La inflación se extiende por la cesta de la compra: de 12 productos hace un año a disparar el precio de la mitad de lo que consumimos

Un supermercado visto desde arriba.

Pixabay

La sombra de la inflación es alargada. Tanto, que ya cubre la mitad de la cesta de la compra. 

El precio de la mitad de lo que consumimos se ha disparado en abril de 2022. Hace sólo un año, apenas había 12 productos cuyo precio subía más de un 4,4%. Hoy son casi 100.

La cesta de la compra se ha encarecido un 8,3% en abril, comparado con el mismo mes de 2021, según los últimos datos del INE. Es menos que en marzo, cuando los precios se dispararon un 9,8%, hasta niveles no vistos en casi 40 años.

El problema es que, mientras la tasa general se va calmando, la inflación subyacente, que es el verdadero termómetro de la economía, no deja de aumentar. Si en enero estaba en el 2,4%, en abril ha escalado hasta el 4,4%, llegando a máximos de 1995.

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"La inflación subyacente es el grueso de la cesta de consumo. Que aumente significa que desde hace ya varios meses las subidas se están trasladando al precio final de cada vez más productos", explica María Jesús Fernández, economista senior de Funcas.

El propio Ministerio de Economía reconoció ayer que "preocupa la evolución ascendente que viene registrando este componente".

Basta con observar cuántos bienes se han encarecido por encima de esa subida media del 4,4% que marca la tasa subyacente: en abril de 2021, sólo había 12 productos creciendo por encima.

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Le pasaba a la luz, cuya factura empezó a dispararse en la primavera del año pasado. En abril, hacer frente al coste de la electricidad era un 36,9% más caro. Pero también afectaba a los combustibles, el transporte y algunos alimentos, entre otros.

Apenas un año después, de 12 hemos pasado a 98 productos afectados con subidas de precio superiores al 4,4%. 

El Índice de Precios al Consumo (que mide la inflación en España) se calcula haciendo la media de 198 bienes y servicios, que en abril de 2022 se haya disparado el precio de 98 de ellos significa que el subidón de la inflación ya ha contagiado a la mitad de todo lo que compramos.

En 2021, eran principalmente productos energéticos y alimentos no elaborados los que más se encarecían. Precisamente la clase de productos que se excluyen del cálculo a la hora de sacar la inflación subyacente (porque son enormemente volátiles. Su precio sube y baja constantemente influido por factores tan cambiantes como el propio clima).

En 2022, en cambio, no es sólo alimentos y energía lo que sube a toda pastilla. 

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Otros aceites comestibles es el producto que más sube en la cesta de la compra de abril, y lo hace influido especialmente por el aceite de girasol, cuyo coste se ha encarecido a pasos de gigante como consecuencia de la guerra en Ucrania (alrededor del 70% del aceite de girasol que España compra a otros países viene de Ucrania).

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Entre los primeros puestos de los productos y servicios que más se encarecen también se cuelan los hoteles y otros servicios de alojamiento, lo que podría deberse a la reactivación de la demanda y del turismo:

"España es un país donde el consumo por turismo y ocio es muy elevado. Con la pandemia, estos sectores cayeron notablemente, pero al haberse reactivado con fuerza en Semana Santa, ocurre que la inflación subyacente sube más de lo que se esperaba", explica Marta Martínez-Matute, doctora en Economía y profesora del Departamento de Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid.

También se dispara el precio de alimentos como la pasta, harina, huevos, la leche, salsas, legumbres y hortalizas, mantequilla, patatas chips, pollo, mermelada y miel, ternera... Y de servicios como las comisiones bancarias, los vuelos internacionales o seguros privados de salud. Así hasta completar una larga lista de productos que hace un año se salvaban de las subidas y, hoy, la inflación ha contagiado.

Durante los próximos meses, el Gobierno avisa de que la inflación se verá muy condicionada por la evolución y duración del conflicto entre Rusia y Ucrania, que puede tener repercusiones significativas sobre el precio de algunas materias primas, entre otras, gas, petróleo, cereales o aceites.

A esto se unen otros factores que ya estaban impulsando la inflación, como los efectos base provocados por la pandemia, las dificultades de aprovisionamiento o el intenso crecimiento de los precios de algunos bienes intermedios. "Todo ello, mantendrá elevada la inflación en el corto plazo, si bien ya comienza a observarse una moderación en sus tasas de crecimiento", añade.

Para frenar este recalentamiento y caer en una espiral de subidas de precio, el Ejecutivo ha pedido evitar trasladar el grueso de la inflación a los salarios

El problema es que el poder adquisitivo de los hogares no deja de caer por el aumento del coste de vida, y que ese aumento ya no viene sólo de la energía, que a veces sube y otras baja, sino de productos que son cada vez más caros, y ya no van a bajar.

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