Los defensores de que las IA pueden ser inventoras sufren un nuevo revés en EEUU: "¿Qué pasará cuando las máquinas tengan conciencia?"

Robot Pepper

Reuters

  • Una empresa llamada Imagination Engines lleva batallando meses porque las oficinas de patentes reconozcan a su IA llamada Dabus como una inventora.
  • Por el momento no ha tenido éxito ni en Europa, ni en Reino Unido ni en EEUU, por lo que su responsable estalla: "¿Qué pasará cuando las máquinas tengan conciencia?".
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El debate se sostenía desde hace algún tiempo, pero se disparó cuando en enero de 2020 las oficinas de patentes de la Unión Europea y Reino Unido dictaminaron que dos invenciones —una botella capaz de cambiar de forma y una lámpara que se encendía de forma intermitente imitando la actividad de un cerebro— no podían registrarse como invenciones.

La razón es que el autor detrás de esas dos ocurrencias, una entidad llamada Dabus, no era ni un ser humano ni un colectivo de personas. Era (y es) un sistema de inteligencia artificial.

El debate mereció que incluso el director de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), José Antonio Gil Celedonio, se pronunciase al respecto en una entrevista con este medio. Celedonio consideró entonces que no era necesario acelerar de más este debate. 

"Como poderes públicos debemos ofrecer certezas a sectores que son muy innovadores, sin olvidarnos de que no todo puede ni debe ser patentable". "Lo que se necesita en un sistema de patentes es que haya mucha seguridad jurídica. Las patentes son una pieza esencial para el desarrollo tecnológico y el crecimiento de la investigación científica de un país", insistió.

Ahora Dabus ha sufrido otro revés. Si primero se pronunciaron las oficinas de patentes de la Unión Europea y de Reino Unido, luego llegó el turno de su homóloga en Estados Unidos. Y su resolución fue tajante y contundente. Solo las "personas naturales" pueden ser inventoras, resumía.

Imagination Engines es la empresa responsable de la IA llamada Dabus. Se trata de una firma nacida en Missouri (EEUU) que preparó todo el papeleo para presentar como candidata a inventora al sistema de inteligencia artificial que idearon. Al recibir la negativa de la Oficina de Patentes y Marcas estadounidense, Thaler demandó a Andrei Iancu, el entonces director de la oficina.

En su recurso, Thaler y su equipo de Imagination Engines recordaron que no había precedentes que determinasen que solo un ser humano podía ser inventor. "De hecho, cualquier discusión sobre que los inventores solo pueden ser personas naturales se basa en asumir que solo una persona puede inventar".

La jueza Leonie Brinkema no le ha comprado el argumento a Imagination Engines y en su sentencia respalda a la Oficina de Patentes y Marcas de EEUU y a su actual director, Drew Hirshfeld. De hecho, en su escrito, Brinkema apostilla que al presentar una solicitud de patente se debe firmar y jurar que el individuo en cuestión es quien dice ser.

Un robot o un sistema de inteligencia artificial todavía no tiene esa capacidad de jurar.

Uno de los abogados de Imagination Engines, Ryan Abbott, ha avanzado en The Register que esperan recurrir el caso y seguir batallando legalmente. Pero de momento solo han encontrado puertas cerradas en su periplo judicial.

En realidad, no todas. Un juzgado federal australiano sí aceptó la posibilidad de que una máquina podía ser considerada como inventora y, por tanto, solicitante de una patente. Sin embargo, poco después se conoció que las autoridades australianas recurrirían ese fallo al considerar incompatible con la legislación del país la posibilidad de que una máquina pueda ser inventora.

Thaler se mantiene en sus trece. Cuando esperaba el fallo del juzgado de Virginia, en Estados Unidos, lamentó que los seres humanos le estuviesen negando a las máquinas los derechos a ser consideradas inventoras. "Siguen [los seres humanos] anclados en el viejo paradigma de que solo cuentan los ordenadores húmedos, es decir, los cerebros".

"Pero, ¿qué pasará cuando una civilización extraterrestre más avanzada visite la Tierra?", se preguntó entonces. "¿No se merece ET un equivalente a los derechos humanos? ¿No podrá solicitar patente o pedir derechos de autor?". "¿Qué pasará cuando la ciencia consiga introducir la conciencia en las máquinas, o cuando prótesis de silicona se conjuguen con cerebros protoplásmicos?". 

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