Confundir un ictus con una migraña casi me cuesta la vida: así es sufrir un accidente cerebrovascular a los 21 años en mitad del Erasmus

Yaiza García García.
Yaiza García García

Business Insider España

  • Sufrí un ictus isquémico con 21 años mientras estaba de Erasmus y los médicos creen que la causa fueron las pastillas anticonceptivas.
  • Cada vez son más los jóvenes que experimentan accidentes cardiovasculares, por eso es muy importante invertir en tecnología y en salud, ya que se pueden salvar vidas.
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Cuando te encuentras mal o te duele algo seguro que tiendes a hacer 2 cosas: quejarte y pensar que seguramente no es nada grave. Así que, ¿para qué tomarte esa pastilla o para qué ir al médico? Si total, no es nada.

Eso al menos fue lo que hice y pensé el pasado 25 de octubre de 2018, sin saber que estaba sufriendo un ictus isquémico grave a los 21 años —porque, ¿en qué cabeza cabía que algo así podría pasarle a una chica joven y sana como yo?—.

Por aquel entonces, llevaba poco más de un mes de Erasmus en Bremen, Alemania, estudiando Periodismo y Comunicación Audiovisual y viviendo la experiencia con muchas ganas. Una experiencia que se vio interrumpida, pero de la que aprendí mucho.

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¿Sabías que el ictus es la primera causa de muerte entre las mujeres españolas y la segunda a nivel general en todo el mundo? Yo tampoco. Hasta entonces.

La realidad es que el ictus, y con perdón del coronavirus, es la verdadera pandemia de nuestra generación. Además, un estudio del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, el 14% de los personas que sufren estos ataques tienen menos de 56 años, una cifra que ha aumentado un 25% en los últimos 20 años, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), y que puede empeorar con el coronavirus.

"Esto está ocurriendo porque la población tiene unos hábitos de vida poco saludables, con un gran consumo de tabaco, alcohol y drogas, pero también con problemas relacionados con la obesidad, la diabetes e incluso el estrés, los principales factores de riesgo del ictus", explica Myrtha O’Valle, neuropsicóloga y directora del Servicio de Neurorrehabilitacion del Hospital Vithas Sevilla, a Business Insider España.

De los síntomas a una supuesta migraña

La foto que le envié a mis padres desde el hospital para decirles que estaba "bien".
La foto que le envié a mis padres desde el hospital para decirles que estaba "bien".
Yaiza García García

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Aquel viernes 25 tenía un seminario en la universidad que duraba todo el día. Tras comer en el descanso, volví a clase y ahí comenzaron las señales: dolor de cabeza agudo, sudores fríos, mareo, visión doble, vómitos y dificultad para andar. Me encontraba tan mal que decidí irme diciéndole a todos mis compañeros que, probablemente, fuese una mala migraña.

Llegué a casa, me tumbé a descansar y al día siguiente estaba como nueva, excepto por el dolor de cabeza, aunque la intensidad había disminuido considerablemente. Sin embargo, el domingo nada más levantarme supe que algo no iba bien.

Decidí acudir de urgencia al hospital que me correspondía y allí me dijeron que probablemente estuviese experimentando una migraña aura, ya que los síntomas eran similares y yo tenía antecedentes de dolores de cabeza serios. 

"El problema es que el ictus tiende a confundirse con otras patologías, incluso con cuadros de depresión", aclara la neuropsicóloga. "Actualmente no hay un protocolo de urgencia capaz de detectar estos accidentes cerebrovasculares si no hay síntomas claros".

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Me recetó las pastillas correspondientes y me dijo que si pasadas unas horas seguía igual que volviese al hospital, y eso tuve que hacer. Con el paso de las horas el malestar iba en aumento y no podía parar de vomitar, pero confiaba en que las pastillas surgiesen efecto.

