómo una cosa tan pequeña puede hacer tanto ruido!", exclama. 

Algo parecido le ha sucedido con la ciudad y la montaña: "Yo imaginaba que por la calle iba todo el mundo en silencio, y no, resulta que van hablando. Muchas veces no sé muy bien qué dicen, pero sé que algo dicen. También imaginaba que la montaña era totalmente silenciosa, y resulta que tiene sus propios ruidos también, es increíble".

Pero si algo le ha impactado ha sido las olas del mar: "Sí, bueno, lees poesías que hablan del mar y de las olas. Creía que eran exageraciones de poetas, pero en un viaje a Asturias tuve que pedir a mis amigos que me dejaran un rato sola escuchando el ruido de las olas chocando contra las rocas".

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