La flora intestinal y el sistema inmunitario de los niños cambian tras un mes jugando en la naturaleza: el descubrimiento de un fascinante experimento finlandés

Niños en el huerto

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  • Un experimento llevado a cabo en Finlandia alteró el entorno urbano de un grupo de niños de una guardería y comprobó los cambios en su microbiota y sistema inmunitario un mes después. 
  • Jugar con la vegetación, cultivar plantas o cuidar de un huerto aumentan la diversidad microbiana y mejoran las defensas en tan solo 30 días.
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La naturaleza tiene solución para todo, y volviendo a formar parte de ella o teniendo contacto con la tierra, el organismo también se fortalece y enriquece, previniendo futuras enfermedades e infecciones, además de contribuir a una buena salud mental

En el caso de los niños, jugar a través de la vegetación o cultivar plantas durante tan solo un mes puede bastar para modificar su sistema inmune, según un experimento llevado a cabo por la Universidad de Helsinki en Finlandia. 

Los pequeños integrantes de una guardería tuvieron ocasión de ver como su parque convencional era enriquecido con un césped y plantas del bosque locales como brezo enano y arándanos. Además, los niños se hicieron responsables de cuidar los cultivos en macetas

Un mes después: aumento de células T y microbiota intestinal más diversa

Pese al corto lapso de tiempo que pasó, pudo observarse una clara mejora en la microbiota del grupo de niños de esta guardería finlandesa. Este término, también conocido como flora intestinal, define a la comunidad de microorganismos vivos residentes en el tubo digestivo, considerado un "segundo cerebro".

En comparación con otros niños de guarderías urbanas estándar donde los materiales imperantes son pavimento, baldosas y grava, los niños de 3, 4 y 5 años en estos centros infantiles verdes mostraron tras el mes de contacto con la tierra un aumento de células T y otros importantes factores inmunes marcadores en su sangre.

"También encontramos que la microbiota intestinal de los niños que recibieron vegetación era similar a la microbiota intestinal de los niños que visitan el bosque todos los días", explica la científica ambiental Marja Roslund de la Universidad de Helsinki, cuya investigación ha sido publicada en Science Advances.

Una guardería antes (izquierda) y después de introducir césped y huerto.

Aunque estudios previos han demostrado que la exposición temprana a los espacios verdes está relacionada de alguna manera con un sistema inmunitario fuerte, este es el primero que manipula el entorno urbano de un niño y mide los cambios en las defensas y en la microbiota intestinal. 

De hecho, los resultados apoyan la hipótesis de la biodiversidad, que postula que una baja biodiversidad en el entorno urbano asociado a la vida moderna puedes ser parcialmente responsable del reciente aumento de enfermedades relacionadas con el sistema inmunitario.

El estudio comparó los microbios ambientales que se encuentran en los patios de 10 guarderías urbanas diferentes, cuidando a un total de 75 niños de entre tres y cinco años. En algunas los patios eran de grava cemento y en otras cuatro había vegetación, plantas y maleza. 

28 días después, los investigadores encontraron que los microbios en la piel y las entrañas de los niños que jugaban regularmente en los espacios verdes habían aumentado en diversidad, una característica que está vinculada a un sistema inmunitario más sano y resistente ante adversidades. 

Niño en el bosque

Sus resultados coincidieron en gran medida con el segundo grupo de niños en las guarderías que tenían salidas para el tiempo diario en la naturaleza.

Al jugar en la tierra y tener contacto con la hierba o los árboles se produjo el incremento de un microbio llamado gammaproteobacteria pareció estimular la defensa inmunológica de la piel, así como aumentar las secreciones inmunitarias útiles en la sangre y reducir el contenido de interleucina. -17A, vinculada a enfermedades de transmisión inmunológica.

Dicho de otro modo, es un indicador más que apunta a que la naturaleza puede desempeñar un papel clave en la prevención de alergias y trastornos autoinmunes. 

Otros estudios han destacado que estar al aire libre mejora la vista de los niños, o que el contacto natural propicia una mejor salud mental. Incluso se ha puesto de manifiesto que los espacios verdes están relacionados con cambios estructurales en el cerebro de los niños.

Hay que realizar más investigaciones teniendo en cuenta que solo se trata de una correlación, el tamaño de muestra es pequeño y existe dificultad para controlar todos los factores ambientales.

Mientras, los autores tienen clara la recomendación. "Podríamos llevar a nuestros hijos a la naturaleza 5 veces por semana para impactar en su microbiota. Sería mejor que todos pudieran jugar en los charcos y cavar tierra orgánica", explica a Science Alert el ecologista ambiental Aki Sinkkonen de la Universidad de Helsinki.

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