Entonces llegó el síntoma por excelencia: la parálisis o adormecimiento. De repente, empecé a notar un cosquilleo alrededor del orificio izquierdo de la nariz y en cuestión de minutos se había extendido a toda la mitad izquierda del cuerpo. No la sentía, no podía moverla, así que mis compañeros de piso me llevaron corriendo al mismo hospital en el que había estado, aunque para entonces la parálisis había terminado.

Al llegar, recuerdo estar en la sala de espera durante varios minutos hasta que me atendió un médico. Me pusieron aspirina intravenosa durante 15 minutos y, al no tener efecto ninguno, me dijeron que tenía que ir a otro hospital especializado en neurología para comprobar que no era nada grave, eso sí, en taxi porque no habían ambulancias disponibles.

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Al llegar al nuevo centro, Klinikum Bremen-Ost, de madrugada me realizaron un TAC —o escáner cerebral— y la peor y más dolorosa prueba que me han hecho en mi vida: una punción lumbar, para descartar posibles infecciones, pero ambas salieron limpias.

Imágenes de mi escáner cerebral.
Imágenes de mi escáner cerebral.
Yaiza García García

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"El ictus tiene una peculiaridad y es que puede no salir en los escáneres cerebrales hasta pasadas las 72 horas", argumenta Myrtha O’Valle. "Esto es algo que en muchas ocasiones dificulta aún más su diagnóstico y el tiempo es esencial".

Al día siguiente me informaron de que me iban a hacer una resonancia magnética de urgencia, y ahí salió por fin que lo que me pasaba no tenía nada que ver con una migraña, sino que tenía 3 trombos enormes ejerciendo una presión sobre mi cerebro, es decir, estaba sufriendo un ictus isquémico.

Un ictus isquémico es un accidente cerebrovascular que se produce cuando un coágulo de sangre obstruye una arteria que va del corazón al cerebro, generando una insuficiencia de riego sanguíneo en el cerebro. Y yo tenía 3 coágulos.

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Yaiza García en el hospital por un ictus.
Yaiza García García

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La verdad es que pensaba que no iba a ser nada grave, así que en el momento en el que la doctora me dijo textualmente algo similar a: "No sabemos cómo estás viva, pero vamos a hacer todo lo posible para que estés bien", mi cabeza reaccionó quitándole importancia al asunto. No se por qué, quizás a modo de autodefensa.

En aquel momento mis padres todavía estaban en España, las únicas amigas que tenía las había conocido hacía unas 2 semanas (y ya serán amigas de por vida) y comunicarse dentro del hospital estaba siendo todo un calvario porque nadie hablaba prácticamente inglés y yo no sabía alemán. Así que si me venía abajo iba a ser peor.

Durante el mes que estuve en el hospital mi actitud no cambió, siempre intenté animar a los que me rodeaban y me mantuve positiva, aunque con algún bajón, como cuando me comentaron que podría estar sufriendo ataques epilépticos en forma de parálisis o adormecimiento debido a la presión cerebral. Esta situación se repetía varias veces al día, pero tras comenzar una medicación adicional remitió rápidamente.

Pero la gran pregunta era: ¿Por qué a mi si yo no cumplo con ninguno de los factores de riesgo? La respuesta de mi doctora fue contundente: no podemos confirmarlo al 100%, pero creemos que ha sido por las pastillas anticonceptivas.

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Las pastillas anticonceptivas que llevaba tomando durante años me las había recetado mi ginecóloga y, a pesar de ponerlo en el prospecto, desconocía que entre 9 y 12 de cada 10.000 mujeres que la toman experimentan coágulos de sangre.

"Aunque afecte a un porcentaje pequeño, no se habla lo suficiente de esto", reflexiona Myrtha. "Se tendría que hacer un esfuerzo enorme por visibilizar que esto puede suceder, cómo detectarlo y cómo actuar".

En las primeras semanas de tratamiento me pinchaban heparina en la barriga como anticoagulante y en mis últimos días me daban la medicación que estuve tomando durante un año. Siempre que me la traían las enfermeras me la tomaba diciendo prost, que significa "salud" en alemán.

