Una investigación detecta 42 "sustancias químicas misteriosas" en la sangre de las mujeres embarazadas y de sus bebés recién nacidos

Vacuna a mujer embarazada

bogdankosanovic/Getty Images

  • Investigadores de San Francisco han identificado 42 "sustancias químicas misteriosas" en la sangre de mujeres embarazadas.
  • Las sustancias químicas no estaban vinculadas a ningún compuesto conocido y no se habían identificado antes en personas.
  • La investigación ha demostrado que las madres transmiten las sustancias químicas a sus bebés recién nacidos.
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Cuando los investigadores recogieron muestras de sangre de 30 mujeres embarazadas en San Francisco, esperaban encontrar evidencias de sustancias químicas ambientales comunes.

Las sustancias químicas conocidas como PFAS (sustancias perifluoradas y polifluoradas) se encuentran en el torrente sanguíneo del 99% de los estadounidenses. Otras sustancias tóxicas, como los retardantes de llama y los pesticidas, suelen aparecer también en las muestras de sangre humana.

Pero, para su sorpresa, los investigadores descubrieron 55 sustancias químicas nunca antes identificadas en las personas.

Algunas de esas sustancias químicas contenían compuestos reconocibles: dos pertenecían a la familia de los PFAS, uno era un pesticida y 10 más eran plastificantes, sustancias que hacen que el plástico sea duradero y flexible.

Las 42 sustancias restantes fueron etiquetadas como "sustancias químicas misteriosas", ya que los investigadores no pudieron encontrar una forma de clasificarlas. Las sustancias químicas se identificaron en las 30 mujeres embarazadas, así como en sus bebés una vez nacidos, según el nuevo estudio de los investigadores.

"Los encontramos, pero no sabemos de dónde proceden y no tenemos información sobre su potencial toxicidad", explica a Business Insider Tracey Woodruff, autora principal del estudio.

A los investigadores les preocupa especialmente los indicios de que las sustancias químicas pueden pasar de una generación a otra.

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"La mayoría de las sustancias químicas que observamos son capaces de atravesar la placenta, lo que sugiere que la placenta no es eficiente a la hora de prevenir estas exposiciones y no es eficiente a la hora de eliminar estas sustancias químicas del feto", señala Dimitri Panagopoulos Abrahamsson, coautor del estudio.

Y añade: "Como parecían estar tanto en las madres como en los bebés, es de esperar que estas sustancias químicas permanezcan en la población durante mucho tiempo".

Algunos de los misteriosos químicos pueden estar ligados a bienes de consumo 

Una mujer limpia los estantes de maquillaje de una tienda

Yuriko Nakao/Getty Images

La Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) mantiene una base de datos de casi 900.000 sustancias químicas y sus usos, pero los fabricantes de productos químicos no están obligados legalmente a revelar todos los compuestos que crean. Esto dificulta la búsqueda de sustancias que puedan suponer un riesgo para la salud humana.

Incluso cuando la EPA prohíbe el uso de una determinada sustancia química, se sabe que los fabricantes desarrollan sustancias químicas derivadas que no están sujetas a la misma normativa. Por ejemplo, las empresas deben solicitar la aprobación de la EPA para fabricar o importar productos que utilicen PFAS con 8 átomos de carbono, pero son libres de fabricar o importar PFAS con 6 átomos de carbono. (Las investigaciones sugieren que ambas versiones podrían estar relacionadas con el cáncer).

Los investigadores de San Francisco encontraron 4 tipos de PFAS que no se habían identificado previamente en la sangre humana. En general, estas sustancias químicas se encuentran en los envases de los alimentos, la ropa, las alfombras y los utensilios de cocina.

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Los investigadores creen que varias de las "sustancias químicas misteriosas" que encontraron pueden proceder también de bienes de consumo, ya que se sabe que artículos como los muebles, los aparatos electrónicos y los cosméticos contienen sustancias químicas.

"Hay algunas sustancias químicas que parecen estar en niveles más altos en las personas con un nivel socioeconómico más alto", dice Abrahamsson. "Nuestra mejor conjetura al respecto es que cuando uno puede permitirse más productos, cuando tiene un mayor poder adquisitivo, introduce muchos más productos en su casa".

Añade que algunas de las sustancias químicas misteriosas que su equipo identificó pueden ser impurezas, es decir, sustancias químicas añadidas a propósito o accidentalmente a las sustancias comunes utilizadas por los fabricantes.

"En estos casos, es aún más difícil saber dónde se utilizan estas sustancias químicas porque no son las principales utilizadas en el producto", advierte Abrahamsson.

Amenazas potenciales al desarrollo del bebé 

Ecografía a embarazada

Associated Press

En general, las sustancias químicas suponen un mayor riesgo para la salud en dosis más altas, o cuando las personas están expuestas con mayor regularidad. Pero Woodruff señala que pasará un tiempo antes de que los científicos sepan qué niveles de estas sustancias químicas misteriosas, si es que las hay, son potencialmente peligrosas para los seres humanos.

"Dado que se trata de sustancias químicas misteriosas, es probable que ni siquiera estén en el radar de la EPA en cuanto a la identificación de su riesgo potencial para la salud o el establecimiento de algún tipo de niveles que sean más o menos preocupantes", reflexiona.

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Las mujeres embarazadas de Estados Unidos ya están ampliamente expuestas a sustancias químicas ambientales como los pesticidas o los retardantes de llama, que pueden amenazar el desarrollo del feto. En algunos casos, esta exposición puede provocar defectos de nacimiento, cáncer infantil o problemas de salud en la edad adulta, como problemas reproductivos, obesidad y diabetes.

Por eso, según Woodruff, es importante que los científicos sigan estudiando las sustancias no identificadas en la sangre de las personas. Pero estos estudios están destinados a chocar con un muro, añade, si las empresas no informan de todas las sustancias que utilizan.

"Solo estamos cubriendo la punta del iceberg de las sustancias químicas en las que debemos centrarnos", dice Woodruff. "Hay muchas, y prevemos que hay motivos para preocuparse".

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