Cerco al secretismo de las tecnológicas: los ingenieros reclaman saber para qué se usarán sus proyectos

Experto en ciberseguridad
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  • El último reclamo de los empleados de las tecnológicas es saber en qué proyectos están trabajando porque se han dado casos de haber participado en iniciativas en contra de sus principios éticos o morales.
  • Las multinacionales dicen que una empresa no puede ser 100% transparente con sus trabajadores porque los contratos son confidenciales.
  • Las consecuencias a la larga podría ser la falta de talento en dichas organizaciones.

Imagina que te enteras, por casualidad, que el trabajo que has estado realizando durante meses va en contra de tus principios éticos o morales. Eso es precisamente lo que le pasó a Jack Poulson, un científico de datos de Google que había estado trabajando en un proyecto que permitía al buscador volver a China siempre y cuando acatasen la censura que se les exigía.

"No tenía ningún conocimiento del producto. Sólo sabía que internamente lo llamábamos Dragonfly (Libélula, en español) y que yo era uno de los encargados de desarrollarlo", explica en una entrevista al The New York Times.

Cuando se enteró de la situación por la prensa decidió mandar un correo a Jeff Dean, responsable de Inteligencia Artificial de la compañía, y le preguntó directamente si Google tenía pensado seguir adelante con ese proyecto y si su trabajo iba a contribuir a la censura en China

Dean le confirmó lo evidente de forma políticamente correcta. Al día siguiente, Poulson abandonó la compañía.

Según el exgoogler, la iniciativa estaría llena de contradicciones establecidas por la misma empresa relacionada con los principios éticos en el uso de la inteligencia artificial. "Dragonfly es capaz de vincular al usuario con su número de teléfono, e incluye una lista negra con términos directos o indirectos sobre 'derechos humanos', 'protesta estudiantil' y muchos más", explica.

No es un caso aislado

Una trabajadora de Amazon procesa envíos en la planta de la compañía en Prat de Llobregat (Barcelona)Una trabajadora de Amazon procesa envíos en la planta de la compañía en Prat de Llobregat (Barcelona)
Una trabajadora de Amazon procesa envíos en la planta de la compañía en Prat de Llobregat (Barcelona)
Amazon

Empleados de Microsoft, Amazon o Salesforce llevan meses quejándose de lo mismo. El secretismo de las empresas está haciendo que muchos trabajadores de Silicon Valley y Europa se estén levantando contra las tecnológicas porque, cuando descubren la finalidad de los proyectos para los que trabajan, se sienten estafados. 

Por ejemplo, a principios de junio se descubrió que la compañía de Bezos estaba vendiendo software de reconocimiento facial para ayudar a Trump con sus políticas migratorias. Así, escribieron una carta a su CEO en la que mostraban su disconformidad a que esta tecnología desarrollada por ellos se utilizase para deportar a gente inocente. 

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Tanto es así que, en la propia carta, los empleados hacían una comparación con la tecnología que IBM vendió a los nazis el siglo pasado. "No dejaremos que vuelva a suceder lo que ocurrió hace unos años cuando IBM no se responsabilizó de vender tecnología a la Europa de extrema derecha", destacaban.

Algo parecido ocurrió en Microsoft cuando 300 trabajadores exigieron a la empresa que dejase de proporcionar servicios de computación en la nube al Departamento de Inmigración de Estados Unidos. Eso sí, los directivos de la multinacional restaron importancia al asunto y aseguraron que sólo proporcionaban servicios de mensajería y correo electrónico.

Por su parte, más de 650 empleados de Salesforce firmaron una petición para que su compañía dejase de trabajar para este mismo departamento porque la "igualdad debía ser uno de los valores esenciales de la empresa". 

Project Maven, el origen de todo

Reuters

Hace unos meses se descubrió que Google estaba trabajando con el Pentágono para construir una Inteligencia Artificial que supervisase las grabaciones de los drones de vigilancia, lo que mejoraría el sistema de apuntado. Este proyecto tenía como nombre en clave "Maven".

Por ello, unos 3.000 empleados de la compañía escribieron una carta a su CEO, Sundar Pichai, en la que pedían a la empresa que se retirase de este proyecto porque "Google no debía involucrarse en el negocio de la guerra". 

Esto se saldó con las dimisiones de 12 trabajadores de la compañía. Una de ellas fue Laura Nolan, una ingeniera de software de 38 años que, sin saberlo, estuvo implicada en el proyecto. "Pensaba que la organización para la que trabajaba tenía un propósito y, de repente, dio un giro de 180 grados", explica a The New York Times

Y es que Nolan no estaba dispuesta a que su trabajo sirviera para contribuir a las muertes de inocentes.

JEDI, el proyecto del Pentágono que causa polémica entre las empresas y empleados

Rey en Star Wars episodio VIII: Los últimos JediRey en Star Wars episodio VIII: Los últimos Jedi
Rey en Star Wars episodio VIII: Los últimos Jedi

Aunque pueda parecer el título de una de las películas de la saga de Star Wars, lo cierto es que uno de los escándalos más recientes relacionados con este tema tiene que ver con el proyecto JEDI (Infraestructura de Defensa Empresarial Conjunta, por sus siglas en inglés). Este contrato, valorado en 10.000 millones de dólares, pretende trasladar grandes cantidades de datos del Departamento de Defensa de Estados Unidos a un sistema en la nube.