Además, en ese período me realizaron otro TAC y, de vez en cuando, electroencefalogramas (EGG) para controlar el tema de la epilepsia. Aunque me dejara el pelo fatal, para mí era toda una experiencia con tanto cable.

Así se me quedaba la cabeza después del EGG.
Así se me quedaba la cabeza después del EGG.
Yaiza García García

Business Insider España.

La realidad es que no vi mejoras considerables hasta la última semana que estuve en el hospital. Por fin podía caminar un poco y sentía menos presión en la cabeza, así que aprovechaba para tomar un poco el aire en las afueras del hospital.

Cuando me dieron el alta, la doctora incidió en que no iba a ser un proceso de recuperación corto, pero que había tenido mucha suerte de no tener ninguna secuela que me impidiese llevar una vida normal. Fue uno de los días más felices de mi vida.

Cuando me dieron el alta en el hospital.
Cuando me dieron el alta en el hospital.
Yaiza García García

Business Insider España

En los meses siguientes fui recuperando la musculatura y el dolor de cabeza fue remitiendo, aunque de vez en cuando volvía sentir el cosquilleo en la nariz. También estuve tomando durante varios meses 9 pastillas diarias, anticoagulantes, medicación para el dolor y para la epilepsia.

A día de hoy estoy curada, no hay signos de trombos en mi cuerpo, ni evidencia de que esto me pueda volver a ocurrir otra vez, pero tengo que seguir acudiendo a chequeos constantes para comprobar que todo esta bien, pruebas que a mi me dan paz mental.

Combatir el ictus con tecnología e información

Realidad virtual.
mediaphotos

Getty Images

Sin embargo, cada vez hay más proyectos tecnológicos que buscan reducir el impacto de los accidentes cerebrovasculares. Concretamente, con la idea de prevenirlos nació Indra P-Ictus, una tecnología que utiliza el big data para recabar datos masivos, tanto sanitarios como económicos, climatográficos o demográficos, de manera que ayude a los profesionales a detectarlos de forma precoz.

En términos de diagnóstico se encuentra MethinksLVO, un algoritmo que ya se está utilizando en hospitales como el Vall d’Hebron. Se trata de una inteligencia artificial que utiliza el aprendizaje automático para distinguir dónde se encuentra la oclusión arterial, sin necesidad de realizar varios TAC con contraste y sin contraste, pudiendo ahorrar tiempo y reducir su impacto.

Pero a veces, la recuperación en mayor o menor medida depende de la rehabilitación, y ya hay muchos avances que mejoran la calidad de vida de los pacientes, como es el caso de ARMREST, un proyecto pionero de rehabilitación avanzada a través de entornos de realidad virtual para el ictus y el traumatismo craneoencefálico del Servicio de Neurorrehabilitacion del Hospital Vithas Sevilla.

Este sistema de realidad virtual se colocaría en cualquier superficie y permitiría crear un entorno de rehabilitación interactivo, con estimulación sensorial que involucre movimiento en todo el cuerpo e incluso contribuya a la manipulación de objetos cotidianos.  

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Incluso podríamos llegar a ver terapias de carácter atencional que trabajan con videojuegos en los próximos años, como bien ha reflejado un estudio del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián y el Imperial Collegue de Londres publicado en PNAS.

"Creo firmemente que la clave está en visibilizar el daño cerebral causado por el ictus, dar una buena información a las familias y en que se le dé la importancia que se merece a la rehabilitación, necesaria para mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias", concluye Myrtha O’Valle. "Intentar mejorar la vida de los pacientes afectados siempre merece la pena".

Yo tuve mucha suerte y mucho apoyo por parte de los médicos y enfermeros, a pesar del idioma, y por parte de mi familia y amigas, que no me abandonaron en ninguna parte del proceso. 

No necesité recurrir a ninguna terapia de rehabilitación, pero es importante recordar que otras personas sí las necesitan, tanto a nivel físico como psicológico, y por eso es importante invertir en tecnología y en salud, porque es invertir en vida, una vida digna.

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