Las langostas pueden oler el cáncer, sugiere un prometedor experimento

Langosta

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Los humanos tenemos un olfato bastante pobre en comparación con numerosas especies de animales, capacitadas por su sofisticada nariz para detectar enfermedades gracias a este sentido. Así, perros o abejas pudieron ser entrenados para saber si alguien padece COVID, mientras que recientemente se descubrió la capacidad de gusanos microscópicos para detectar cáncer de pulmón.

Las nuevas aliadas de la naturaleza que se suman a este superpoder son las langostas, capaces de oler el cáncer y de diferenciar las células humanas sanas de las cancerosas, según una investigación publicada en el sitio web de preimpresión BioRxiv y pendiente de revisión por pares. 

Estos insectos son realmente sofisticados en esta capacidad: pueden seleccionar líneas celulares de cáncer individuales, lo que sugiere que se puede detectar el tipo de cáncer, así como la presencia de la enfermedad. Su potencial para la detección temprana de la patología es, por tanto, enorme. 

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Según explican desde Science Alert, midieron esta capacidad de detección de las langostas a través de los cambios en su actividad cerebral con ayuda de electrodos. Se muestra confiable, sensible y rápida, y ocurre en solo unos pocos milisegundos. Sin necesidad de ninguna tecnología compleja, millones de años de selección natural concentrados en la langosta dan su fruto en esta habilidad.

"Si tenemos éxito, el cáncer será una enfermedad tratable", se muestra optimista el microbiólogo Christopher Contag de la Universidad Estatal de Michigan.

Lo que las langostas huelen es la alteración de los compuestos orgánicos volátiles(COV) que emitimos al exhalar, ya que el interfiere con los procesos metabólicos de las células individuales.

Experimento exitoso con electrodos

Tras conectar electrodos a los cerebros de las langostas, los científicos fueron capaces de medir la reacción de los insectos a las muestras de gas de diferentes células y establecer perfiles de señal para representar a los diferentes químicos. Los perfiles fueron distintos para células sanas y cancerosas.

Dicho de otro modo, el aliento de las células tuvo un olor diferente para las langostas, algo atribuible a los cambios en los metabolitos. El estudio se circunscribió a los cánceres de boca, aunque los investigadores creen que estos insectos podrían detectar otros de la misma manera. 

"Esperábamos que las células cancerosas parecieran diferentes a las células normales. Pero cuando los microbios pudieron distinguir tres cánceres diferentes entre sí, fue sorprendente", anota Contag.

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En los diferentes tipos de cáncer, la tasa de supervivencia es de alrededor del 10 al 20% cuando el cáncer se detecta en la etapa 4 y ya se ha extendido a otras zonas u órganos del cuerpo. Existe una diferencia abismal con detectarlos en la fase 1, cuando la probabilidad de supervivencia se sitúa en torno al 80 o 90%. Y las langostas pueden ayudar a ello.

Más allá de las narices electrónicas que detectan cambios en los COV, estos sensores son mucho menos precisos que sus contrapartes naturales, los animales con capacidad de extraer el dato a través de su sentido del olfato. 

El propósito de los autores del estudio sería hackear el cerebro del insecto para utilizarlo en el diagnóstico de enfermedades, aplicando ingeniería inversa al poder de olfato natural de las langostas. 

"Teóricamente, podría respirar a través de un dispositivo, y podría detectar y diferenciar múltiples tipos de cáncer e incluso en qué etapa se encuentra la enfermedad", anota por su parte el ingeniero biomédico Debajit Saha de la Universidad Estatal de Michigan. No obstante, todavía estamos a años luz de ver ese tipo de aparatos desarrollándose y usándose en un entorno clínico. 

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