Por qué producir en cercanía ya no es un valor refugio para el dueño de Zara: la subida de precios de fabricación y una competencia cada vez mayor ponen en jaque su arma secreta

En la imagen, trabajadora de Inditex, en Arteixo (La Coruña).
En la imagen, trabajadora de Inditex, en Arteixo (La Coruña).
Reuters

El COVID-19 ha marcado un antes y un después en las cadenas de suministro del mundo empresarial. El escenario posterior a la crisis sanitaria dio paso a una demanda acumulada sin precedentes que, en muchos casos, fue imposible de asumir. 

Ahora, a estas complicaciones coyunturales se le suma una contrariedad más: la guerra en Ucrania y el nuevo marco económico derivado del conflicto.

De esta forma, a la progresiva subida de las materias primas y a un descontrolado precio de la energía, que llevan meses tensionando el margen de beneficio de las empresas, se le añade una inflación histórica, que amenaza con mermar el crecimiento económico y, por tanto, el consumo.

En el caso del sector textil, el impacto dar paso a un nuevo paradigma

Si la pandemia empujó el restar peso a Asia en aras de la cercanía, ahora estos valores refugio —en especial, países como Turquía y Marruecos— ya no lo son tanto porque, precisamente, toda la industria los necesita y no escapan al complejo tablero económico mundial. 

El principal afectado es el líder del sector: Inditex. El gigante gallego tenía en la producción en cercanía una de sus armas secretas. Ahora, ante la perspectiva de un aumento en los precios de fabricación, el escenario cambia por completo.

El día que China dejo de ser la panacea de la fabricación

En la imagen, una fábrica textil en China.

Asia y, especial China, representa un polo de fabricación sin igual. El sector lleva décadas externalizando su producción para abaratar costes a través de proveedores locales. 

Una realidad que se evidencia en que la industria textil dedicada a la confección en España se componga solo de 8.119 empresas y 129.000 trabajadores, y que genere unas ventas de 8.970 millones de euros al año, según la patronal del sector, Acotex.

"La industria de la moda está acostumbrada a trabajar con cadenas de suministro muy eficientes en costes pero que, como contrapartida, asumen largos ciclos de suministro y de transporte, mayoritariamente marítimos", apunta Enrique Porta, experto en consumo y distribución de KPMG, a Business Insider España.

"Todo ello le resta agilidad para adaptarse a la variabilidad de la demanda, especialmente, en momentos de tanta volatilidad e incertidumbre como el actual", precisa.

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Con el COVID-19, la panacea perdió su efecto. La crisis sanitaria se saldó con disrupciones en el transporte, que se sumaron a una escalada en los precios de productos clave como el algodón, poliéster y otros derivados del petróleo. 

Los gigantes del textil se vieron abocados a desplegar 2 estrategias para intentar paliar el efecto de nuevas disrupciones: comprar más y reforzar el nivel de stock de los centros de distribución o aumentar sus compras en cercanía. 

Asia sigue siendo el centro a pesar del zarpazo de la pandemia

Pero, aún con la pandemia poniendo en jaque a sus cadenas de suministro, las compañías siguen encontrando en Asia y en China su mejor socio.

Según un estudio elaborado por Transport Intelligence y el operador logístico Agility, solo el 7,8% de las empresas retornaría sus centros de producción si tuviera que mover sus operaciones del gigante asiático. 

De hecho, el peso de Asia no ha disminuido, sino que ha aumentado en la mayoría de actores del sector. 

De la memoria anual de 2021 —ejercicio concluido en enero de este año— de Inditex se desprende que más de la mitad (4.567) de las fábricas con las que trabaja (8.756) están en suelo asiático: India, Bangladés, China, Pakistán, Camboya y Vietnam. Son 499 factorías más que en 2020. 

Respecto a los proveedores, el grueso también está en Asia, con 978, lo que supone un aumento del 42% frente a un año atrás. 

Por clúster productivos, el líder sigue siendo China, con 415 proveedores, un 23% más que un año antes. Lo mismo acontece con el número de factorías que han aumentado en 298 puntos, hasta llegar a 3035.