Por una parte, el proyecto es conflictivo entre las propias multinacionales debido a una cuestión de I+D y seguridad. IBM, Oracle y Microsoft han comunicado que no debería hacerse una adjudicación de ganador único, asegurando que reprimiría la innovación y aumentaría los riesgos en temas de ciberseguridad para el Pentágono. 

Por otra parte, también genera polémica entre los empleados de las tecnológicas por cuestiones éticas.

Así, la semana pasada, Google retiraba su oferta inicial dejando de competir en esta puja porque "no podían estar seguros de que los principios morales de JEDI contravinieran los suyos en el uso de la Inteligencia Artificial".

Los empleados de Microsoft también han escrito una carta abierta hace unas horas en la que pedían a su empresa que rechazase este contrato por la misma razón que los de Mountain View. Y es que, según relata el comunicado, la tecnología debe ser "justa, confiable y segura, privada, inclusiva, transparente y responsable... y la adjudicación de este contrato no garantiza estos valores". 

De esta forma, todo apunta a que, finalmente, Project JEDI será responsabilidad de Amazon, líder del mercado de almacenamiento en la nube en Estados Unidos con un 44% del negocio. De momento, sus trabajadores no se han pronunciado sobre el mismo.

Clarifai, la última en salir a la luz

ClarifyClarify
Clarify
Glassdoor

Glassdoor

La última compañía a la que ha salpicado un escándalo similar es Clarifai. Esta startup tenía a varios ingenieros trabajando dentro de una sala privada cuyas ventanas estaban empapeladas con papel de periódico. Se la conocía como la "Cámara de los Secretos", haciendo referencia al segundo libro de Harry Potter, y ni siquiera los ocho empleados implicados en el proyecto sabía exactamente cuál era la naturaleza del mismo.

La explicación que daba Matt Zeiler, su CEO, cuando los empleados de la organización hacían preguntas, era que se trataba de un proyecto relacionado con el gobierno y los datos que podría llegar a salvar vidas

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Después de que los propios trabajadores leyeran unos documentos internos almacenados en el sistema, se dieron cuenta que estaban trabajando para Project Maven. Uno de los ingenieros implicados abandonó inmediatamente la empresa cuando se enteró, pero los otros siguieron adelante.

Un portavoz de la organización confirmó este hecho... a medias. "Cada miembro de Project Maven y Clarify aceptó trabajar en el proyecto cuando hablamos con ellos sobre cuál era el objetivo. Las dos personas que se negaron a hacerlo se les asignaron otros proyectos", explica.

El problema: la opacidad de las empresas

Roman Samborskyi / Shutterstock

"Es muy difícil que sepas para qué proyecto estás trabajando a menos que seas un ejecutivo senior", destaca Poulson. 

El problema es que la mayoría de los ingenieros que trabajan para las multinacionales tecnológicas se encargan, principalmente, de desarrollar algoritmos, bases de datos, e incluso, hardware —y todo tiene un nombre en clave. Por ejemplo, un sistema de almacenamiento de Google utilizado indistintamente para su motor de búsqueda, Google Maps y Gmail se llamaba internamente Colossus. Así, nunca saben exactamente para qué o por qué trabajan

"Nunca conoces a fondo cómo va a ayudar tu trabajo a un proyecto concreto", explica Nolan. 

Además, los propios directivos de las empresas señalan que es imposible ser transparente en una multinacional. "Siempre estamos trabajando en proyectos confidenciales. Imagino que, si trabajas en una empresa más pequeña, es más fácil enterarte de todo", explica Pichai. 

El problema es que trabajar en estos proyectos tiene consecuencias reales, tal y como explica Erica Joy Baker, una exingeniera de Google y activista de la industria. "Estamos hablando de hacer de jueces en la vida y la muerte. Estoy segura de que nadie piensa cuando entra a trabajar en Google que, en realidad, va a desarrollar armas para el Departamento de Defensa de Estados Unidos", destaca a Wired.

Los jóvenes talentos exigen más transparencia

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Aunque parezca que es una cuestión baladí, esto le puede costar a las empresas que los jóvenes talentos rechacen trabajar en sus compañías. De hecho, cuando saltó a la luz el escándalo de Project Maven, más de un centenar de estudiantes del MIT, Standford y otras universidades de renombre, enviaron una carta a Google diciendo que no iban a aceptar ninguna oferta de empleo de su organización a menos que abandonaran este proyecto. 

"Nos oponemos a contribuir al desarrollo de la tecnología de armas creada por empresas como Google y Microsoft", destacaban en el escrito. 

Uno de los estudiantes que firmaron el documento, Alex Ahmed, explicaba que eran ellos los que tenían que crear una conversación en torno a la ética de sus trabajos, ya que si no nadie lo iba a hacer. 

De hecho, Bridget Frey, CTO de Redfin, asegura que los últimos candidatos a los que se les ha ofrecido un puesto de trabajo en la compañía hacen muchas más preguntas relacionadas con la ética y la implicación de la empresa en la sociedad.

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