La reina Isabel II dirigió Reino Unido durante más de 70 años: estas son las lecciones sobre liderazgo más importantes de su reinado

La reina Isabel II junto a la princesa Alexandra en un coche de caballos, el 20 de junio de 2018.
La reina Isabel II junto a la princesa Alexandra en un coche de caballos, el 20 de junio de 2018.

AP Photo/Tim Ireland

La reina Isabel II no se ganó tantos adeptos por el mero hecho de llevar una corona. 

Isabel II, fallecida el jueves, 8 de septiembre, forjó su legado a través de su imagen de marca, su adaptabilidad y su capacidad de trabajar en equipo, habilidades que otros podrían interiorizar.

Los líderes como ella "logran el difícil equilibrio entre la constancia y la adaptación", señala a Business Insider el profesor de liderazgo y cambio corporativo de la escuela de negocios IMD en Suiza, Michael Watkins

Watkins asegura que estos líderes "se mantienen anclados en sus principios y son coherentes con sus compromisos, pero saben doblegarse ante los cambios inevitables".

 

La disposición de la reina de Inglaterra a ceder en determinadas ocasiones y a apegarse a la tradición en otras es un comportamiento que otros líderes harían bien en adoptar, según los expertos en liderazgo. 

La capacidad de saber distinguir cuándo hay que cambiar y cuándo hay que mantener el rumbo es especialmente relevante hoy en día, con la amenaza de recesión económica, la incertidumbre sobre la vuelta a la oficina y la inquietud de los trabajadores, que generan que se pueda existir cierta sensación de inestabilidad.

Estas son las lecciones de liderazgo más importantes que se pueden extraer del reinado de la reina Isabel II.

Mantenía una imagen de marca coherente 

Los coloridos sombreros de la reina Isabel II y los corgis que la acompañaban eran componentes esenciales de su estrategia de liderazgo, asegura a Business Insider Cindy McGovern, CEO de la consultora Orange Leaf Consulting y autora del libro Sell Yourself (Véndete a ti mismo).

La reina construyó una imagen de marca que se ha mantenido vigente durante más 70 años, incluso "cuando el mundo cambió radicalmente a su alrededor", indica Mauro Porcini, vicepresidente senior de PepsiCo y autor del libro que saldrá el próximo 18 de octubre, The Human Side of Innovation (El lado humano de la innovación).

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Esa coherencia fue una de las maneras en las que la Reina Isabel II mejoró la confianza del pueblo en la monarquía, afirma McGovern. La CEO de Orange Leaf Consulting dice que los habitantes de la Commonwealth sentían que conocían a la Isabel II, lo que la convertía en un hombro en el que apoyarse y en algo que transmitía firmeza cuando el mundo se mostraba agitado.

"Ella era la misma, pasara lo que pasara", explica McGovern. "Frente a la pandemia, frente a la guerra, frente a la paz, frente a la crisis, frente al escándalo, nunca era otra cosa que no fuese la reina Isabel".

Puso su labor por encima de sí misma

Aunque era amada por millones de personas, la reina Isabel II también representaba una monarquía con un oscuro pasado. Gobernó la Commonwealth durante un periodo en el que se produjeron violentos procesos de descolonización. En el siglo XX, muchos británicos, incluida la recién elegida primera ministra de Reino Unido, Liz Truss, abogaron por la abolición de la monarquía.

Para contrarrestar su decadente imagen pública, la reina lideró Gran Bretaña poniendo a su pueblo por encima de todo, sostiene McGovern. "Se la veía como una especie de roca, como una estatua, pero no lo era. Era muy compasiva. En realidad, tenía un corazón servicial".

La reina Isabel II durante la emisión de su primer discurso de Navidad, el 25 de diciembre de 1952.

Durante la emisión del primer discurso de Navidad de Isabel en 1957, la reina señaló que su papel no era ni podía ser el de sus predecesores. "No puedo llevaros a la batalla, no os pongo leyes ni administro justicia, pero puedo hacer algo más. Puedo daros mi corazón y mi devoción a estas viejas islas y a todos los pueblos de nuestra hermandad de naciones".

Nunca se echó atrás a la hora de desafiar los convencionalismos si creía que era lo mejor para su pueblo, según la CEO de Orange Leaf Consulting. Aunque ahora es habitual ver a los miembros de la familia real saludar a sus admiradores, esta práctica era inaudita hasta el primer "paseo" de la Reina en su gira de 1970

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"Es un rasgo de liderazgo muy potente. Muchos líderes olvidan que, si haces bien tu trabajo, no siempre vas a tomar la decisión más aplaudida", indica McGovern. 

La reina incluso llegó a poner a la corona por encima de su familia en determinadas ocasiones. Por ejemplo, cuando optó por quitarle a su nieto, el príncipe Harry, y a su esposa, Meghan Markle, duques de Sussex, los títulos honoríficos y los patrocinios reales tras su decisión de apartarse de sus funciones como miembros de la casa real en febrero de 2021. 

"Antepuso su causa y su país a cualquier otra cosa. Puso su deber por encima de sí misma. Amaba su propósito más que a sí misma. Era obvio y era palpable", explica el vicepresidente senior de PepsiCo.

Acompañó a otros líderes

La reina Isabel II trabajó codo con codo junto a 15 primeros ministros a lo largo de todo su reinado.

Tenía 27 años y acababa de convertirse en reina cuando conoció a Winston Churchill, que la orientó sobre la monarquía y la política. Medio siglo después, Tony Blair, antiguo primer ministro británico, declaró a The Telegraph que Isabel era "casi la única persona" a la que podías "contarle algo con total confianza" y saber que esa confianza nunca se perdería.

La relación de la reina con el parlamento británico reforzó su imagen. "Si ella hubiese quebrantado o entrado en conflicto con los principios del Gobierno, la monarquía hubiese perdido su aceptación en la sociedad británica", afirma Adam Galinsky, psicólogo social y profesor de gestión en la Universidad de Columbia. 

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"Al entender esa distinción, creo que fue capaz de representar el papel de socia del sistema parlamentario", dice Galinsky.

Según la directora general de Orange Leaf Consulting, al apoyarse en sus asesores y en el Gobierno, la reina Isabel II permitió a otros líderes decir que necesitaban ayuda. 

"No se limitaba a sentarse y a lucir sus joyas. Tenía que trabajar de verdad", defiende McGovern. "Parecía un muro de carga, pero era así de fuerte porque se había rodeado de gente realmente válida".

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