Los mercados de abastos reclaman su espacio frente a las cadenas de alimentación y rechazan que las autoridades "envíen a los clientes al súper más cercano"

Un mayorista de pescado verifica las capturas antes de entrar en el área de subasta
Un mayorista de pescado verifica las capturas antes de entrar en el área de subasta
Reuters
  • Los pequeños negocios de los mercados explican cómo les afecta que la mayor parte de sus consumidores opten por comprar en las cadenas de alimentación frente a la atención personal de los mercados durante los días de confinamiento.
  • La gente se echó a las cadenas de supermercados como si no hubiera alternativa. Mientras, los puestos de los mercados en manos de pequeños empresarios han hecho un llamamiento para recordar que siguen operativos y totalmente abastecidos.
  • Para puestos como Pescadería Bautista o a Dos Manzanas, en Madrid, o Peixes Cambados, en Santiago de Compostela, tener clientes es imprescindible para subsistir.
  • Los responsables de estos negocios recuerdan a Business Insider lo complicado de sacar adelante un negocio pequeño que se ve fuertemente impactado por esta situación y hablan de cómo les afecta la crisis del coronavirus. 
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Cintillo especial Coronavirus

Bautista Hidalgo tiene una pescadería en el mercado madrileño de Prosperidad. Cuando estalló la crisis del coronavirus, las tiendas bajaron sus persianas, la gente se confinó en sus casas e Hidalgo siguió trabajando. A sus 60 años, no conoce otra cosa que no sea jornadas maratonianas que empiezan a las 3 de la mañana, para ir a comprar el pescado a MercaMadrid, y terminan a las 9 de la noche. 

Cuando el único receso al encierro lo protagonizan las salidas a la compra, los consumidores parecen haber pasado por alto la existencia de negocios como el de Hidalgo. Su puesto, pescadería Bautista, continuó funcionando, con el tirón suficiente para seguir abierto y, a la vez, sin el tirón suficiente para contratar a otra persona. Hasta que Hidalgo tuvo que echar el cierre a su puesto al caer enfermo. “Estaba vendiendo un poquito más últimamente, pero la tienda no daba como para meter a un empleado. Ocurre en el pequeño comercio, nos pasa cualquier cosa de estas y no puedes reaccionar”, explica este empresario.

La gente se echó a las cadenas de supermercados como si no hubiera un mañana, como si no hubiera alternativa. Vació sus estanterías y, aún ahora, hace colas a sus puertas para llenar las despensas. Mientras, los puestos de los mercados en manos de pequeños empresarios han tenido que hacer un llamamiento para recordar que siguen operativos y totalmente abastecidos. “La gente compra más en el supermercado”, explica Bautista Hidalgo. “Y nosotros también tenemos nuestro corazoncito”.

Óscar Vázquez es dueño de una frutería en el mercado madrileño de Barceló. Cuando estalló la crisis del coronavirus siguió trabajando pese a la caída de consumidores. “La gente va a lo cómodo. Sin las campañas en los medios no se habrían enterado de que existe esto”, explica Vázquez, dueño de la frutería A dos Manzanas, que pone de relieve el cambio de tendencia. “Ahora mi teléfono parece una centralita”, bromea.

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En el caso de Madrid, el consistorio hizo campaña para recordar a sus ciudadanos que había vida más allá del supermercado y, encima, de mejor calidad. “Que se olvide la gente de que estamos aquí es entendible pero que se le olvide al ayuntamiento es un poco raro”, reclama el dueño de la frutería madrileña.

Son comercios sin colas, ni trasiegos en exceso. Para los que tener clientes es imprescindible para subsistir. La situación no es muy distinta en otras ciudades. En el mercado de Abastos de Santiago de Compostela, Peixe Cambados, como otros pequeños empresarios, tuvo que bajar la persiana de su puesto. Para su dueña es mayor el coste del desplazamiento diario desde la localidad en la que vive, que lo que gana de la venta. “La gente no va a la plaza a comprar. Tenías el pescado sin vender”, dice la dueña en una entrevista con Business Insider. 

Es un territorio, sin duda, en el que las cosas funcionan de forma distintas a la capital. Aquí el motivo de que los ciudadanos no visiten las plazas no es la conveniencia, “la gente aquí no acostumbra a comprar en el súper. Tienen que ir porque no se les deja ir a la plaza. Las autoridades te paran y te dicen que vayas al supermercado más cercano”, explica la dueña de Peixe Cambados. “Así que intentan ir al súper y comprar allí ya todo. No les dejan otra opción”. 

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La baza de las grandes cadenas de alimentación es sin duda esa conveniencia. “La gente está comprando más en los supermercados por miedo. Quiere meterse media hora en el super y no media en la frutería, otra media en la carnicería...”, sugiere Hidalgo.

El dueño de la pescadería en el mercado Prosperidad, ya recuperado, se prepara para retomar la actividad de su negocio en los próximos días. “Al principio tendrá que venir mi mujer a ayudarme, porque no puedo hacerlo solo”, cuenta el empresario. Había adaptado ya su puesto a la entrega a domicilio con la pretensión de atender a una clientela fiel a su calidad. 

Poco a poco este colectivo va generando conciencia en unos clientes que, en un primer momento, no hacían precisamente un pedido responsable. “Al principio la gente pedía sin conciencia, pedía para un par de días y no tenemos personal para atender tantos pedidos”, explica el dueño de A dos Manzanas. “Intentamos crear conciencia ya no para hacer negocio sino para llegar a las personas a las que les hace falta realmente”.

Inevitablemente, al dueño de Pescadería Bautista le preocupa la situación en la que se encuentra su empresa: “un mes lo puedo solucionar pero no puedo solucionar más”, dice refiriéndose a las cuentas de la pescadería que no alcanzan para permanecer más tiempo cerrada. Y en una línea parecida apunta Vázquez: “llevamos cinco años abiertos y pasándolo fatal”, señala el empresario al referirse a las condiciones de su negocio.

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El pequeño comercio, el comercio de las historias personales, de las caras habituales y de la confianza se encuentra en un punto de inflexión. “El inconveniente es que ya no hay gente para esto. La mayoría de los dueños de los negocios tienen mi edad. No hay gente joven. Implica muchas horas para llevarte un sueldo que sólo suma 100 o 200 euros más al mes de lo que pagan en un supermercado”, reflexiona Hidalgo, “Si con internet puedes demostrar que llevas calidad, sería una de las escapatorias que tenemos”.

La coyuntura no es favorable para ninguna compañía. Tampoco para el comercio de proximidad. Para los pequeños negocios que llenan los mercados y las plazas. Así es que Hidalgo cierra con una reflexión no sin antes apercibir las dificultades burocráticas de reclamar las ayudas que el Estado ha puesto a disposición de los empresarios. “La única esperanza es que esto pegue un palo bestial. La gente está ganando un sueldecillo y pegándose una paliza. El pobre es más pobre y el rico más rico”.

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