Un prestigioso economista advierte de que China se dirige a una "crisis muy desagradable" porque Xi Jinping ya no actúa como un comunista

El presidente de China, Xi Jinping, asiste a una ceremonia de bienvenida del presidente italiano, Sergio Mattarella, en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, China, el 22 de febrero de 2017.

REUTERS/Jason Lee

Filip De Mott,

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  • China ha llegado al límite de lo que puede hacer para evitar una crisis económica, sostiene Paul Krugman.
  • Necesita crear estímulos, pero la ideología de Pekín se interpone en su camino. A pesar de ser un país comunista, sus líderes parecen rechazar las ayudas sociales y al consumo, afirma Krugman.

Si China quiere cambiar su suerte económica, tendrá que ser más fiel a sus raíces comunistas, sostiene Paul Krugman.

"China es un lugar extraño desde el punto de vista ideológico. En realidad, no es una sociedad comunista desde ningún punto de vista normal", señala el Nobel de Economía en el New York Times. "Por un lado, no les gusta darle dinero a la gente. Tampoco les gusta que la gente sea financieramente independiente, porque todavía quieren que el Gobierno tenga el control".

Pero la negativa de Pekín a brindar a sus consumidores y empresas algún tipo de ayuda mediante, por ejemplo, un gran programa de estímulo significa que sus actuales desafíos económicos pueden expandirse libremente.

La deflación, la enorme deuda, la caída del crecimiento y el aumento del desempleo han sido temas importantes en China este año, ya que los consumidores han limitado en gran medida su gasto. Aunque esto es resultado de la necesidad, Krugman también apunta a una fuerte cultura de ahorro derivada de la historia china.

Tanto los inversores como los analistas han pedido soluciones con políticas de estímulo. En cambio, los dirigentes chinos han optado por medidas de apoyo más pequeñas, la mayoría de las cuales han tenido poco impacto, como recortes de los tipos de interés o la flexibilización de las restricciones a la compra de propiedades.

"China se enfrenta una gran crisis económica y ha llegado al límite de lo que ha estado haciendo para mantener su economía a flote", apunta el experto. "A menos que el Gobierno chino esté dispuesto a afrontar la necesidad de hacer algo muy diferente, China se dirige a una crisis muy desagradable".

Xi Jinping y la economía de China

"China está orgullosa de tener un régimen profundamente hipócrita"

Parte de la cautela del Gobierno respecto de los estímulos también es un reflejo de la propia ideología del presidente Xi Jinping. A pesar de liderar el Partido Comunista de China, Krugman subraya que el líder autoritario parece más alineado con lo que sería un republicano conservador en Estados Unidos, y cita cómo Xi ha condenado los "peligros de las políticas del bienestar".

Si bien esta "actitud puritana" no ha sido un problema durante los períodos de alto crecimiento, Pekín tiene que permitir a su población cierta independencia en el gasto si quiere revivir su economía, comenta.

De lo contrario, la crisis económica tiene el potencial de convertirse en una crisis política, a medida que los ciudadanos desempleados de China comiencen a dudar de su liderazgo. Como la legitimidad de Pekín proviene de haber supervisado un crecimiento vertiginoso en las últimas décadas, un final abrupto de esa tendencia causará problemas.

"China está orgullosa de tener un régimen profundamente hipócrita. Predica el marxismo, la igualdad y la próxima utopía comunista, y practica un capitalismo rapaz y altamente desigual", concluye Krugman.

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