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Brad Smith: el líder de Microsoft que guía la inteligencia artificial ética

Brad Smith, presidente y jefe de legal de Microsoft. [RE]
Brad Smith, presidente y jefe de legal de Microsoft. Greg Sandoval/Business Insider
  • Brad Smith es uno de los directivos con más solera de Microsoft: se unió a la firma en 1993 y ha ido progresando en su departamento legal hasta convertirse en el presidente de la multinacional.
  • Si en su primera etapa Smith tuvo que enfrentarse a los reguladores europeos por el monopolio de Microsoft, el directivo aprendió de esos malos momentos para convertirse en uno de los líderes en la lucha por la privacidad y la ética en la inteligencia artificial.
  • Suyas son ideas como la Convención Digital de Ginebra o la creación de los primeros principios para el desarrollo de una inteligencia artificial ética.
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Microsoft es una empresa mundialmente conocida. Prácticamente cualquiera ha utilizado Windows, Office o Outlook en algún momento de su vida, si es que no lo hace a diario. Por ello no es de extrañar que sus dirigentes también formen parte del imaginario colectivo de la sociedad.

El nombre de Bill Gates, fundador y primer presidente de la compañía, es casi un icono de la historia de la tecnología, pese a llevar ya décadas alejado de la primera fila del sector y centrado en sus obras filantrópicas. Steve Ballmer, quien le sucedería al frente de Microsoft, también ha sabido calar entre el Respetable con su particular estilo alocado y agresivo. 

Y, en la actualidad, Satya Nadella ha conseguido convertirse en la imagen perfecta del éxito, capaz de reflotar una compañía venida a menos por culpa de su fracaso en el mundo móvil y la decadencia del mercado de consumo. A lomos de su apuesta por la nube y los servicios profesionales, este ejecutivo es habitualmente portada de las más prestigiosas revistas económicas y un ejemplo para miles de emprendedores y tecnólogos de medio mundo.

Pero Nadella, en esta particular aventura al frente de Microsoft, no está solo. Ni mucho menos. Junto a él, en una suerte de triunvirato que rige los designios de la multinacional más popular del mundo, están dos personas igual de relevantes a la hora de medir los pasos de la compañía: Peggy Johnson y Brad Smith.

Centrando el tiro en este último, quizás el más desconocido para la mayoría de los mortales, vaya por delante que Brad Smith es el presidente de Microsoft y máxima autoridad de su consejo de administración. Además, también ostenta la dirección legal de la compañía y orienta toda la estrategia en materia de protección de datos, privacidad y ética de la firma.

El pasado de Brad Smith

Smith, originario de Wisconsin, es abogado por la prestigiosa universidad de Columbia y se unió a Microsoft allá por 1993: mucho antes incluso de que la hoy todopoderosa empresa lanzara su exitoso Windows 95 y se hiciera omnipresente en nuestras vidas.

Su trayectoria en Microsoft puede dividirse claramente en dos etapas. En la primera, desde 1993 hasta bien entrada la década de los 2000 y principios de los 2010, Brad Smith se convirtió en el rostro de la multinacional despiadada y monopolística que los reguladores -especialmente europeos- exponían en sucesivas demandas por abuso de posición de mercado con Windows. 

Pese a que el público entendiera que Smith representaba todo lo peor del corporativismo norteamericano, lo cierto es que su actitud ─reconocida como tal por sus adversarios en los tribunales─ era principalmente de conciliación y de intentar llegar a acuerdos que evitaran el daño reputacional que Microsoft venía sufriendo.

El propio Brad Smith confesaba, en una entrevista publicada en El Mundo que llegó un momento en que estaba “constantemente a la defensiva: llegamos a tener investigaciones oficiales abiertas en 27 países del mundo al mismo tiempo”. Pero de esta era tan negativa sacó una importante lección que sigue a pies puntillas en la actualidad: “Tuvimos que aprender que tienes que ser capaz de mirar en el espejo y no verte como crees que eres, sino como los demás te ven. Hubo veces en que nos creímos los más listos de la sala, pero lo que teníamos era que tender puentes con la comunidad”.

La brújula de la ética

La segunda etapa, la que lleva desde el nombramiento de Satya Nadella como CEO de Microsoft hasta la actualidad, es la que Brad Smith ha protagonizado desde la presidencia de la compañía, que ostenta desde 2015. 

Además de seguir lidiando con reguladores y otras instituciones (especialmente ONGs y otras entidades sociales), Smith se convirtió en la máxima autoridad de Microsoft en todo lo relacionado con la privacidad, la protección de datos y la ética. Aspectos, los tres, claves a la hora de impulsar tecnologías como la inteligencia artificial.

Suya es, por ejemplo, la idea de crear una Convención Digital de Ginebra, con el fin de regular y restringir el uso de la tecnología por parte de los gobiernos. Un gesto claro contra los abusos de muchos países en esta arena y que, más allá de las propuestas, el propio Smith ha combatido en los tribunales.

Por ejemplo, el presidente de Microsoft se ha enfrentado al mismísimo Donald Trump por una petición de acceder a datos de algunos usuarios de la compañía, radicados en Irlanda, con la excusa de que eran claves para la seguridad nacional de EEUU. “Hay algunos principios que deben ser defendidos y podemos prometer es que seguiremos defendiendo hasta el final los derechos de la gente e iremos a todos los tribunales que haga falta”, argumentaba Smith cuando conversamos en 2017.

Pero si por algo está siendo reconocido Brad Smith es por su incansable esfuerzo por establecer límites éticos a la inteligencia artificial. El directivo ha exigido en numerosas ocasiones el desarrollo de “una regulación gubernamental cuidadosa” y “el desarrollo de normas” en torno al uso de la IA, especialmente en cuanto a la tecnología de reconocimiento facial.

“Sin un enfoque reflexivo, las autoridades públicas pueden acabar fiándose de enfoques tecnológicos defectuosos o sesgados para decidir a quién rastrear, investigar o incluso arrestar por un delito”, explicó en un momento dado Smith. Motivo más que justificado por el que Microsoft decidió no proporcionar esta clase de soluciones a clientes que podrían usar el reconocimiento facial en situaciones que impliquen “riesgos para los derechos humanos”.

Además, Smith es uno de los artífices (junto a Julie Brill, exresponsable de privacidad en la FTC norteamericana y actual responsable de IA en Microsoft) de la creación del primer código de reglas para el desarrollo de una inteligencia artificial ética. Una propuesta simple pero perfectamente clara que ha sido copiada (o que ha servido de inspiración, si lo prefieren) por Amazon, Telefónica o Google a la hora de configurar sus propios marcos morales.

¿En qué consisten estas reglas? En apenas seis principios éticos, a saber: la inteligencia artificial debe ser inclusiva, transparente, cuantificable, justa, fiable y segura. "No son los únicos principios, ni necesariamente los mejores. Pero queremos abrirlos al mundo para generar el necesario debate social", resumía hace un año Brill durante el Data Summit organizado en Dublín.

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