Semaglutida, el medicamento "revolucionario" para adelgazar, derriba mitos sobre la dieta y el ejercicio: no es solo cuestión de fuerza de voluntad

Báscula, peso

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  • La semaglutida está ayudando a disipar el mito de que la pérdida de peso es cuestión de fuerza de voluntad, según los pacientes.
  • Las personas que toman el fármaco afirman que ha validado su experiencia de que hacer dieta no funcionaba, reduciendo así el estigma.
  • Los críticos afirman que el fármaco está cooptando el lenguaje activista y se preocupan por los posibles riesgos a largo plazo.

Durante la mayor parte de su vida adulta, Cora Moyer ha luchado por perder peso. Ha probado casi todas las dietas que ha podido encontrar, desde la keto y el ayuno intermitente hasta el recuento de calorías y Weight Watchers.

A corto plazo, conseguía mover la báscula vigilando lo que comía. Pero nada parecía funcionar.

Entonces, hace 18 meses, Moyer probó un medicamento llamado semaglutida. Este fármaco inyectable, considerado un "revulsivo" en el mundo de la pérdida de peso, aumenta la producción de insulina, una hormona que ayuda a controlar el azúcar en sangre.

Inmediatamente, la relación de Moyer con la comida cambió. Los antojos, antes insuperables, han desaparecido y "ha sido la primera vez en mi vida que me he sentido neutral con respecto a la comida", declara a Business Insider.

Sin embargo, no solo se le ha quitado el hambre. Moyer afirma que la medicación también la ha ayudado a superar décadas de culpa y vergüenza por sus hábitos alimentarios y su peso.

"Durante casi 40 años sentí, y me hicieron sentir, que era perezosa y que no tenía fuerza de voluntad en lo relacionado con la comida. No fue hasta que tomé una medicación que cambió mi química cuando me di cuenta de que el 'parloteo alimentario' de mi cerebro no era culpa mía", comparte.

Cora Moyer ha perdido mucho peso desde que empezó a tomar semaglutida hace 18 meses.

En las conversaciones mantenidas con Business Insider, los pacientes de semaglutida relatan experiencias sorprendentemente similares con el fármaco: el fin repentino de los antojos y el acallamiento abrupto de los pensamientos obsesivos en torno a la comida.

Después de años o décadas de dudas, vergüenza y estigmatización, sostienen que el fármaco les da la razón: su incapacidad para perder peso a largo plazo nunca fue una cuestión de autocontrol. Se sienten aliviados porque pueden dejar de soportar las privaciones de las dietas yo-yo y los esfuerzos frustrados por perder peso.

La semaglutida puede cambiar la relación de las personas con el hambre

Desarrollada inicialmente para tratar la diabetes, la semaglutida fue aprobada por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU, por sus siglas en inglés) para la pérdida de peso en junio de 2021. Es el primer medicamento que recibe esa autorización desde 2014.

El fármaco, que suele administrarse mediante inyecciones diarias o semanales, actúa en el centro de recompensa del cerebro, frenando el hambre y disminuyendo otros apetitos, como el ansia de beber alcohol. Su mecanismo también puede causar algunos efectos secundarios gastrointestinales, como náuseas y diarrea.

Una investigación publicada a principios de 2021 reveló que las personas que tomaban el fármaco perdían entre el 15% y el 20% de su peso corporal en 68 semanas, frente al 2,4% de las que tomaban un placebo. También se observó que las personas necesitaban seguir tomando el fármaco para mantener la pérdida de peso.

El fármaco ha suscitado elogios de expertos médicos, así como de personalidades públicas de alto nivel, como el inversor de capital riesgo Marc Andreesen, que lo ha calificado de "bala de plata" para la pérdida de peso. A finales de 2021, apenas unos meses después de su aprobación, la demanda del medicamento ya había superado la oferta, lo que provocó una escasez que aún continúa, según la FDA.

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Los pacientes afirman a Business Insider que la semaglutida ha cambiado drásticamente su experiencia de hambre y saciedad.

Para Stacey McGrath, una trabajadora de la construcción de 50 años de Washington (EEUU), la semaglutida ha sido una revelación. Con casi 50 kilos de sobrepeso, McGrath sufría dolores articulares en su trabajo. Desde que empezó a tomar el fármaco en junio, ha perdido en total unos 18 kilos, sin la sensación de hambre persistente y sin las dietas yo-yo que la atormentaban en sus intentos anteriores. 

"Podía perder 2 kilos y recuperar 6. Antes comía hasta que me dolía el estómago. Ahora, entre un bocado y el siguiente, mi cerebro me dice: 'Ya has terminado'", explica.

