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La íntima relación entre optimismo y rendimiento

Actitud positiva y productividad
Sento/Flickr
  • Las personas optimistas rinden más tanto en el deporte, como en el día a día. 
  • Los pesimistas pueden calibrar mejor situaciones potencialmente adversas, pero están peor preparados para sobreponerse a ellas. 
  • La actitud optimista puede trabajarse con técnicas de meditación. 

La actitud optimista, igual que dormir las horas necesarias, ha llegado a estar mal vista en algunos ámbitos. Sin embargo, aunque les puedan acusar de ingenuos por esa tendencia a esperar consecuencias positivas de los acontecimientos, este tipo persona rinden más tanto en los deportes, como en otros aspectos. 

Más allá del mens sana in corpore sano romano, que la sociedad occidental redescubrió en el siglo XX, la práctica adecuada de deportes está relacionada con un mayor bienestar físico y psicológico, además de mejorar la concentración o reducir la ansiedad y el absentismo laboral

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En el estudio Happiness is everything, or is it?, el investigador David Ryff construyó, en 1989, una herramienta que mide el bienestar —y otras cuestiones de la psicología como esta del optimismo— en su relación con la actividad física. Desde entonces, numerosos trabajos han vinculado también optimismo con salud y rendimiento en otros contextos, como el titulado Educación Física y Deportes, de Márquez y Tabernero.

Tomemos, así, —en oposición a la pesimista— la definición de optimismo como la respuesta con la que los individuos afrontan los acontecimientos negativos que les suceden y la tendencia a esperar consecuencias beneficiosas. Lo más importante del optimista, más allá de que las explicaciones bioquímicas y neurológicas todavía están por dilucidarse, es que son personas mejor preparadas para persistir, volver a intentar algo, quizá, tras un fracaso. 

Según el modelo descrito en el estudio Disposición al optimismo y bienestar físico: su influencia en el rendimiento y en las expectativas de salud, de Scheier y Carver, el optimismo es una tendencia que genera la confianza suficiente para persistir en la búsqueda de un reto. Resumiendo: el optimista insiste en perseguir sus objetivos; mientras que el pesimista tiende a rendirse. Evidentemente, este fenómeno es más fácil de comprobar en los deportistas que persiguen una marca que, por ejemplo, en el desempeño en un puesto de trabajo

En el deporte de competición, los optimistas rinden mejor

Esta relación entre rendimiento y actitud positiva se ha tratado mucho más en el ámbito del deporte. En 1990, Seligman Nolen-Hoeksema llevó a cabo un estudio con nadadores a los que, primero, se dividió según el análisis de su actitud entre optimistas y pesimistas. 

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Durante unos entrenamientos en los que no se les permitía ver qué tiempos hacían, se les propuso a todos una distancia. Tras una primera prueba, todos recibieron un feedback negativo de la marca que habían hecho. Se les permitía descansar un rato, tras el cual, podían repetir el ejercicio y la inmensa mayoría de los catalogados como optimistas consiguieron mejorar sus marcas, mientras sucedió lo contrario con una proporción muy elevada de los pesimistas. 
 
Tras este, ha habido docenas de trabajos similares alrededor de deportes como el fútbol o el baloncesto, si bien estos ofrecen variables más complicadas de cuantificar. Sin embargo, a falta de hacerlo cuantitativamente, cualitativamente la relación entre optimismo y rendimiento está demostrada. De hecho, la propia Organización Mundial de la Salud ha situado al optimismo con un elemento de protección frente la depresión

En general, el optimismo proporciona mayor confianza, un mejor control de situaciones potencialmente estresantes, además de mejorar las estrategias escogidas para afrontarlas y la autorregulación de la conducta. Ser positivo ante los acontecimientos puede ser una cuestión muy ligada a la cultura, la educación o la formación de la personalidad. Así que, evidentemente, es un trabajo difícil dejar de ser pesimista, pero sí muy recomendable. 

Por suerte, el desarrollo de la psicología positiva en los últimos años también ha empezado a desarrollar numerosas técnicas para construir una actitud optimista. Abajo, hay una pequeña lista de cosas que se pueden hacerse al respecto.

Cómo incrementar y conservar una actitud optimista en diez pasos. 

  • Lo primero es conocerse e identificarse como optimista o pesimista.
  • Dormir lo suficiente y llevar un régimen regular con las comidas y las horas de estas.
  • Practicar la meditación ayuda a la mayoría. 
  • Dar las gracias por los éxitos y aprender de los fracasos.
  • Relativizar y pensar qué sería de la vida sin las cosas buenas. 
  • Prestar atención a cómo estamos conectados con el mundo.
  • Sonreír todo lo que se pueda.
  • Centrarse en mejorar en uno o dos ámbitos.
  • Llevar una lista de afirmaciones positivas.
  • Disfrutar del tiempo de ocio, a ser posible, al aire libre. 

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