Por qué la inflación profundiza la brecha de salud mental entre ricos y pobres

Un grupo de jóvenes millonarios observan las carreras de caballos de Ascot, en Reino Unido

Reuters

En enero la vida en España se encareció un 6,1% debido a la subida de precios de los carburantes, aunque si se excluyen los productos energéticos del cálculo, la inflación subyacente subió un 2,4%. Marca máximos desde 2012, y tiene consecuencias en el bolsillo de los españoles.

Esta subida del coste del nivel de vida genera una nueva incertidumbre económica que golpea seriamente a la salud mental, pudiendo ocasionar niveles elevados de tensión mental, estrés y ansiedad en la población, especialmente en la que tiene menos ingresos.

Desde Livescience apuntan a que en sí misma, la inflación no está necesariamente ligada a la disminución de la salud mental, sino que depende de la situación financiera particular de cada persona. Los individuos que no experimenten un aumento parejo en sus ingresos verán su economía personal deteriorada.

Dicho de otro modo, las personas con salarios más bajos, menor capacidad de ahorro y cuyos ingresos se destinan principalmente a necesidades como alimentos y gasolina tienden a sufrir más cuando la inflación es alta.

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¿El resultado? La inflación puede apuntalar la desigualdad económica y ser un clavo más en el ataúd de la salud mental de las personas más pobres. 

"Vivimos en un mundo donde la pandemia ha hecho que algunas personas sean más ricas de lo que ya eran, pero para las personas que están en el fondo, nunca han sido más inseguras”, indica a WordsSideKick.com Lisa Strohschein, socióloga de la Universidad de Alberta. 

Son varias las investigaciones que han profundizado en este fenómeno: en un estudio publicado en la revista World Psychiatry en 2018, los investigadores revisaron 26 estudios sobre la desigualdad de ingresos en todo el mundo. Su conclusión es que dos tercios de la población expresaron que la depresión aumenta a medida que la brecha de ingresos es mayor.

Otro nuevo análisis estadístico de 12 de esos estudios mostró que las personas en sociedades altamente desiguales tenían aproximadamente 1,2 veces más probabilidades de experimentar depresión en comparación con las sociedades más igualitarias. 

Una investigación revela que en las poblaciones con un mayor desequilibrio económico existen tasas más elevadas de esquizofrenia, la cohesión social disminuye y el estrés crónico sube para las personas vulnerables. 

El desempleo también vapulea la salud mental

Estar en paro también constituye un importante varapalo para la salud mental. El Holmes-Rahe Life Stress Inventory, una herramienta psicológica utilizada para medir la probabilidad de que alguien experimente impactos en la salud por el estrés, clasifica perder el trabajo como el octavo cambio de vida más estresante que le puede pasar a alguien.

Varias investigaciones también han medido los efectos negativos del desempleo, entre los que figuran síntomas ansiedad y depresión, baja autoestima y pérdida de bienestar. 

Un artículo de 2009 en el Journal of Vocational Behavior concluye tras analizar más de 300 estudios sobre el desempleo y la salud mental; encontraron que un tercio de los desempleados experimentan síntomas psicológicos negativos, en comparación con el 15% de las que sí tienen trabajo. 

El segmento más afectado fue el de los trabajadores de cuello azul, responsables de labores manuales y mecánicas. 

En torno a la inflación, recientemente el Washington Post investigó cómo la población más rica de Estados Unidos dispone de un colchón financiero para paliar la subida del nivel de vida, mientras que para los hogares de bajos ingresos genera ansiedad y depresión. 

En este reportaje, encuestas realizadas a estadounidenses durante enero y febrero confirmaron que más de la mitad de las personas activas afirmaban que el sueldo percibido por su trabajo no les bastaba para llegar a fin de mes. La Gran Renuncia que se ha producido en el país guarda relación con la insatisfacción emocional de un salario insuficiente. 

"Sentirse mal pagado y tener ingresos insuficientes del trabajo principal de uno es una fuente crónica de estrés que tiene vínculos con la ira y el resentimiento", explica Scott Schieman, sociólogo de la Universidad de Toronto. Estas emociones negativas ahogan otras como la autonomía o la motivación. 

Otra investigación de 2018 publicada en el Journal of Affective Disorders revela que las personas muy endeudadas tienen una tasa más elevada de problemas de salud mental. Si se produce un aumento del 1 % en las tasas de interés puede conducir a un aumento del 2,6 % en el riesgo de sufrir un trastorno psiquiátrico.

Los jóvenes también han sido un segmento muy afectado por el cierre de negocios, la subida del nivel de vida, la pandemia y la pérdida de empleo. 

En España, el panorama es negro para los millennials, una generación altamente cualificada que continúa encadenando contratos temporales, prácticas sin remunerar y salarios precarios, por no hablar de su difícil, en ocasiones imposible, acceso a la vivienda

Los psicólogos advierten del empeoramiento de la salud mental en jóvenes, agudizado por el coronavirus, que quita oportunidades de socialización y creación de redes, incrementa el aislamiento y la soledad e instaura la desesperanza y el temor por el futuro. 

El psicólogo Jean Twenge de la Universidad Estatal de San Diego descubrió que, en 2020, los adultos estadounidenses de 18 a 44 años experimentaron los peores impactos en la salud mental. Más allá de las consecuencias financieras, la inflación siembra una sensación de falta de control y socava las expectativas. 

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