Para muchos pacientes, tomar el fármaco les ha hecho ver lo poco que importaba su fuerza de voluntad

Al igual que otros pacientes de semaglutida, McGrath había probado varias dietas y estrategias para perder peso, sin éxito. 

A lo largo de los años, recuerda, los comentarios de extraños, conocidos e incluso familiares le hacían sentir que debía avergonzarse de su talla. En un momento dado, su padre le dijo que tenía que perder peso y "estar orgullosa" de su aspecto, algo que, según ella, todavía le duele. 

McGrath afirma que la semaglutida le ha dado una sensación de alivio: es una prueba clara de que, a pesar de toda su disciplina, la fisiología era un factor irrefutable en su peso. 

"Es muy reconfortante, porque es lo único que se oye, que la gente tiene sobrepeso porque no tiene fuerza de voluntad", afirma.

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Tomar un fármaco como la semaglutida puede ayudar a poner en marcha el proceso de separar peso y fuerza de voluntad para aliviar el estigma interiorizado, afirma el psicólogo J. Ryan Fuller, que trabaja con pacientes que pierden peso, incluidos los que toman medicamentos. 

"No se trata de intentar perder peso a duras penas, pensando que no eres tan fuerte como los demás. Creo que puede ser muy útil para los clientes ver que, cuando toman la medicación, es mucho más fácil", argumenta a Business Insider.

Tina Baylocq, de 52 años, consultora de comunicación afincada en California (EEUU), ha perdido unos 32 kg con semaglutida. Según declara a Business Insider, el fármaco le ha quitado las ansias de comer beicon y azúcar y la ha ayudado a frenar sus ganas de repetir en la mayoría de las comidas.

Antes de la medicación, Baylocq se sentía constantemente vigilada por su aspecto, sus elecciones alimentarias y sus hábitos de ejercicio. Todo el mundo, desde los desconocidos hasta sus parejas íntimas, parecía sentirse con derecho a hacer comentarios, recuerda.

"Me juzgaban muy duramente. En la cena, la gente decía: 'Voy a comerme una ensalada', y la implicación era clara: yo debería seguir su ejemplo", afirma.

Tina Baylocq, en junio de 2021 y agosto de 2021. Ha perdido 70 libras (32 kg) con semaglutida.

Cuando Baylocq estaba en la universidad, su madre una vez le compró un traje nuevo a su hermana y dejó claro que Baylocq también tendría uno, si perdía algo de peso. 

"Todos mis novios me hacían comentarios sobre lo mona que era antes de engordar. Si pesas más, la impresión que tiene la gente de ti es que eres una vaga, que solo necesitas tener un poco de fuerza de voluntad, dejar de comer tanto e ir al gimnasio", lamenta Baylocq.

Desde que adelgazó, Baylocq dice haber notado que la gente le presta más atención y la trata con más respeto.

"Cuando pesaba, era invisible, y ahora no. Esto es jodido en muchos sentidos. Intento no enfadarme por ello", apunta.

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En la base del uso de la semaglutida está el argumento médico de que la obesidad es una enfermedad tratable, causada por factores genéticos y ambientales que escapan al control de los pacientes.

El sitio web de Wegovy, el fármaco de semaglutida de Novo Nordisk para perder peso, ofrece una sección dedicada al modelo de la obesidad como enfermedad, en la que se detallan las razones biológicas por las que una persona puede no perder peso "a pesar de sus mejores esfuerzos". 

Según el Dr. Jason Brett, director ejecutivo de asuntos médicos de Novo Nordisk, este enfoque puede contribuir a reducir las ideas erróneas sobre el peso, así como a ayudar a los proveedores a ofrecer una mejor atención a los pacientes.

"Deberíamos tener como objetivo reducir los prejuicios y el estigma sobre el peso y asegurarnos de que la gente entiende que la obesidad es, de hecho, una enfermedad que necesita tratamiento médico y no es una cuestión de fuerza de voluntad. Pero al hacer eso, no significa que digamos que cualquier peso es saludable o que no debe tenerse en cuenta. Queremos mejorar la salud", comparte Brett a Business Insider.

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Sin embargo, el marketing de Wegovy juega a 2 bandas, afirma Ragen Chastain, activista y escritora especializada en un enfoque de la salud neutro en cuanto al peso. Según Chastain, el marketing del fármaco pretende reducir el estigma en torno al peso reconociendo que a menudo está fuera del control de la persona, al tiempo que aprovecha la presión social para perder peso con fines lucrativos.

"Se ha condicionado a la gente a creer que el problema de los gordos es que comen demasiado, y cualquier cosa que les ayude a dejar de hacerlo, por dolorosa o incómoda que sea, 'merece la pena'", critica. 

