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Los interrogantes que deja el final de ETA

Agur ETA
Un cartel que dice ‘adiós’ a ETA. Wikimedia Commons

La banda armada ha sellado su desaparición este viernes con un acto en la localidad francesa de Cambo-Les-Bains al que han asistido representantes de los partidos vascos, excepto el PP y el PSE, y líderes internacionales.

Casi seis décadas después de su nacimiento en 1959, ETA escribe el punto y final, dejando una herencia trágica de 854 muertes y 6.389 heridos.

La banda ha anunciado el “final de su trayectoria” sin haber logrado sus objetivos de autodeterminación y de unión del País Vasco con Navarra que impulsaron su aparición. Tampoco ha logrado un intercambio de paz por presos, como pretendía.

El adiós de la banda deja varias cuestiones pendientes, como la situación de los presos, la disidencia y la resolución de casos judiciales. Además, tras el fracaso de actividad armada, la banda pugna por ganar la batalla del relato histórico.

El debate sobre los presos

En España hay 243 presos etarras en cárceles españolas, según datos del Ministerio del Interior de finales de abril. De estos, un 10% se encuentran en prisiones del País Vasco o Navarra o a menos de 350 kilómetros de estas comunidades.

Aunque el 93% de los reclusos ha abrazado la disolución, tan solo cinco disfrutan hoy en día de beneficios penitenciarios, tras adherirse a la Vía Nanclares. Esta fórmula de reinserción implica reconocer el daño causado, pedir perdón a las víctimas y colaborar con la justicia.

El PNV apoya el acercamiento de los presos enfermos, pero el Gobierno lo rechaza, aunque en el pasado puso como condición la disolución de ETA para acometer cambios en la política penitenciaria.

Asesinatos todavía impunes

La situación de los presos está directamente relacionada con el esclarecimiento de los 297 crímenes de ETA en 224 atentados sin autor, según el último informe de la Audiencia Nacional en enero de 2017. Tampoco se han resuelto el 60% de los crímenes de la ‘guerra sucia’ contra ETA.

La resolución de los primeros dependerá en parte de la confesión de los etarras, que en su casi totalidad se han negado a aportar información.

También ha suscitado esperanza entre las víctimas la entrega de Francia de los ‘archivos de ETA’, un convoy de camiones con documentos y armas que podría arrojar luz sobre algunos casos.

En cuanto al armamento entregado por ETA, ha sido limpiado por sus militantes para eliminar el rastro de las huellas, lo que complica la labor de los investigadores. La banda ha proporcionado un total de 144 armas de fuego en dos tandas, el 8 de abril de 2017 y el pasado 25 de abril.

Sin embargo, ETA no ha podido facilitar todo el material que guardaba en el centro y sur de Francia. Según publicó la Cadena Ser, faltan 60 pistolas que ATA, una escisión de ETA robó antes del primer desarme y que ni la banda ni la izquierda ‘abertzale’ han podido recuperar.

Banda Terrorista ETA
ETA en uno de sus comunicados Getty Images

Resistencia entre los ‘duros’ de ETA

ATA (Amnistía y Libertad en euskera), surgido en 2009, está formado por un sector de presos etarras y de miembros de la izquierda ‘abertzale’ contrarios a la disolución. Sus integrantes también se han mostrado muy críticos con el abandono de la exigencia de amnistía para los reos etarras.

Uno de los cabecillas de ATA, Jon Iurrebaso, ha censurado el comunicado de la banda del 20 de abril en que pedía perdón a parte de las víctimas.

En su opinión, lo primero que debería haber hecho la organización es “pedir perdón a Euskal Herria por abandonar la lucha sin haber conseguido los objetivos por los que nació”, así como a sus “militantes muertos y asesinados” y sus “presos”, “deportados” y “huidos”.

A pesar de la ferocidad dialéctica de sus dirigentes, las fuerzas de seguridad descartan que esta facción pretenda volver a las armas.

El relato tras 60 años de terror

Aunque ha admitido su “responsabilidad directa” y el “sufrimiento desmedido”, la banda no ha pedido perdón a todas las víctimas y ha reivindicado su legado en diferentes comunicados.

El texto leído el jueves por el dirigente histórico Josu Ternera defendía la aparición de ETA en una Euskadi “ahogada por las garras del franquismo” y reivindicaba el “trabajo realizado” y la “lucha de diferentes generaciones”.

Tras su desmantelamiento, el relato se ha convertido en la principal ‘batalla’ de ETA, en un contexto en que el que solo el 5% “justifica” el pasado de la banda. En el Parlamento vasco, las dos iniciativas recientes para consensuar un relato de lo ocurrido no han logrado el apoyo unánime de todos los grupos políticos.

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