Por su parte, Tendam, propietaria de enseñas como Cortefiel, disponía de 324 proveedores en todo el mundo en 2021. El 83% estaban en el continente asiático, frente al 71% de un año atrás. 

El grueso de su producción sigue recayendo en China, pese a haber caído en un 16%, en línea con la merma general de toda la cadena, que cuenta con 123 proveedores menos.

La excepción es Mango. La empresa catalana tenía un 11% menos de proveedores en suelo asiático en 2021. Lo mismo sucede con las fábricas: de las 1.009 fábricas con las que trabaja, el 55% se ubican en Asia, frente al 62% de un año atrás. 

Fabricar en cercanía: de buena intención a valor refugio

Si durante años el acercamiento de la industria textil a Occidente eran solo buenas intenciones, la crisis del coronavirus hizo del intento, necesidad. 

Turquía es ya el segundo polo productivo de Mango, con 210 fábricas, solo por detrás de la todopoderosa China, que dispone de 263 puntos.

 En Tendam, es el sexto proveedor, con 22 de los 324 socios que tenía al cierre de 2020, según arroja su última memoria disponible

Por su parte, Inditex ya era, antes de la crisis sanitaria, uno de los gigantes que más fabricaba en cercanía. Aproximadamente el 60% de sus prendas se producen en Turquía, Marruecos, Portugal y España. 

En 2021, tras China, el principal clúster productivo era Turquía, con 194 proveedores, le seguía Marruecos, con 173, y Portugal, con 151. 

Respecto al número de fábricas, fuera de Asia, es también el país otomano el que lidera la producción con 1.790 puntos, un 3% más que un año atrás y le sigue de cerca Portugal, con 888, un 14% menos que en 2020.

La apuesta por estas ubicaciones se explica en su propia carta de presentación: "Llevamos nuevos productos a todas nuestras tiendas 2 veces por semana". Con una red comercial de 6.477 puntos de venta, el reto no es baladí. 

Inditex, explican fuentes cercanas al grupo, encuentra en estas localizaciones una forma de reaccionar antes frente a la demanda de ciertos productos. La clave de su modelo siempre ha sido acertar con el producto que quiere el cliente, fabricar en tiradas cortas y vender la mayoría de sus productos al su máximo precio, sin descuentos. 

Inditex, ante un nuevo escenario que amenaza su arma secreta

El cisne negro que vive Asia ha generado un goteo de empresas que buscan en estos países alternativos una alternativa para salvaguardar su cadena de suministro, lo que para Inditex se materializa en una mayor competencia para acceder a estos proveedores locales. 

A todo ello se suma una inflación desbocada que impacta en estos polos productivos. "La lira turca, por ejemplo, es una montaña rusa y lo está complicando todo. Sube y baja afectando a veces bien y otras mal a los intereses del grupo. En esta ocasión, es a mal", ponen de relieve fuentes cercanas a la compañía.

Todo ello anticipa una subida en los precios de fabricación, que se terminarán repercutiendo al consumidor final. En España, donde la inflación escaló al 9,8% en marzo, Inditex subirá los precios "de forma selectiva" un 2%. A nivel mundial, lo hará un 5%. 

Como resultado, la escalada de precios en estos centros de proximidad trae consigo una cascada de contrariedades. "Cuando se decide subir los precios al cliente, o ya tienes la mercancía o, bien, está en fabricación, y no hay margen de corrección", explican fuentes cercanas a la operativa del grupo.

"Si subes los precios un 5%, sabes históricamente que vas a vender un 5% menos en unidades para conseguir el mismo objetivo marcado 6 meses antes", añaden. Lo más probable es que el consumidor no compre al mismo nivel que años anteriores y más con el alza generalizada de precios.

Y subrayan que una subida de precios suele conllevar a un menor movimiento de unidades y, por tanto, el final de temporada viene mercado por un mayor volumen de unidades que vender y, como consecuencia, el peor de los escenarios: la caída de los márgenes. 

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