Chastain se muestra partidaria de la autonomía personal y de que la gente elija lo mejor para su vida. No obstante, cree que la gente debería pensar seriamente en los riesgos potenciales de la semaglutida y comentarlos con su médico antes de tomar el fármaco.

Wegovy lleva actualmente una advertencia en caja (la designación más grave de la FDA) por pancreatitis, lesión renal, enfermedad de la vesícula biliar y depresión/ideación suicida y por riesgos de tumores de tiroides, basados en estudios con animales.

 

Varios pacientes que han hablado con Business Insider dicen haber experimentado efectos secundarios leves como náuseas o reacciones adversas al comer en exceso a causa de la medicación, sobre todo cuando empezaron a tomarla por primera vez. 

Según el Dr. W. Scott Butsch, director de medicina de la obesidad de la Clínica Cleveland, estas preocupaciones justifican un estudio más profundo. Sin embargo, señala que muchos medicamentos con advertencias en la caja son utilizados con seguridad por los pacientes todos los días, incluidos los antidepresivos, antiinflamatorios y antibióticos. 

"Hay pruebas suficientes para que nos sintamos seguros de que estamos proporcionando una atención adecuada a los pacientes", sostiene Butsch.

Para una dietista, la medicación ha traído equilibrio sin agotamiento

Sara Nejat-Bina, dietista diplomada en cuidados intensivos de California, toma tirzepatida, un fármaco similar a la semaglutida, desde junio. 

A pesar de su experiencia en nutrición, Nejat-Bina, de 46 años, no había podido tratar su hipertensión arterial con una dieta de reducción de calorías. Solo conseguía perder peso con una agotadora rutina diaria de 3 horas de ejercicio: 2 clases de spinning y CrossFit.

"Creo en la salud en todas las tallas, pero yo ya no estaba sana", explica a Business Insider: "Sabía que si no empezaba a controlar mi peso, no acabaría con la hipertensión". La medicación, afirma, ha traído equilibrio sin agotamiento.

"Puedo comer como una persona normal sin sentirme privada, y puedo hacer ejercicio como una persona normal. Tengo más tiempo para concentrarme porque no estoy constantemente intentando controlar mi apetito o juzgándome por las decisiones que tomo en la cocina", continúa Nejat-Bina.

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Aunque comparte la preocupación de Chastain por la mercadotecnia en torno a la semamedicación, se siente sorprendida por la agresiva oposición de los defensores de la neutralidad en cuanto al peso y los profesionales. 

"Estoy sorprendida. Si están denunciando medicamentos que podrían ayudar a la gente, creo que es contrario a lo que dice el movimiento", afirma.

Nejat-Bina cree que la semaglutida ofrece una alternativa muy necesaria para algunos pacientes que se enfrentan a problemas de salud a largo plazo, al estigma y a los perjuicios de las dietas crónicas.

"No creo que sea para todo el mundo; es una elección personal y hay que hablarlo con el médico. Tomar medicación a largo plazo siempre es preocupante, pero yo temía más los efectos de la hipertensión, el riesgo de ictus y el posible cáncer", añade Nejat-Bina.

Semaglutida ha cambiado el concepto que los pacientes tienen de sí mismos

Los pacientes entrevistados por Business Insider han expresado su gratitud por la forma en que la semaglutida les ha ayudado a superar la culpa y la vergüenza interiorizadas sobre sus cuerpos. Comparten que la medicación ha iniciado un proceso de cambios en el estilo de vida y cambios mentales que esperan que persistan, independientemente de si siguen tomando el fármaco o no. 

"Te permite cambiar tu relación con la comida, pero tienes que esforzarte", afirma McGrath.

Según Fuller, para mantener los beneficios del tratamiento a lo largo del tiempo, es posible que los pacientes tengan que enfrentarse a las causas profundas de problemas como la alimentación emocional, así como a los desencadenantes sociales o ambientales de hábitos poco saludables. 

"Los fármacos no van a enseñar a la gente mecanismos de afrontamiento diferentes. Van a tener que encontrar formas de sentirse conectados, sentir placer y gestionar las emociones negativas sin ellos", resume.

Sin embargo, los pacientes y los expertos afirman que la semaglutida podría tener un impacto que va más allá de los resultados individuales de los pacientes: mover potencialmente la aguja en cómo la sociedad piensa sobre el peso y la fuerza de voluntad.

Moyer cuenta que el fármaco le ha abierto los ojos a la realidad del peso como un hecho fisiológico, en lugar de un defecto moral. Espera que a otras personas les ocurra lo mismo. 

"La obesidad es la única enfermedad que los médicos dicen a los pacientes que se traten ellos mismos. Al haber tenido por fin un éxito mensurable con ayuda médica, nunca volveré a ver la obesidad como el resultado de un fracaso personal", concluye.

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