El inestable camino del lujo: entre el resurgir con la generación Z y las reservas por el volátil pero fundamental mercado chino

Tienda Chanel

Reuters

Cuando los tiempos se presentan convulsos, los artículos de lujo se postulan como un valor refugio. 

La industria, por lo general, goza de elevados márgenes de ganancia sin verse agobiado por la competencia y tiene la capacidad de esquivar la inflación porque, en parte, pueden repercutirla a un cliente con solvencia para soportarla. 

"Un artículo de lujo tiene atributos que lo hace idóneo como inversión", recuerda Cesar Val, experto en lujo y en abrir mercado a firmas premium en Oriente Medio. 

Val explica que, por definición, se trata de un producto escaso y atemporal, al tiempo que las marcas son maestras en construir VAL (Valor Añadido del Lujo). 

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"El resultado es que esos artículos ganan valor en el tiempo y obtienen un potencial de importantes retornos financieros", precisa. 

Todo ello afianza la premisa de que el sector materializará su particular y completa recuperación en 2022.

De hecho, las previsiones pasan porque la moda de lujo cierre con un alza del 10%, hasta alcanzar una mercado mundial de más 149.000 millones en euros, de acuerdo al informe Luxury Apparel Market Size de Global Data.

Sin embargo, el acecho de una recesión económica mundial que estanque el consumo sumado a la dependencia de la industria con el consumidor chino, que aún trata de recuperar el pulso tras las estrictas medidas para contener el COVID-19, podrían enturbiar el paisaje. 

¿Cómo les vas a las principales casa de lujo?

En términos generales, las grandes casas de lujo han visto crecer sus ingresos, pero también sus reservas ante un escenario convulso. 

Hérmes ha visto crecer sus ingresos un 29% en la primera mitad de año, hasta los 5.475 millones de euros, de acuerdo a su comunicado de empresa. 

En 2021, la emblemática Chanel obtuvo unas ventas anuales de más de 15.670 millones de euros, lo que supone un crecimiento interanual de casi un 50% –y de un 23% respecto a 2019–, según detalla la compañía. Su director financiero, Philippe Blondiaux, espera que en 2022 la casa de lujo siga en la senda de un crecimiento de doble dígito. 

Si se habla de LVMH, el conglomerado que incluye Louis Vuitton o Christian Dior, sus resultados semestrales han batido todas las expectativas: 36.729 millones de euros en ingresos, un 28% más que un año atrás. 

 

Pese a las buenas cifras, el grupo se muestra cauteloso por la desaceleración del crecimiento en Asia. El mercado ha caído en un 8% debido a los confinamientos en China. Aún con ello, el peso del continente es incontestable –y de ahí la preocupación por lo que acontezca en él–: supone el 32% de las ventas. 

En la misma linea se mantiene Prada que, a pesar de que hayan aumentando sus ingresos netos un 22% en la primera mitad de año, sus ventas en Asia han retrocedido un 7%, debido a los confinamientos en China. Las medidas, explica la firma, impactaron en un 30% en la red del grupo. 

China: la convulsa pero fundamental llave del lujo

La bandera de China.

El mercado asiático ha vivido un importante parón comercial por las medidas impuestas para contener el COVID-19, pero aún con ello sigue siendo el principal vehículo tractor de la industria. Sobre todo gracias a China que representa en torno al 30% del lujo mundial. 

"Para beneficio de nuestras marcas occidentales el consumidor chino sigue viendo a Europa con altas capacidades en diseño y fabricación de productos de lujo, productos bien diferenciados y con el alma que aspiran", apunta Beatriz Irún, doctora en Economía y experta en el mercado chino en ESIC.

En este escenario, Francia e Italia lideran, ya que son las cunas de la alta costura. Sin embargo, China es una economía política y su comportamiento frente al lujo –y ante cualquier otra industria–pasa necesariamente por las decisiones políticas que su ejecutivo dicte. 

Un poder que se evidencia en cómo el conflicto chino por algodón de la región del Xinjiang se materializaba en un boicot sin procedentes a la sueca H&M, y puso contras las cuerdas a otros gigantes occidentales como Inditex o Adidas.

Pero el mejor ejemplo de este vaivén en cuanto al lujo se refleja en la campaña que lideró hace unos años Xi Jinping para la lucha contra la corrupción, lo que afectó directamente a la venta de marcas como Louis Vuitton, Chanel, Prada o Dolce Gabbana.

La sostenibilidad y las generaciones más jóvenes pueden salvar el lujo

En el otro lado de la balanza aparece el empuje gubernamental hacia un "lujo asequible", lo que ofrece una puerta a nuevas marcas europeas. 

Pero también que el grueso de la demanda de estos productos haya migrado hacia el consumidor privado –antes más repartido con el cliente corporativo–, lo que supone supone la tarea de adaptarse a un cambiante comprador mucho menos encorsetado que el empresarial. 

Sin embargo, aunque China es complejo y, como explica Irún, sigue siendo la fábrica del mundo y también el banco por las numerosas inversiones que el país mueve, un nuevo paradigma se ha abierto paso y podría ser la llave del nuevo lujo. 

jóvenes utilizando móvil

"El país está inmerso en un proceso de mejora de energías limpias y, en concreto, en un sector del lujo que abandere valores de sostenibilidad", explica la experta. 

De hecho, son las generaciones más jóvenes –y de las que se espera más conciencia– las que se han convertido en la mejor baza para las principales firmas: "Tienen mucho que ver con esta nueva dimensión del producto de lujo", retoma Val. 

Muchos jóvenes, añade el experto, consideran la inversión en lujo no solo una forma de gestionar su patrimonio al margen de instituciones financieras, en las que no siempre confían, sino como una práctica de responsabilidad con el planeta.

En pocas palabras, se trata de "un perfecto ejercicio de salud económica y emocional", pero aún con ello, la duda reside en si el lujo, por su constatada concepción social, sigue escondiendo más un componente aspiracional que un movimiento en aras del medioambiente. 

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