Jóvenes cada vez más precarios: el 82% de los menores de 26 años cobran por debajo del salario mínimo

A menudo tenemos que ayudar y formar a los nuevos camareros.
Horacio Villalobos - Corbis/Corbis via Getty Images

Irene trabaja como teleoperadora en atención al cliente de un banco online. Tiene 25 años y gana poco más de 800 euros al mes, por debajo del salario mínimo. "Con este sueldo no me puedo emancipar en Madrid, así que vivo con mi familia", cuenta. 

Después del impacto del COVID-19, los alquileres han vuelto a dispararse en la capital, y vuelven a estar en máximos. "Podría alquilar una habitación y compartir, pero si le sumas la compra, la luz, que no dejan de subir... no me puedo pagar un piso".

Desgraciadamente, ese es el pan de cada día de la mayoría de jóvenes. En España hay 3,3 millones de jóvenes que cobran menos del salario mínimo. Esa cifra supone nada menos que el 60% de los menores de 36 años.

Pero los datos son todavía más demoledores al bajar el umbral de edad. Según datos de la Agencia Tributaria, el 82,3% de los menores de 26 cobran por debajo del salario mínimo. 

Lo normal hoy en España es que si tienes 25 años o menos, tu salario no llegue a los 2.500 euros al año. Ese es el sueldo medio bruto para ese 82,3%: poco más de 200 euros al mes. 

Y la situación no mejora mucho al ampliar el foco. Si se considera el total de los empleados jóvenes, el salario medio anual fue de 7.252 euros en 2020 para los menores de 26, y de 16.137 euros en el caso de los menores de 35 años. 

"Los jóvenes son el colectivo que afronta las peores condiciones laborales relativas, sufren niveles de precariedad insoportablemente altos", señala CCOO en un estudio sobre precariedad laboral.

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Cuesta abajo desde los 2000: el efecto cicatriz de la crisis

La situación ha empeorado drásticamente en las últimas 2 décadas. Si nos preguntamos: ¿viven los jóvenes peor que antes? En términos de salario no hay dudas. Basta con echarle un vistazo a los datos.

En 2001, sólo el 52% de los menores de 25 cobraba por debajo del salario mínimo. 20 años después, ese 52% se ha convertido en un 82%. De poco más de la mitad, a la gran mayoría.

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"El mercado laboral de los jóvenes está peor que antes. Llevamos 30 años de continuo deterioro de las condiciones laborales para los jóvenes en España", lamenta Marcel Jansen, profesor titular de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid e investigador asociado en Fedea.

Cada vez que hay una crisis, el mercado laboral se lleva un golpe del que luego tarda en levantarse. Y llevamos 3 crisis en poco más de una década. "Ya tenemos generaciones con 2 crisis a sus espaldas, y ahora podría llegar la tercera", añade.

Jansen explica cómo entonces se produce un efecto cicatriz: "cuando entras en un mercado laboral en crisis tienes peores condiciones laborales, pero las cohortes que entran después, siguen entrando en peores condiciones. Esto lleva a un proceso de continuo deterioro de la situación para los jóvenes".

Es cierto que en los últimos 3 años, el Gobierno ha subido el salario mínimo sustancialmente (en 2019 era de 736 euros al mes, y ahora llega a 1.000), y que España se ha convertido en el tercer país europeo donde más ha crecido desde 2012

Esta subida ha beneficiado necesariamente a los jóvenes. Según cálculos de CCOO, el 40% de  los trabajadores con subida del SMI tiene menos de 34 años. Si en 2017 el salario medio bruto de los menores de 36 era de 10.730 euros al año, en 2020 ha aumentado hasta los 11.700.

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La parcialidad, el verdadero problema

Cuando no trabajas a jornada completa, por mucho que subas el salario mínimo, seguirás siendo pobre.

Belén tiene 28 años y vive con sus padres en Murcia. Hace un año trabajaba cubriendo una plaza de profesora en un instituto, pero el contrato de interinidad se acabó. Ahora, mientras espera que le llamen, alterna varios trabajos como repartidora y camarera. 

“Como camarera son unas 15 horas al mes, y gano 400 pavos”, cuenta, así que de vez en cuando intenta ganar un extra cubriendo vacantes en bodas. Aún así, no llega al salario mínimo.

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Los jóvenes no sólo padecen la enfermedad de la temporalidad. De cada 3 trabajadores jóvenes, 2 tienen contrato temporal, lo que también se traduce en empleos más inestables y con menores salarios. Además de eso, sufren una elevada tasa de parcialidad. Uno de cada 4 empleados con jornada parcial tienen menos de 29 años.

Los contratos a jornada parcial llevan aparejados menos horas de trabajo y, por ende, salarios más bajos. Si el salario mínimo ahora mismo está en 1.000 euros brutos, para un trabajador a media jornada suponen sólo 500 euros al mes.

"Los contratos a tiempo parcial han generado pobreza laboral. Cuando miras la retribución anual, muchas personas no llegan a salir del umbral de pobreza", lamenta Florentino Felgueroso, investigador asociado de Fedea.

El problema es que esa parcialidad podría seguir aumentando, a pesar de la reforma laboral. Los últimos cambios aprobados buscan ponerle fin a los contratos temporales, pero el efecto colateral podría ser un repunte en los de jornada partida. 

En lo que va de año se han firmado 1,7 millones de contratos fijos, un 180% más que en los primeros 4 meses de 2021. Pero el 51% son fijos-discontinuos o fijos a tiempo parcial. Es decir, son contratos que, aunque son fijos, esconden algún tipo de temporalidad.

La inflación, el golpe de gracia

La subida de la inflación ha sido el golpe de gracia para una generación con 2 crisis a cuestas y un salario que per se no posibilita la emancipación.

Si el aumento de precios desde hace meses agujerea el bolsillo de los hogares españoles, los jóvenes ya lo tienen desgarrado.

"En la medida que los jóvenes están sobrerrepresentados en las rentas bajas, aquellos que viven de manera independiente están entre los hogares más afectados", apunta Jansen.

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Altas tasas de temporalidad y de paro, salarios bajos e inestabilidad, escalada de precios... La generación más joven sufre todos los problemas que golpean a la economía, pero al cuadrado, y, sin embargo, lamenta Jansen, "en política económica no son una prioridad". Algo preocupante, advierte, porque un país sin futuro para los jóvenes es un país sin futuro.

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